De las batallas de gallo al trap, sin escalas. Ese es el viaje que eligió Duki, uno de los tantos personajes surgidos de El Quinto Escalón. Recientemente, estrenó 'Si te sentís sola', su nuevo single.

El Quinto Escalón, nacido en 2012 en los humildes escalones de Doblas y Chaco, en el Parque Rivadavia de Buenos Aires, creció de manera exponencial y tuvo su última edición a fines del año pasado con un megaevento en el estadio Malvinas Argentinas. Pero Duki tenía claro su camino desde mucho antes: aportó lo suyo al torneo, se llevó consigo todo lo que pudo y siguió su camino.

Salté del freestyle a hacer música directamente”, define el propio Duki a Billboard, ya con el mote de “nueva sensación de trap argentino” a cuestas. Y él mismo se encarga de explicar algunas diferencias: “La diferencia clara entre el rap y el trap se da en espacio y tiempo. Se podría decir que ambos vienen del hip hop. El rap es una visión mucho más formada, más exacta y mejor dicha. Es predicar en palabras lo que uno piensa. En cambio, el trap me parece una visión mucho más futurista. Abarca una ideología, una estética, una imagen. Yo soy bastante versátil, porque encerrarte en un cuadrado no te permite crecer”, asegura.

Cuadrado era aquel ring imaginario que servía de arena para las tantas batallas que Duki supo conquistar. Y para él, su participación en ese mundo marcó un quiebre. “Si buscás mis batallas, vas a ver que no hay ningún insulto. Me meto a rapear porque a mí me gusta rapear. Cuando competía, trataba de resaltar lo mío y de hacerlo con arte. Mi don era el flow, tenía mucho flow”, recuerda.

Aunque era uno de los mejores en lo suyo, decidió dejar de batallar porque “había una onda muy oscura, muy negativa”. Sin embargo, insiste en que era parte de su plan. “Un año antes de que pasara todo esto, estaba con mi primo y mi mejor amigo, que son los que me hicieron empezar a rapear, y les dije: ‘Este año voy a ganar El Quinto Escalón, se va a hacer viral, voy a sacar un tema y tendrá 300.000 reproducciones’. Al final llegué a un millón”, señala entre risas.

Su primer tema se llama No vendo trap y apareció en la web a fines de 2016. La versión oficial en YouTube ya superó los 12 millones de reproducciones, y por si había alguna duda de sus intenciones, las dejó bien claras en uno de los versos: “Denme otro like que yo quiero subir, / sonar en iTunes y en YouTube-Hot This Week”.

En la actualidad, Duki ya es un jugador más en la industria musical. De hecho, uno de sus últimos temas, She Don’t Give a FO, un trap hecho y derecho que cuenta una historia de desamor, ya tiene más de 70 millones de reproducciones en YouTube. Entonces, ¿es un género sin techo?

“Yo conocí el trap en 2013 o 2014, con un tema de A$AP Mob, Hella Hoes –recuerda Duki–. Terminé de escucharlo y dije ‘¿Qué acabo de ver?’. Encima yo estaba empezando a rapear, me quedé impactado. Ese tema es el futuro. En Estados Unidos ya lo vieron. De hecho, los negros vacilaron tanto que ya pasaron el auge de ser la moda. Ya le facturaron todo lo que le tenían que facturar. Ya pusieron el trap de moda, se compraron todas las cadenas, los relojes, la ropa de cuero, y ahora están haciendo música solo porque les gusta”.

Una de las características más destacadas del Duki freestyler era su uso de la voz como instrumento, algo que en el trap es moneda corriente. “El género tiene una visión bastante futurista de la música, porque usa onomatopeyas, remarques y todo tipo de cosas. Cuenta con un armado estructural que la da otra visión, otra profundidad. Igual es raro, porque cada uno tiene su marca y su forma de sonar. Yo uso mucho el Auto-Tune, y para activarlo rompo la voz, para que suene especial. Trabajé bastante en el estudio para tratar de perfeccionar las modulaciones y sonar cada vez mejor”, asegura.

Otra de las ventajas de haber hecho sus primeros pasos en el freestyle es su facilidad para lo espontáneo. “Me meto a grabar en la cabina y por ahí ni siquiera escribo”, explica Duki y asegura: “Yo tengo esa magia del freestyle, me soltás un beat (base) y me tiro adentro del estudio para darle. Eso te da un entrenamiento, un fitness. A los raperos yanquis se les nota demasiado”.

Justamente, en los Estados Unidos están todos sus referentes, y uno de ellos es Travis Scott, que se transformó rápidamente en una de sus máximas inspiraciones. Durante tres meses, casi a modo de entrenamiento, Duki se fue a dormir con un show en vivo de Scott en Frankfurt, un digno ejemplo de lo que él define como “una magia increíble”.  

“Quiero llevar mis shows en vivo a otro nivel, quiero explotar la experiencia. En la política, para llevar a cabo una acción, tenés que ejercer poder. En cambio, el músico tiene 10.000 personas que lo van a ver y se paran a su disposición. Cuando pide que todos levanten las manos, lo hacen. Es reloco eso, es la energía en el momento y el feedback. Te da altura, y de repente dejás de ser un humano simple para ser uno que está controlando a miles de personas que te están mandando energía, y vos se la estás devolviendo. Es algo que va más allá, que supera todos los niveles. Es forjar una actitud, una energía, un temple”, describe Duki.

Con la escena trap argentina todavía en formación, él se permite imaginar un futuro en el exterior. Sueña con llegar a Norteamérica, usar el idioma español y también el inglés, y triunfar con su música mucho más allá de los límites del género.

Yo quiero ganar el mundial, es una realidad. Y a mí me gusta la música. Ni siquiera me considero rapero, porque para mí el rapero es un guerrero templario con una meditación zen y un temple que no tiene nadie –confiesa Duki–. Me gusta toda la música, soy melómano y no me molestaría de repente estar arriba de un beat de salsa. Cuando todo es tan repetitivo, hay que agarrarlo de atrás y hacerlo de nuevo. La mezcla te da la chispa, la explosión. Eso nuevo, auténtico y orgánico es lo que más me gusta y lo que busco: que se rompan todas las barreras”.