El músico y productor, con años de experiencia con el dúo Tonolec, presenta el segundo disco de su proyecto solista Nación Ekeko: 'Caminos'. Un refinado viaje sonoro y poético que borra fronteras entre raíces folklóricas y las texturas electrónicas. Canciones, ritmos y danzas para conectar con los demás frente a las distancias y el dolor del mundo actual.

En Buenos Aires, Diego Pérez juega con una melódica imaginando pulsos digitales de tierra y vientos proyectados al mundo. Así avanza Caminos, el segundo disco de Nación Ekeko, el alias y la visión solista del productor y creador (también conocido por el dúo Tonolec). Tras presentarlo hoy, jueves 27 de septiembre a las 21, en Niceto Club (Niceto Vega 5510), Pérez seguirá trazando Caminos en su misión sonora: diluir fronteras entre múltiples raíces folklóricas y la electrónica. Celebrar la unión diversa frente a quienes insisten en poner barreras a las culturas, las danzas y los cuerpos.

En Caminos, ¿Nación Ekeko halla su acción política en tiempos arduos? Pérez deja la melódica, mira los demás instrumentos que lo rodean, y dice: “Ante todo, busco romper mis propias fronteras. A la palabra ‘caminos’ la puse en oposición a ‘fronteras’. Porque todas las fronteras que vemos son convenciones arbitrarias. Lo único que existe es el camino. Todos tomamos decisiones para construir el propio, y tenemos que hacernos cargo de ello”.

Y así eligió desplegar y plasmar los diez temas de Caminos. Con colores ancestrales del Noroeste y del mundo andino marcando bits de tecno, house, cumbias dub, aires de huaynos y otros secretos. Detrás están sus sintetizadores, guitarras, ronroco y vientos junto a un set de músicos y percusiones en abierta sintonía. Así, Caminos se logra imprimir en la tierra y la memoria corporal común. “Hay un público reticente a que mezcles folklore con electrónica −sabe Pérez−. Pero también hay un malentendido desde muchos músicos de las máquinas: creen que la electrónica es un fin, cuando es solo una herramienta. Para lograr una buena alquimia hay que tener un concepto, una idea, una búsqueda. El público siempre responde mejor a eso”.

Caminos es un mapa de texturas recónditas y a la vez ultramoderno, listo para las pistas de todo el planeta. ¿Cómo conectar mejor? ¿Cómo escuchar? Una clave está en el primer tema, Adentro de la tierra. Aquí firma el, quizá, concepto central: unir lo intraterreno, la tierra y el cielo (los tres niveles de la cosmogonía andina), en su viaje de ritmos latinoamericanos, envueltos en los paisajes simbólicos que evocan los ecos, efectos y latidos digitales. Los demás temas amplían Caminos, sin barreras: Lago hermoso, El ritmo de la selva, Gente de la tierra, Deja que el agua corra, En las orillas, Vuela el ave, Beija flor y Volando iré.

“Si bien soy del Nordeste, el mundo andino me interesa hace mucho. Con Charo Bogarín en Tonolec exploramos mucho con ello. En Nación Ekeko expando mis inquietudes personales y culturales al respecto. Hablo con antropólogos, comunidades, y sobre todo escucho. A partir de eso puedo empezar a deconstruir saberes”, capta Pérez. Y en una imagen condensa varias. “Nuestra sociedad occidentalizada relaciona a la tierra con el infierno, pero en realidad la tierra es vida: de donde salen todos los alimentos para el espíritu. Se pueden romper paradigmas muy arraigados. El trabajo principal es con uno mismo”.

De las montañas y los valles al trance lúcido de las máquinas, Caminos brilla aún más con las letras, plenas de símbolos y síntesis. “La danza, el disco anterior, fue más un collage de paisajes, y después le agregué algún estribillo y estrofa. Acá fui construyendo las canciones a partir de frases mías. Es un disco más personal, y por eso logra ser más universal”. Si la clave es la integración, la fidelidad al propio sentir es avanzar sin ansiedad. “Acá voy a contramano de las expectativas del mercado hacia la electrónica. De hecho, el disco es bastante heterogéneo en bpm [pulsos por minuto]. Traté de que la canción me pidiera cómo tenía que ser contada. Armé un set para que la gente baile y se sienta desafiada”.

Claro que la escucha espera el ritual vivo para completarse. “Está bueno escuchar desde el cuerpo, no tanto desde la cabeza”, define Pérez. En Niceto habrán pasado las percusiones de Juan Pablo Francisconi, los coros de Lorena Rojas, las quenas de Nuria Martínez, las gaitas colombianas de Rocío Ortiz, el rap de Alex Heduvan, las guitarras de David Martínez, entre varios. “Además voy a usar Sonolumas, unos controladores inalámbricos que ideé yo para integrar el sonido con el movimiento, y con una puesta visual sorpresa. Todo alrededor de Caminos es muy movilizador”.