En el libro Jeff Buckley: From Hallelujah to the Last Goodbye, Dave Lory indaga sobre la vida, la personalidad y el dolor del cantante. “No imaginaba que algún día llegase el momento de contar todo", dice.

A pesar de haber lanzado un solo álbum antes de ahogarse en un río en 1997 −lanzó Grace en 1994, que incluye su icónica versión de “Hallelujah”, de Leonard Cohen−, Jeff Buckley es recordado como una de las voces protagonistas de la década de los 90. El hijo de Tim (que murió de una sobredosis de heroína cuando el pequeño Buckley tenía 8 años) cautivó a una multitud por primera vez en una cafetería de Nueva York, en East Village, en 1993. “Los grandes artistas tienen ese ‘no-sé-qué’. Pueden entrar en una habitación y la iluminan sin proponérselo. Jeff tenía un rango vocal de cinco octavas, un look a lo James Dean, una gran personaliad… y mucho dolor”, dice Dave Lory, el mánager de Buckley, que hizo pasar al cantante de la oscuridad a la prominencia mundial.

Lory presta sus palabras sobre estos tiempos por primera vez en su nuevo libro, Jeff Buckley: From Hallelujah to the Last Goodbye. Según Lory, tardó tanto en contar sobre estas épocas porque “no quería revivir todo eso”. También asegura que escucha su música hasta el día de hoy. “Rechacé muchos proyectos porque no me parecía que proponían la plataforma adecuada. No imaginaba que algún día llegase el momento de contar todo”.

En el libro, que se publicó el 29 de mayo por Post Hill Press, Lory escribe sobre un artista en conflicto que nunca anheló el éxito, pero que igualmente lo alcanzó. “Él trató a todos con respeto y amabilidad. El problema era que la gente esperaba mucho de él y él no lo podía cumplir a medida que se hacía popular”.

El recuerdo que Lory traduce indaga tanto en la historia de vida del cantante y compositor como en la relación del artista y el mánager. “De otra manera, la gente no hubiese tenido la posibilidad de ser como una mosca en la pared para ver qué sucedía a su alrededor. Las memorias también son un recordatorio de que Buckley se convirtió en una sensación en el momento en el que el pop-punk y el grunge eran protagonistas, y su sonido crudo y acústico era atípico.

Hace veintiún años, Lory recibió una llamada que le informaba que Buckley había desaparecido después de ser arrastrado por las corrientes del río Mississippi. Contrariamente a los rumores, Buckley -que estaba en medio de la grabación de su esperado segundo álbum- estaba sobrio en el momento en que se ahogó. Pero su legado permanece: “Fue increíble cómo pudo hacer que 100.000 personas se sintieran como si estuvieran en un lugar íntimo. Solo hay un Jeff Buckley“.