Nunca se fue, pero está de vuelta. El año pasado llenó varias veces La Trastienda y en noviembre sacó un nuevo álbum, Encuentro supremo, donde ratifica su estilo inconfundible. Dejó de lado sus adicciones y está muy feliz y enamorado.

Sincero, frontal, gracioso. Hablar con David Lebón siempre es una charla apasionante que va más allá de contar detalles sobre un disco nuevo. El encuentro fue pocas semanas después de que tocara en el Auditorio Belgrano. Contó lo bien que la pasó, lo contento que está con su banda y que fue el primer sorprendido al interpretar 28 canciones, cuando su repertorio suele rondar las 19. Entre esos temas, muchos pertenecen a Encuentro supremo, aunque también se permite una amplia recorrida por su carrera solista y los hits de Serú Girán.

En el inicio de la charla, confirma que tiene 64 años, “como la canción de los Beatles”. Y agrega: “Me acuerdo de que cantábamos When I’m 64 con Rinaldo Rafanelli cuando salió el disco. Hacíamos casi todos los temas de los Beatles y este nos encantaba porque era muy divertido. Nunca me imaginé tener 64. Justamente, el otro día comentaba que me encuentro en la edad de estar con Vera, Chuck y Dave [personajes de la canción de los Beatles]”.

La canción describe a gente de 64 años como viejitos muy jubilados, pero hoy es una edad donde los músicos siguen tocando con total vitalidad y energía.

Es que para nuestros padres y abuelos, era una edad para considerarse viejo. Lo que pasó con la música, empezando por los Beatles y sin olvidar a los Rolling Stones, es que cambió la mentalidad de todos los que entonces éramos chicos y ahora somos grandes con una mentalidad joven. Y estoy feliz con eso, con tener 64, ser abuelo y disfrutar del tiempo que me queda de trabajo y de vida. Quizás querría viajar un poco, y por supuesto que me gustaría tocar hasta donde pueda, pero tranquilo. Últimamente, cuento mucho que si voy a un banco a pedir un préstamo, no me lo dan por la edad. Pero Sony tuvo la grandeza de decir “Le damos un crédito eterno”, porque me brindaron lo que yo quería y me trataron bárbaro. No hubo ninguna reunión previa, nada. De pronto, me trajeron un papel y me preguntaron si quería firmar. Estuvo muy bien y apoyan mucho. Ahora vienen los shows en el Gran Rivadavia, Córdoba, Rosario y La Plata. Estoy feliz, muy contento. Y con una buena banda.

¿Cómo surgió el encuentro con Pato, que también es tu mánager actual?

Es una genia. No fue el psiquiatra el que me curó, fue ella. Yo terminaba de alejarme de Lizarazu y decidí no estar con nadie porque siempre todo termina mal y es la misma historia. Perder el corazón no es una opción. Uno no puede sufrir todo el tiempo por el amor humano. Estuve varios meses solo, con el amor puesto en la música y en los hijos. ¡Tengo siete nietos! La conocí en Rosario en un show que organizó Lito Vitale. Ella había ido con Marcela Morelo. La vi conversando con alguien, me gustó su look de Tina Turner chiquita y su forma de hablar. Le hice un gesto con el tenedor y le dije de sentarse al lado. Empezamos a salir hermosamente. Con el tiempo, ella se dio cuenta de que estaba consumiendo y me ayudó, aguantándome. Hubo noches de conversaciones y peleas fuertes, donde yo defendía a muerte lo que consumía, hasta que me di cuenta de que si seguía así iba a perder todo. Estoy más que feliz con ella, la amo y la adoro.

El disco está dedicado a Prem Rawatt. ¿Es el mismo Maharaji que conociste en los años 70 cuando tenías una banda devocional?

Sí. Me inspira mucho y hace casi 45 años que tengo el conocimiento y estoy con él. No todo el tiempo puedo meditar; no es fácil y no puedo conseguir la rutina, pero me hace muy bien y me siento muy querido por él. Hoy, justamente antes de salir, leí una cosa que me mandaron y salí muy volado. Siempre divino, como siempre. Siempre habla de lo mismo, pero en distintas formas.

¿Lo habías conocido por intermedio de Pipo Lernoud, no?

Sí. Lo que pasa es que yo vi a Santana con una foto de Sri Chinmoy y dije: “Yo también debería tener un gurú”. Y de pedo caí en el mejor lugar, con un tipo que te enseña cosas que están dentro de vos, a entrar y a salir. Una llave perfecta. Hoy decía que el hambre es una cosa natural, y cuando te agarra vas a comer. La paz debería ser igual. Con el conocimiento, lo podés lograr, y cuando tenés ganas de sentir paz, te sentás a practicar meditación.

¿Cómo te sentís como cantante y guitarrista a los 64?

Estoy cantando mejor. En una época había perdido un poco de registro porque había cometido unos errores tremendos, como el consumo y el cigarrillo, hablando sin parar y sin dormir. No se puede hacer eso y a la noche ir a cantar. ¡No podés! Es un trabajo. Si querés ser profesional, tenés que serlo completamente. Yo lo aprendí tarde, pero lo aprendí porque me gusta tocar. No sé qué haría si no tocara, porque no sé trabajar de nada y no me gusta trabajar [risas].

¿Te dan bronca las personas de tu generación que siguen enganchadas, tomando cosas?

No. El otro día estuve con el Vasco Bazterrica y me pidió que le diera una mano con el laburo. Le dije que iba a intentar conectarlo con alguien, pero luego depende de uno. El disco, la música y la salud dependen de él. Yo tuve que hacer lo mismo, con toda la vergüenza del mundo, pero no me da vergüenza decirlo: tuve que ponerme bien y limpiarme. Nunca estuve mal, pero se notaba en la cara, las ojeras y en no tanta sonrisa. Ahora es mucho más simple, me llevo mejor con todos y no me engancho en discusiones.

¿Cuáles son las diferencias entre la producción independiente y estar en una gran compañía?

He probado de todo, desde ir a España con Pappo hasta mudarme a Miami. En realidad, esto fue una producción independiente porque nosotros pagamos la grabación del disco, y después le encantó a Damián Amato y a la gente de Sony Music. Ellos ven que pueden trabajar conmigo porque soy un tipo que ya no está más en la locura. Bah, la locura sí está, porque estoy completamente loco, pero sin nada puesto encima. Entonces podemos conversar bien. En cambio, si hubiera ido en otra época, cuando tomaba cosas, no me habrían atendido. Me siento muy feliz de estar como estoy. 

Los shows del año pasado en La Trastienda siempre estaban llenos y había fans viejos y nuevos. Es un público cada vez más grande y que te quiere mucho.

Eso es lo que más me interesa. Yo siempre me consideré un clásico que la gente quiere mucho, y no un gran vendedor de discos. Hay un cambio ahora, y la gente tiene un reconocimiento a los clásicos.