Batucada, cuerdas sintetizadas y espíritu renacentista se mezclan en uno de los proyectos más inclasificables del indie porteño. Con nombre de barrio y estética retrofuturista, Coghlan es una puerta abierta al costado más imaginativo de ese pop que reniega del pop.

Cuando se enteró de que Animal Collective iba a tocar en la Argentina y encima lo haría celebrando diez años de Sung Tongs, Eugenio García Carlés no lo dudó ni un segundo. Salió a copar las redes (Facebook en particular) con una petición bien directa: abrir el show. Lamentablemente, el lobby explícito y el consenso de buena parte de los allegados que pedían por su nombre no dieron sus frutos. El hombre detrás de Coghlan se quedó en la puerta de cumplir un sueño, con la convicción de que hubiera sido un acto de justicia estética. Casi como un Ricardo Centurión a punto de tuitear “Qué ganas de pisarla y encarar” en plena decadencia argentina en el Mundial de Rusia. Solo que para Carlés no hay otro Messi que Panda Bear. Y es en esa misma genealogía artística donde las raíces de su proyecto se nutren de una visión de la música tan colorida como desenfrenada.

“Qué ganas de ser El Guincho argentino”, publicó el músico a principios de noviembre. Ese deseo público tiene mucho que ver con el espíritu de un artista evidentemente inquieto a la hora de componer, pero también al momento de moverse con pulso contemporáneo a través de las redes. La música y las palabras son parte de un mismo discurso, una suerte de happening digital en el que Coghlan es un personaje en permanente evolución. “Intensidad”, entonces, sería un buen sustantivo para describir al menos superficialmente lo que generan las canciones de Bolero Midi, álbum debut del proyecto (que además acaba de editar dos nuevos tracks). Escucharlo con atención es un pasaje de ida a otra parte, a otra cosa. Línea directa a un mundo imaginario atravesado por el pop más multiforme (y delicado) que se pueda pensar.

Aun así, el carácter lúdico de Coghlan se impone incluso a su costado más experimental. Su música es divertida antes que hermética, psicotrópica antes que delirante, movediza antes que estática. “Agronomía”, el track que abre Bolero Midi, es el mejor homenaje que se le pueda hacer a una de las zonas más verdes de la ciudad de Buenos Aires. Obviamente, ese costumbrismo actualizado al ecosistema digital es parte central de la estética del proyecto, que toma su nombre del barrio ferroviario ubicado hacia el extremo norte de la ciudad de Buenos Aires. Caminar por esas calles con “Cisternas” o el frenetismo beat de “Excursionistas” es una invitación a entregarse al paisaje visual y sonoro. “Contestación de demanda” o “Distinto”, junto a Antuantu (también colega del sello Yolanda Discos), condensan esa experiencia de pícnic de estímulos al aire libre. Carlés es consciente de su carácter único y juega con eso a su favor. No le importa hacer concesiones, solo quiere que su música llegue a lugares nunca antes visitados.