La cantante protagonizó el show de medio tiempo con un despliegue escénico formidable y una performance a la altura de su catálogo pop.

Con casi una década de carrera, Lady Gaga ha lucido muchas personalidades: la glamorosa “Poker Face” con la que llegó a la fama, “Mother Monster” con su vestido de carne o la despojada cantante blusera “Joanne”. Pero para su debut en el show de medio tiempo del SuperBowl LI el sábado, Gaga fue simplemente ella misma.

La cantante (nacida Stefani Germanotta) empezó en el techo con un juego de luces patrióticos que pintaban una constelación color rojo, azul y blanco, mientras ella cantaba This Land Is Your Land de Woodie Guthrie. También recitó una parte del juramento a la bandera. Un saludo adecuado a Estados Unidos en el escenario más grande del país, que se encuentra en medio de protestas incitadas por la orden ejecutiva de inmigración emitida por el presidente Donald Trump.

Vestida en una traje resplandeciente azul y plateado, Gaga recorrió a saltos su complejo escenario con forma de media estrella mientras un ejército de fans la alentaba. Abrió el show encima de un pilar elevado y desde ahí levitó hacia el suelo cantando las canciones más alegres y divertidas de su catálogo, como Edge of Glory, Poker Face y el himno universal Born This Way. Había antenas, teclados-guitarra, y un montón de gesticulaciones angulares y rutinas de baile con coreografía un poco extraña. Siguió sola a cantar Telephone y su hit nostálgico Just Dance, dejando a pocos invitados sentados.

“¿Quieren sentirse bien con nosotros?,” le preguntó Gaga a Houston en medio de un estruendo de ovaciones. El segmento más iluminador de su show llegó con Million Reasons, la balada rompe-corazones de su quinto álbum de estudio, Joanne. Previo a la canción, una indicación apareció en la megapantalla pidiéndole a la audiencia a usar la luz de sus celulares cuando el mensaje “¡Ahora! ¡Luces!” aparecía en el monitor. A pesar del mensaje de la canción sobre la angustia, Gaga tocó el piano y cantó como si fuera la última de su vida.

Para el gran final de Bad Romance, las manos estaban alzadas mientras Gaga y un equipo de bailarines vestidos de blanco saltaban por el escenario. Los fans que estaban al lado del escenario agitaban varas de luces en una coreografía sincronizada, convirtiendo a Gaga en la comandante del ejército de bailarines. Y al terminar el espectáculo, estalló un show de fuegos artificiales. Con tres cambios de vestuario, Gaga demostró su versatilidad sobre el escenario, y el show será recordado como una de las mejores demostraciones de por qué su legado musical es intocable.