Eminem debutó en Argentina como parte de la grilla del Lollapalooza 2016 y demostró que el apodo que se puso no le queda grande. Presentado por Chevrolet Onix.

Noventa y siete es la cantidad de palabras que Eminem rimó anoche en quince segundos durante el clímax de Rap God, la canción que lo llevó a ingresar al Record Guiness por ser el single con más palabras de la historia. En el minuto 4:27 de ese tema, el rapero —que formó su lírica en los suburbios de Detroit— se paró en el centro del escenario y comenzó a disparar una ráfaga de versos como si su boca fuera una ametralladora, mientras que sostenía firme el micrófono con su mano izquierda, y hacía temblar la derecha a la altura de su pecho.

Pasadas las 22, Marshall Mathers apareció con la capucha de su campera azul grisáceo puesta —y una gorra del mismo color debajo—, una remera blanca que tenía estampada la tapa del disco Illmatic de Nas y unas bermudas camufladas. “Argentinaaaaaaa”, dijo mientras se paseaba por el Main Stage 1 del Hipódromo de San Isidro —que tenía un telón de fondo con el dibujo de un radiograbador inmenso—, con la naturalidad de quien lo hace en el patio de su casa, y solo con mencionar a nuestro país, el público estalló en una euforia que le duraría toda la noche.

En una hora y media, el MC hizo que todos movieran sus cabezas, compitieran para ver quién gritaba más fuerte y corearan esas canciones que esperaban escuchar en vivo hace años. La lista de temas fue la misma que presentó la semana pasada en la edición brasilera del Lollapalooza, un repaso por los clásicos de su discografía: My Name Is, The Real Slim Shady, Stan y Without Me, entre otros y sus últimos hits: Love the Way You Lie, Not Afraid, Berzek, The Monster y The Hill, su remix de la canción de The Weekend.

Eminem parece haber bebido de la fuente de la juventud eterna. A sus 43 años mantiene su voz intacta y un estado físico envidiable, lo que le permitió correr, saltar y rapear sin parar un minuto. Incluso al final de la noche seguía con la batería al cien por ciento, como si sus pulmones fueran dos tanques de oxígeno con una reserva inagotable. Slim Shady no es ningún improvisado y no sorprendería que tenga calculado hasta la cantidad de aire que usa en cada una de sus rimas. Nada se escapa de su control. Sus diálogos con Royce da 5´9´´ —su mano derecha en el escenario—, el orden de canciones, e incluso sus movimientos al compás de la música están guionados de antemano, basta con ver alguno de sus presentaciones anteriores para comprobarlo. Si bien esto podría convertir el show en algo monótono, su talento y carisma le dan suficiente espalda como para hacerle creer a los espectadores que todo sucede de forma espontánea.

“Gracias por hacerme sentir como en casa”, dijo Eminem despidiéndose, después de terminar de enloquecer al público con Lose Yourself y veinte segundos de Fack, el tema que presentó por primera vez en vivo el sábado pasado en Brasil. Al igual que como rapea en Rap God: “Estoy empezando a sentirme como un Dios del rap y toda la gente desde el frente hasta el fondo asienten”, anoche el público argentino asintió con la cabeza y las manos en el aire. Eminem es el Dios Blanco del rap.

Foto: Facundo Gaisler