En el Día del Amigo, te contamos cinco ejemplos de gestos desinteresados que sirvieron para lanzar carreras, reflotarlas y hasta salvar vidas.

George Harrison y Eric Clapton
En su época con los Beatles, a George Harrison no le era nada fácil incluir sus canciones en los álbumes de la banda. Lógicamente, competía contra la dupla compositiva más prolífica de la historia. Para la grabación del Álbum Blanco (1968), su gran apuesta era While My Guitar Gently Weeps. Los Beatles la ensayaron en el estudio pero algo no funcionaba, sobre todo en la parte del solo. Cuando parecía a punto de ser descartada, Harrison apeló a su amigo Eric Clapton para evitar una nueva frustración. Lo convenció de que tocara el solo, y de esta manera, los demás Beatles no pudieron resistirse.

Mick Jagger y Peter Tosh
Cuando los Stones crearon su propio sello discográfico en 1970, llamado Rolling Stones Records, no tenían demasiadas aspiraciones. Los pocos álbumes que grabaron con esta firma estaban sustentados más por su capricho que cualquier otro motivo. Y uno de esos álbumes fue Bush Doctor, de Peter Tosh, exmiembro de The Wailers. El jamaiquino tenía una buena relación con Jagger y Richards, y ese disco lo sacó del ostracismo y lo convirtió en uno de los artistas de reggae más populares en el mundo.

Axl Rose y Sebastian Bach
El síndrome Mark Chapman no terminó con la muerte de John Lennon. El cantante Sebastian Bach evitó que su amigo Axl Rose muriera acuchillado por un fan el 14 de febrero de 2010. El exfrontman de Skid Row acompañaba a Rose en un concierto exclusivo para 150 personas en el Rose Bar de New York cuando divisó a una persona con una navaja que se dirigía hacia el líder de los Guns N’ Roses. Fue entonces cuando Bach se abalanzó sobre el agresor e intentó reducirlo. El personal de seguridad entró en acción y retiró al hombre del lugar. No vaya a ser que en San Valentín haya un corazón roto…

Paul McCartney y Jimi Hendrix
El festival de Monterey de 1967 tuvo momentos memorables: las cuatro horas de Ravi Shankar, la gran aparición de Janis Joplin y el demoledor show de los Who. Sin embargo, nadie puede olvidar a Jimi Hendrix prendiendo fuego su Stratocaster. Ese momento icónico sucedió en gran parte gracias a Paul McCartney, quien llamó a los organizadores del festival para recomendar especialmente al guitarrista, que apenas era conocido en Estados Unidos. Esa actuación colocó a Hendrix en el centro de las miradas.

Lou Reed y David Bowie
Luego de imponer una estética urbana y oscura con The Velvet Underground, Lou Reed tuvo que volver a trabajar en la empresa de su padre hasta que logró un contrato discográfico. Su debut como solista fue un fracaso, lo que lo llevó de vuelta al ostracismo. Hasta que lo rescató David Bowie, quien con ayuda de Mick Ronson, le produjo Transformer (1972), una obra maestra, con temas como Perfect Day y Walk on the Wild Side, que hizo muy popular a Reed, sobre todo en suelo británico. Es en Satellite of Love donde Reed agradece la ayuda de Bowie. “David es increíble en los coros. Y lo amé en las notas altas del final de la canción. Solo él podría hacerlo. Es genial”, dijo en un documental sobre Transformer.