Desde hace más de 40 años que Daniel Grinbank transita al lado de la música, logrando hitos como productor de shows en todo el mundo. En charla exclusiva con Billboard Argentina, nos cuenta cómo prepara el regreso del Festival Bue después de 10 años y por qué es importante que los artistas perduren en el tiempo.

¿Te sentís un precursor en organización de festivales?

– No. Los festivales existen en otro ámbito desde hace 40 años. Cosquín, por ejemplo. Siento que el BUE puede retornar después de una década con sus características particulares; no es una franquicia ni una acción de branding como todas las que vimos. Tiene un espíritu, una dinámica, un funcionamiento y un criterio estético. Está curado por mí y tiene la idea de marcar tendencia y vanguardia. Cuando apelamos a lo clásico, lo hacemos con un nivel marcado de calidad siendo absolutamente eclécticos en sus distintas variantes musicales.

¿Qué opinás de las otras propuestas?

– Entiendo que hay un espacio para el BUE porque ningún otro que vino después cumplió ese rol. Los que hacen acciones de branding se fijan qué artistas están dando vueltas por esta zona y los ponen. Después está Lollapalooza, que tiene características propias, pero que apunta hacia otro target. Discutir su valor como festival internacional es absurdo, ya que es exitoso en todas partes del mundo. Lo mismo con Creamfields, que dentro de la electrónica es un festival importante y la edición local es una de las más fuertes.

¿Cuánto hay de gusto personal, de negocio o impacto social en el armado del BUE?

– Es un esquema fuerte de balance. Si pusiera todo lo nuevo, no nos iría bien. Los iconos garantizan cierta convocatoria. A la vez, si todo fuera superconocido, perderíamos nuestra esencia de presentar bandas que seguramente trasciendan en el futuro, como pasó con The Strokes, Kings of Leon o incluso Daft Punk, que cuando vinieron no tenían de ninguna manera la dimensión que tomaron hoy.

“Si todo fuera superconocido, perderíamos nuestra esencia de presentar bandas que seguramente trasciendan en el futuro, como pasó con The Strokes, Kings of Leon o incluso Daft Punk”.

¿Cómo elegís a los artistas?

– Con mis equipos de trabajo siempre estamos compartiendo información sobre bandas y artistas. En la época en que la información no era tan fluida como hoy, traía discos y material nuevo y se los mostraba. Siempre tuve un intercambio con los musicalizadores. Hoy surge a partir de artistas que a mí me gustan, que son viables y que coinciden en un mismo período. Por ejemplo, siempre quise traer a Wilco y nunca había podido. O, en un país que consume tanto reggae, recién este año puede venir por primera vez Toots & the Maytals. Pasa lo mismo con The Libertines, que no llegó en los ’90. Creo que la gente se va a sorprender de lo que es Charles Bradley, que no suena en las radios. En la parte latina, lo que está haciendo Bomba Estéreo es muy importante. Creo que, hablando de rock, si pongo en la misma noche a Libertines e Iggy Pop arriba del escenario, estoy logrando un fenómeno muy compatible y muy interesante.

Como empresario de medios que también sos, ¿qué pensás de los contenidos actuales en la radio?

– La Metro es la única radio que mantiene la fidelidad de la audiencia. La Rock&Pop que yo manejaba tenía más identidad musical. Kabul también. Si hoy quiero escuchar música, voy a Spotify, a las webs de las revistas musicales o a las redes. La divulgación cambió notablemente y me parece que es bueno. Desde el lado artístico es mucho más fácil lanzar un disco, aunque más difícil llegar masivamente a conformar un público, porque está todo más atomizado. Pero cuando lográs el efecto multiplicador, entrás en una escala en la que, de repente, te encontrás con un video con 300 millones de visitas, cifra impensable en otra época. Estamos frente a un gran cambio en todos los elementos de difusión, y obviamente nos tenemos que adaptar. Es más, son tan dinámicos esos cambios que dentro de dos años capaz nos planteamos algo totalmente distinto.

