La banda que encabeza Ivo Ferrer editó su primer LP, El poder del rayo sagrado, producido por Juanito El Cantor, una propuesta en la que priman la energía bailable y la celebración. Libertad creativa, trabajo en red, empuje desde la escena emergente, internet y el famoso pulmón como medios para llevar adelante su proyecto.

Los Tremendos se formó en 2013. Ivo Ferrer, compositor, cantante y guitarrista de la banda –también mentor de Musiquita en la cocina y miembro del sello discográfico Monqui Albino– fue invitado por Marcelo Ezquiaga para abrir su show en el ND Ateneo. Hasta ese momento, Ferrer convocaba a distintos amigos para los vivos, y le pareció que esa era una buena oportunidad para armar la banda, que hoy está conformada por Martín Rulli, Daiana Leonelli, Roma Pofcher, Nico Canedo, Lio Celaya, Pitucardi, Ángel Guardiola y Ferrer. Desde entonces grabaron su primer disco, giraron por la provincia de Buenos Aires y tocaron en lugares como el Club Cultural Konex y el Teatro Margarita Xirgu.

Todo El poder del rayo sagrado, desde las horas de estudio hasta el arte de tapa, la edición y la difusión, fue producido de manera independiente. “Suena increíble –dice Ferrer–, tuvimos que tocar durante un año y medio sin ver un peso; muchos meses de dificultad. Vendí muchas cosas para poder hacerlo. Pusimos mucho esfuerzo”.

El resultado de semejante empeño es un álbum energético y vital, dueño de una gran plasticidad a la hora de aunar distintos géneros y aires musicales: la canción y el influjo punk, el pop de teclas al frente y el rock de guitarras. Las letras apuntan directo al corazón de la cotidianeidad y a conjurar la pena y la quietud. Juanito el Cantor, productor del disco, aventura su idea sobre el sonido y el espíritu de la banda: “Los Tremendos tiene un componente muy poderoso que puede venir del punk o del hardcore, pero sin la agresividad de esa lírica. Su propuesta tiene que ver con algo amoroso, luminoso; yo les decía que para mí lo que hacen es punk hardcore feliz, con un mensaje sumamente positivo”.

El resultado de semejante empeño es un álbum energético y vital, dueño de una gran plasticidad a la hora de aunar distintos géneros y aires musicales: la canción y el influjo punk, el pop de teclas al frente y el rock de guitarras.

Respecto del modelo autogestivo con el que trabajan, Los Tremendos citan como referente a Lisandro Aristimuño. Más difícil, piensan, es establecer una influencia clara en su música. Dice Ferrer: “Mi viejo es músico, por lo tanto, desde chico que disfruto de todo esto. En una época le di mucho al punk. Después toqué con Tomi Lebrero y el Puchero Misterioso, y así con varios proyectos y amigos más. Fui flasheando con distintas cosas. Al momento de componer, cuando se cruza algo que es muy notorio como influencia, elijo ir a lo que más se relacione conmigo. Buscamos que no se parezca demasiado a nada. En la banda no hay nadie que no tenga otro proyecto con el que esté tocando continuamente. Y eso también enriquece mucho”.

“Su propuesta tiene que ver con algo amoroso, luminoso; yo les decía que para mí lo que hacen es punk hardcore feliz, con un mensaje sumamente positivo”, dice el productor Juanito El Cantor.

El mismo caso se da para la instrumentación. Los Tremendos empezaron como una formación esencialmente acústica que cambió durante el proceso de ensayo y grabación. Fue Juanito el Cantor quien le sugirió a Ferrer mudar de la guitarra criolla a la eléctrica. “La onda es ir variando –explica Ferrer–. Me aburro bastante rápido”. Además de la típica instrumentación de cuarteto rock, cuentan con acordeón, bandoneón y un trabajo coral que refuerza el ánimo que subyace a sus canciones: “Los Tremendos tiene que ver con compartir. Somos una banda con un gran sentido de grupo, hacemos una música que pasa más por el cuerpo que por cualquier otro lado”.

Son estas ideas de libertad, trabajo en equipo y vuelta a lo primal las que alimentan al grupo, que tanto por su concepción como por su música dice mucho de una época y de un cambio sugerente en los modos de entender la industria y el arte.