El grupo fundado en 1995 para interpretar clásicos como Fortunate Son y Bad Moon Rising dio un show sencillo y prolijo en el estadio porteño.

Hay bandas que tienen una esencia compartida entre todos sus miembros. Cuando falta uno, se nota demasiado, y la cosa no es igual. En otros casos, el cambio se disimula mejor, e incluso es bienvenido. Otros grupos, no obstante, parecieran concentrar la mística en una sola persona. Es casi inevitable preguntarse a cuál de estas posibilidades pertenece Creedence Clearwater Revival. Muchos dicen que la encarnación de la banda es John Fogerty, voz y principal compositor del grupo disuelto en 1972, y que actualmente mantiene los derechos del nombre. Pero a otros en el mundo, como a los miles de argentinos presentes ayer en el estadio Luna Park, no les importa demasiado, y aceptan la segunda variante, Creedence Clearwater Revisited.

Esta versión alternativa del famoso grupo se fundó en 1995, de la mano de la sección rítmica original, con Stuart Stu Cook en bajo y Doug Cosmo Clifford en batería. Completan la formación actual John Tristao en voces y guitarra rítmica, Kurt Griffey en guitarra principal y Steve Gunner en teclados y guitarra acústica. Todos ellos, según Cook, “músicos que pudieron capturar el sonido y recrear lo que trataba la música”.

Y eso fue lo que pasó en el Luna Park anoche. Versiones correctas de los clásicos del grupo original. El setlist fue un desfile de éxitos y el sonido, impecable. Tristao tiene la voz en overdrive como la de Fogerty, y un carisma rudo pero divertido. Compartiendo el rol de maestro de ceremonias con Cook, se refirió al público constantemente. Griffey, por su parte, se lució como un guitar hero. Creedence nunca tuvo uno, pero esa falta no lo hacía parecer desubicado. Gunner trajo el color de otros instrumentos presentes en las grabaciones. Cook y Clifford, además, llevaron los beats con solidez al tempo del disco. 

Estaba todo dado para que sea algo memorable, aunque parecía como si costara entrar en calor. Al sonar el arpegio de Born On The Bayou, tema que abrió el set, la gente reaccionó sobriamente, acorde a la interpretación del tema. La noche se mantuvo así, con una atmósfera de alegría, cánticos, aplausos y buena música, con versiones geniales de Suzie Q y Commotion. Poco a poco, la gente se fue parando de sus asientos.

Hasta que llegó Midnight Special, el cover del guitarrista blusero Lead Belly. El público, que llenó el palacio de los deportes, estaba suelto y listo para bailar. Bad Moon Rising terminó de acomodar los tantos, y tras Fortunate Son sonaron los bises, entre los cuales se destacaron Have You Ever Seen The Rain? y Travelin’ Band, aunque la sensación de la falta de adrenalina perduró. 

La Argentina nunca vio al tándem de John Fogerty, Tom Fogerty, Stu Cook y Doug Clifford juntos en el escenario. Nos conformamos con las dos variantes. Dicho esto, en respuesta a la pregunta inicial de dónde radica la mística de Creedence, la respuesta más satisfactoria y fácil pareciera ser que reside en las canciones. Decir otra cosa sería injusto.

Fotos: D’art, de Daniel Pep