“La divulgación cambió notablemente y me parece que es bueno. Desde el lado artístico es mucho más fácil lanzar un disco, aunque más difícil llegar masivamente a conformar un público”.

¿Se va a regionalizar el festival?

No creo tanto en las franquicias. Sí creo que hay un modelo en cambio. De hecho, BUE significa Buenos Aires Urbano Electrónico, así que el nombre ya no sirve. Es tan ridículo como ponerle Rock in Rio a un festival en Buenos Aires. Hay nombres que tienen que ver con una cuestión, pero esto es acá. En su momento hicimos el SUE, el Santiago Urbano Electrónico en Chile. Lo que importa es el formato y que tenga en cuenta a los artistas locales. 

Vas a traer Pitchfork a la Argentina. ¿Cómo es el acuerdo?

– Es importante la alianza que desarrollamos con Pitchfork. Ellos hacen un festival que existe en Chicago y en París. Nosotros tomamos el formato que está en Primavera Sound, en Barcelona, donde tienen un escenario. No es al azar que sientan compatibilidad con el BUE siendo una revista digital tan prestigiosa. Van a transmitir vía streaming el festival en los Estados Unidos. Es su desembarco en la región.

“Hoy hay una comunicación muy directa que genera un furor muchas veces efímero, que no sé si resiste a la perdurabilidad de los grandes”.

¿Cómo analizás la convivencia entre artistas clásicos con nuevas figuras?

– Me gustaría saber cuánto van a durar los artistas nuevos que hoy tienen 100 millones de seguidores, si van a lograr la perdurabilidad de un Bowie, o de los artistas que tienen 30, 40 o 50 años de carrera. Inclusive en pop podemos hablar de Prince, Michael Jackson o Madonna. También sumo a Coldplay. Hoy hay una comunicación muy directa que genera un furor muchas veces efímero, que no sé si resiste a la perdurabilidad de los grandes.

¿Te sorprendió el éxito de Tini Stoessel?

– Confluyeron un montón de variables positivas: canta bien, baila bien y es carismática, pero los fenómenos no se explican. Todo lo que te diga para explicar por qué salió tan bien podría ser el mismo argumento para justificarme si le hubiera ido mal. El idioma, por ejemplo. Las carreras más paulatinas y de paso a paso son más analizables. Suena incorrecto políticamente, pero no le pasó a Mercedes Sosa, a Carlos Gardel, a Piazzola o a Charly García. Ella tuvo la suerte de que le ocurriera, pero el tiempo es implacable. Veremos qué pasa. A mí me tocó estar en el momento y lugar correctos. Si pudiera explicarlo, sería fantástico porque tendríamos la fórmula de Coca-Cola. A ese nivel de exigencia somos conscientes de que cuesta llegar, pero mucho más mantenerse. El salto de lo infantil a lo teenager es traumático y difícil. Ahora canta en inglés. Estamos negociando una gira europea para el año que viene.

“Tini Stoessel canta bien, baila bien y es carismática, pero los fenómenos no se explican. Todo lo que te diga para explicar por qué salió tan bien podría ser el mismo argumento para justificarme si le hubiera ido mal”.

¿Cuánta preocupación te genera la seguridad de un show?

– Yo tengo claro que puedo ocuparme de las cuestiones preventivas. De hecho, con Rolling Stones puse mucho énfasis en que sea en La Plata porque era el único lugar donde podía garantizar la seguridad frente a los problemas de las barras. Podemos tomar muchísimas medidas preventivas, pero nada impide que pueda haber incidentes. Ahora, si hay problemas aun anticipándonos, depende si hay irresponsabilidad producto de la codicia de los empresarios. Hay que diferenciar una cosa de la otra y ver si hay negligencia. Nadie está exento de tener accidentes, porque no podés hacer un análisis de cada persona que entra a un espectáculo. Es importante que la gente tenga agua y suministrarla de manera gratuita, que pueda respirar bien, que haya puestos sanitarios cerca, que las ambulancias tengan buenas salidas. Más allá de todo, recién cuando termina el show te rejalás si salió todo bien.