Ignacio Matías Spallatti - Ecko - pasa la cuarentena solo. Se tomó el tiempo para él, para frenar. “En 2018 llegué a tocar 10 veces por fin de semana”.

El artista reflexionó acerca de sus orígenes y la evolución de sus pasos. Desde su casa, en la cuarentena, se encuentra grabando y armando su sonido del futuro. Sobre su paso por el freestyle, reflexionó: “Es un hobbie, me lo tatué y todo, pero cuando empezó a ser un negocio y no lo disfrutaba, lo dejé. Tengo tanto amor y respeto por esa disciplina que cuando me sentí ingenuo dentro de lo que más amaba, decidí buscar otro camino”. Recientemente, Ecko volvió a lanzar un tema de freestyle junto a Iacho en sus Beatbox Sessions.

¿Qué se sintió volver al pasado con la Beatbox Session?

Con Iacho hablamos de lo bien que salió, mejor de lo que pensábamos. Yo me divertía con las palabras, de las métricas, partía las palabras a la mitad y las daba vuelta.

¿Hay una competencia entre ustedes?

Y, sin Kodigo muchos de los raperos que estamos ahora no existirían. Kodigo en el 2011 ya era el campeón y yo en el 2011 ni conocía el freestyle. Cuando entré a las competencias, él ya no competía. Ya estaba en otra, en hacer música. Cuando iba de chico al Quinto, todos admirábamos a Kodigo. En rapidez, Kodigo siempre fue metralleta. Pero en rapidez, esto de partir las palabras y más, Lit Killah es una luz con la cabeza.

¿Cuándo sentiste que estabas a la altura?

En 2013 estaba viendo en streaming la Red Bull que gana Dtoke. Ese año había descubierto el freestyle. Ese año la Red Bull se hacía en Argentina. Yo era fan de Dtoke, representaba el barrio, ponía todo en el escenario. Esa final estaba cebado, invité tres amigos y ahí dije me quiero subir a un escenario. Yo no rapeaba, no me animaba a subir al escenario.

Contanos de tu experiencia afuera

La primera vez que llego a Los Ángeles, vi que todo era más estadounidense que en Miami. Mucho rap. Llego,  y voy al estudio, donde grabó Kendrick Lamar. Estaba tirando rimas sobre una pista con un par de productores y más, y se suma un nigga y empieza a tirar sus rimas, increíble. Y me miraba como ¿Qué hace este blanquito cara de nene acá? Estaba como un boludo ahí. Después pusimos la pista y nos pusimos a rapear juntos, mano a mano. Yo en español y él en inglés. No nos entendíamos mucho, pero sí el flow. Me gané el respeto de ese chabón, me presentó a su gente. Estaban sorprendidos de cómo seguimos una cultura que nació allá.

Te gusta el freeestyle, pero la rompiste con tus canciones

Sí, es que con el freestyle tengo algo aparte. Me lo tatué. Era un hobbie. Pero cuando empezó a ser un negocio y no lo disfrutaba, lo dejé. Tengo tanto amor y tengo tanto respeto por esa disciplina que cuando me sentí ingenuo dentro de lo que más amaba, decidí buscar otro camino. Igual yo apuntaba a eso desde un principio. En el colegio me iba bien, lo terminé. A los 17 años no lo había terminado y ya estaba compitiendo por todo el país.

¿Qué hacés para evolucionar? 

Sigo escuchando artistas emergentes, también de lo viejo. Cuando viene una nueva ola, trae algo nuevo y, si no te adaptás, vas quedando en el tiempo. Con lo nuevo, Ca7riel, Paco Amoroso, pasó eso. El bata de ellos vino a felicitarnos por lo que armamos, y de eso aprendo. 

¿Qué representa para vos el reggaetón?

Amo el reggaetón. Lo disfruto mucho, es parte de mi música preferida. Mi primer disco físico de una banda fue el de Calle 13 que tenía “Atrévete”. Don Omar, fui muy fanático de Cosculluela. Me gustaba el reggaetón más sucio.