Los estrenos de la escena emergente más relevantes del último mes.

Los Novios – Los novios

Una mujer y un hombre hacen canciones, se aman entre ellos y odian al mundo que los rodea.

Rodrigo Tarsitano y Virginia Lev son novios y tienen una banda que funciona como vehículo para ir de la canción melodramática al postpunk garajero. En ese recorrido encuentran la muerte como salida a una vida mediocre (“Me relaja pensar que un día me podría suicidar”), adoptan un cinismo en modo Daria (Tarada-da- da) y le ponen nostalgia a un viaje del conurbano a la ciudad (Vagón tras vagón). Con solo un EP corto, Los Novios se arman un futuro prometedor; siempre y cuando el mundo no se los lleve puestos.

Dani Ferretti – Para bien

Miembro estable del ciclo Open Folk y un debut que suena como si el verano del amor estuviese a la vuelta.

Quizás es el disco indie que mejor acompañe el alza térmica de las nuevas estaciones. Para bien, de Dani Ferretti, es un acto folktimista que se anuncia desde la simpleza de su título. Ubicado entre la americana de Whiskeytown y el folk soulero de Ben Harper, el cantautor no se enrosca y usa su fraseo amable por encima de cuerdas con slide para su mensaje universal. Plantas que florecen, amores en construcción y el sol pegando fuerte, así es el calor.

Lumens – Lumens

Quinteto de Hurlingham empuja por la borda el agite del oeste, con obsesión fractal.

Es probable que alguno de los Lumens sea dentista, tornero o alguna ocupación afín. De otra forma sería difícil comprender el porqué detrás del escándalo de riffs, delays y efectos que chocan en estéreo durante la perversa Octurno. Pero aún hay más: en Shrug, por ejemplo, el grupo aplica un lente pop a su math rock progresivo, invitando a sacudir la cabeza en un trance bucólico, y Bokeh lo sigue en un acto de esquizofrenia rítmica donde, quizás como sugería el paciente del psiquiátrico en Patch Adams, la realidad no es solo lo que uno ve.

Diego Martez – Lo perdido (Concepto cero)

Eso que podría pasar si Arcade Fire, Jorge Drexler y los Bad Seeds durmieran juntos en una carpa del altiplano norteño.

Hay algo grandioso y a la vez sutil en la forma en que Diego Vázquez Espiro (o Martez) propone su tercer disco, Lo perdido. Por un lado, es capaz de construir una épica de percusión obsesiva in crescendo (en el genial Canción al río) y al mismo tiempo se reúne con Charo Bogarín de Tonolec a rumiar en una chacarera ambiental a 3/4 (El viento al fin serás). Aunque esa polaridad en la teoría puede sonar disruptiva, es en la práctica donde aparece el triunfo: los polos se unen con firmeza entre arreglos electrónicos, cuerdas y la convicción en la voz de Martez.

Kaleema – Nómada (Tropical Twista)

Colaboradora de Chancha Vía Circuito transporta el sonido electro-latino a escala global.

Cuando estaba cerca de ser una adolescente, a Heidi Lewandowski la llevaban a ver conciertos de música electrónica mientras practicaba violín. Unos cuantos años más tarde, convertida en productora y DJ, se sumó al revue de Chancha Vía Circuito, girando por los Estados Unidos y Europa, y desde esa experiencia surge Nómada. El primer disco de Kaleema se vale de esa génesis, ubicada en la región sudamericana, pero con proyección expansiva. A lo largo de diez canciones, Lewandowski logra que todo suene orgánico, desde la percusión afrolatina entrelazada con bases EDM hasta sus ideas de jazz y hip hop.