Los platenses escalan usando la independencia como bandera, siguiendo la línea de vecinos como Bestia Bebé o El Mató a un Policía Motorizado. Van a tocar el 15 de octubre en el festival BUE.

Algún tipo de mutación está ocurriendo en La Plata desde hace mucho tiempo. Solo eso puede explicar la cantidad interminable de bandas que nacen en sus diagonales. El Estrellero es la nueva sensación del indie platense (y, por qué no, del indie nacional), y está bien que así sea.

Lautaro Barceló es uno de los contagiados por ese virus que corre, secreto, por las calles de la capital provincial. Los síntomas: componer, tocar y grabar. Por eso, durante los últimos años, formó parte de Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguetes, Orquesta de Perros, Canto el Cuerpo Eléctrico y un puñado de grupos más. En algún momento, casi de casualidad, se cruzó con Juan Irio (ex Thes Siniestros) y se encendió esa chispa que tan solo necesita un soplido para volverse fuego. Ese empujoncito se llamó El Estrellero, y esas cosas de la química desataron una combustión llamada Drama.

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Junto con Alejo Klimavicius (también parte de Fus Delei) y Gregorio Jáuregui (miembro de Muerte al Tío Cosa), dos sub-20, generaron una conjunción que viaja desde los momentos más dark de The Cure hasta el noise de The Pixies, pasando por momentos de rockabilly y culminando en Big Star, el grupo estadounidense de los años 70, como influencia fundamental.

Claro, ninguna banda quiere encasillarse, pero, de una forma u otra, Internet en general (y, en este caso, Bandcamp en particular) obligan a hacerlo. Entonces, los tags hablan y dicen: indie-powerpop-psychodelic. Y la definición es exacta.

Drama (2016) fue editado por Fuego Amigo Discos, sello independiente que de a poco ha nucleado a una serie de bandas (Mi Amigo Invencible, El Príncipe Idiota, José Unidos) que funcionan como un chicle de menta en el aliento del rock local. En esta placa, todo lo prometido se vuelve sonido: desde el ritmo tonificante y perturbador de La fórmula hasta el midtempo fatigado de Los traidores, pasando por el repiqueteo saltarín de Es mejor, todo resulta fresco, aunque también despierta esa sonrisa de lo familiar. A ciencia cierta, nadie sabe la proveniencia de la epidemia platense. Pero ojalá nunca se invente la vacuna.