Como Charo Bogarin, de Tonolec, y también como Juana Molina, la cantante de Monte Grande dibuja una silueta maleable que reúne folklore, música electrónica, hip hop y pop experimental. Su primer disco es sinónimo de mestizaje entre lo local y lo global.

“Una prueba fehaciente de que la escena del folklore digital argentino no baja el ritmo”, advierte el material de prensa de Dat García, artista perteneciente al catálogo del frondoso sello ZZK Records. Todavía hoy suena extraño definir a una música con dos palabras tan alejadas entre sí. “Folklore” y “digital” parecen conceptos de mundos diferentes, pedazos de universos contrapuestos. Y, sin embargo, Dat García los hace convivir de modo natural y espontáneo, con la fluidez de dos torrentes de información (y herramientas) que se convierten en un mismo río musical.

No es necesario hacer música en una casa de adobe en el medio de La Pampa para sentir que es folklore. Hay un montón de cosas que hacemos con una carga de tradición que no la vemos. Y son muchas de la vida cotidiana, la emoción, el sentir del pueblo”, explica García, quien gusta por igual del hip hop y de la copla, y lo deja evidenciado en su música. En ella, ambos (y muchos otros) lenguajes se cruzan en los diferentes ritmos disparados desde la computadora. El beat programado y la mezcla de registros le imprimen una mirada urbana a la tradición argentina, que en esta versión se nutre de ritmo y color. Por encima de todo ese entramado, la voz emerge con su protagonismo variable y sus diferentes intenciones.

Maleducada es el debut de Dat García, una carta de presentación con garantía del sello ZZK. Camino sobre piedras, el primer sencillo, plantea un vínculo imaginario entre Massive Attack y Mariana Baraj. A nivel sonoro, una línea vocal, una melódica, un bombo o un charango son recursos equivalentes en el planeta que habita la música de la artista bonaerense. El certificado de calidad Chancha Vía Circuito, definido por García como un “guía amoroso”, confirma las credenciales. Feliz cumpleaños muestra varias caras de una artista con vocación exploratoria. Miss Bolivia y Thalía conviven en un horizonte de referencias que mezcla pop, sabor latino, cultura urbana y trance folklórico. ¿Acaso la música no se trata de jugar a lo imposible, aunque sea en la elección de tal o cual sonido? García parece experimentarlo de esa forma, con la liviandad de quien ha puesto todo al servicio de la inspiración.