En la edición número 17 del festival cordobés, hubo cruces de primer nivel, sentidos homenajes a Pappo y, como plato fuerte, una nutrida oferta de heavy metal nacional.

Bajo una bruma grisácea, el predio ubicado en Santa María Punilla fue poblándose desde temprano. Camino a las carpas, un convoy de jóvenes camina extático: sólo quieren rock. Entre los árboles, hojas de carpeta con inscripciones de comercios hogareños: “Se vende Fernet”, apuran los coscoínos buscándole la vuelta a la microeconomía. Al entrar, el rock and roll de Barrio Viejo, flamante conjunto del exfutbolista Daniel Osvaldo, apelotona a los primeros curiosos. “No suena tan mal”, desliza un periodista. “Muchas gracias, locos”, se despide el delantero, detrás de unas gafas enormes y un look á-la- Johnny Depp blusero.