El referente argentino del reggae lover se prepara para celebrar su década musical el próximo sábado con un recital a beneficio.

Dread Mar I cumple diez años de carrera y lo va a celebrar el próximo sábado con un show solidario para 15 mil personas en el Planetario, del que va a extraer material para un próximo DVD. Después de este recital, Mariano Castro va a girar por todo América, con fechas que incluyen a Toronto, Montreal y ciudades de Estados Unidos. En esta entrevista, cuenta sus planes para volver a grabar en Jamaica; atribuye a la envidia las críticas que recibe y no descarta explorar en otros géneros. 

¿Por qué quisiste hacer un show gratuito? 

En 2008, cuando saqué Amor-Es, tenía ganas de hacer una movida igual, en Parque Avellaneda, pero no se pudo porque surgieron muchas trabas. Después traté de hacerlo varias veces y tampoco pude. Si no vas a tocarle la puerta a la persona indicada, no llegás. Esto funciona de esa manera y todos lo sabemos. Yo tenía ganas de tocar gratis para la gente y que esa entrada la canjeen por algo. Esta vez, al Gobierno de la Ciudad le pareció bien. Estoy feliz porque nos dieron el predio y no hay nada político en el medio. Es un show mío y va a ser gratis, no hay ninguna campaña política. 

¿Tenés proyectado volver a grabar en Jamaica?

Ya hice un tema, ahora voy por el disco. Quiero quedarme veinte días ahí grabando. Es cuestión de tirar para ese lado. Mi objetivo es ese. Ya tengo varias canciones porque estoy todo el tiempo componiendo. En lo que va de este año compuse setenta.  

¿Qué tan inspirador fue el primer viaje que hiciste?

En Jamaica me sentí como en mi barrio. Miré tanto tiempo para ese lado que conocía casi todo lo que pasaba ahí. Cuando llegué, era todo muy familiar. Yo ya sabía hasta dónde estaba el peligro. Jamaica es heavy. 

Venías de trabajar con Luciano en Argentina. ¿Cómo resultó esa experiencia?

Fue un sueño hecho realidad. Es el padre del reggae moderno. Lo escuché muchos años y terminé grabando un disco con él. Nos tocó telonearlo en una gira que hizo por acá y nos hicimos re amigos. “¿Y por qué no hacemos un disco?”, me preguntó. Cuando lo editamos, se lo llevé a Jamaica y me hizo conocer unos lugares tremendos. 

¿Viviste alguna situación peligrosa allá?

Una vez fuimos a la casa de Sizzla Kalonji, y era todo muy fuerte. Cuando empezó a bajar el sol, los que estaban con él nos empezaron a pedir plata. Nosotros les pusimos los puntos. Les dije que yo no era gringo, que yo soy argentino y que no tengo plata. Nos pedían para comprar puchos. “¿Desde cuándo un rasta fuma?”, le dije a uno. Ahí decidimos irnos. Pero después estuve en otros guetos comprando pescado y nadie nos dijo absolutamente nada. Nos trataron muy bien. La última vez que fui a grabar con Dean Fraser, nos dimos cuenta de que todos andan enfierrados. Eso fue muy fuerte. Estaba todo bien, pero de la noche a la mañana podía pasar cualquier cosa. Las cosas son fuertes en Jamaica. Si te pasás de la raya, te lo marcan enseguida.

¿Le das importancia a las críticas de tus colegas más puristas? 

¿Sabés por qué no? Porque son los que no conocen a Alton Ellis, a John Holt, a Pat Kelly, o no conocen toda la discografía de Burning Spear. Esos que dicen ser puristas no escucharon nada. Si del otro lado hubiera una persona que sabe, entonces me callo la boca y no digo nada. Pero si vos criticás y no sabés nada de la cultura reggae, no me vengas a decir nada. Por eso no presto atención. La mayoría de la gente que dice que yo no toco reggae, escucha reggae en castellano. ¿Y cuántas bandas argentinas hicieron reggae en la historia? ¿Diez? ¿Quince? Esas bandas escucharon a todos estos que te dije yo. No empezaron solos. Si te doy envidia, hacete cargo y te voy a entender.

¿Esa forma de pensar es una herencia de la cultura rock argentina?

Exactamente. En el rock pasa lo mismo. ¿Qué les vas a decir a Charly o a Fito, hermano? En todo caso, los podés envidiar. Cuando tocábamos con bandas como Los Cafres, Nonpalidece o Riddim y venían cien personas, ningún purista nos decía nada. Todo viene por la envidia. Cuando te enojás con alguien por la envidia, el enojo es con vos mismo. Por ejemplo, yo guardo un mail de un pibe que me re bardeó una vez. Me decía que yo era un careta, que no entendía nada. Le seguí contestando buena onda hasta que me empezó a tratar mejor y me ofreció juntarnos a charlar. Lo que el pibe quería era conocerme. Me envidiaba y no sabía por qué. Todo es muy efímero hoy, y hay que prestarle atención sólo a lo que te interese, si no, la vas a pasar mal. En una época de mi vida yo le pedía al señor: “Loco, yo no quiero sentir envidia, man. No me hagas sentir esto. No lo quiero”. Él único que sufre cuando uno envidia, es uno mismo. 

¿A vos ya no te pasa?

Lo tengo súper controlado. Pero vas creciendo, te comés el mundo y ves que otro se lo come más que vos, y te pasa algo. Es una cuestión de crecer. 

¿Te importa cuando se dice que hacés canciones románticas?

Me chupa un huevo. Me decís eso y te canto una de Cristian Castro en la cara.  

Vos nunca descartaste la posibilidad de probar con otros géneros. 

No, porque me encanta. Yo escucho una canción de Cristian Castro y encuentro que para cantar hay que tener técnica. Si no, no podés. Si un día Juan Gabriel me invita a grabar, yo quiero poder hacerlo. Para eso hay que laburar,  y siempre laburé de la misma manera: escuchando música y cantando arriba.

¿Haber firmado con una discográfico te quitó independencia?

Yo sé lo que es la independencia. Y también sé por qué le di una licencia a Sony. Sé todo porque lo viví desde cero. Estoy delegando una parte que no quiero hacer más porque estoy cansado. ¿Qué me sacaron? Nada, me dieron. Me ayudan. Es la verdad.