Cómo se compone CNCO, la boyband latina que no detiene su crecimiento de la mano de Ricky Martin.

Richard Camacho, de CNCO, estaba haciendo malabares entre cuatro trabajos en New Hampshire, con una cuenta bancaria que “no iba para atrás ni para adelante”, cuando ganó un concurso en el reality show La banda, en diciembre de 2015, con su quinteto latino CNCO. Al año, el músico de 21 años y sus compañeros (Joel Pimentel, de 21; Christopher Vélez, de 22; Zabdiel De Jesús, de 20; y Erick Brian Colón, de 17) abrieron el internacional One World Tour de Ricky Martin y aterrizaron en el N° 1 del chart de álbumes latinos de Billboard con su debut Primera cita. “No puedo creerlo –dice Camacho, con pelo teñido de rubio y camisa de jean abierta, revelando un tatuaje de dos alas en su pecho, sentado con los otros miembros de CNCO en los cuarteles de Sony Music Latin en Miami–. Nunca vi tanta plata en mi cuenta. Tan pronto como tenga el primer depósito, se lo mandaré a mi familia para que se mude [a Miami]”.

A tres décadas de que Menudo abriera el camino para las bandas de muchachos latinos, pocos grupos llenaron el espacio hasta la llegada de CNCO, cuyo mánager es el ex-Menudo Ricky Martin y que pertenece al sello Música, un emprendimiento de Simon Cowell (de SYCO), Sony y Haim Saban. Mientras boy bands de la generación Z como PrettyMuch (otro producto de Cowell) y Why Don’t We ganaron espacio dentro de los Estados Unidos, CNCO (un juego de palabras con “Cinco”) alcanzó fama internacional desde su formación dos años atrás, habiendo gambeteado la habitual trampa de los programas televisivos debido a su atractivo multicultural y bilingüe, y un sonido anclado en el reggaetón.

El 6 de abril CNCO lanzó su segundo álbum, homónimo, una colección de tracks mayormente melódicos con beats de reggaetón y ricas armonías vocales de R&B. El single principal, “Mamita”, cuyo video tiene más de cien millones de visitas en YouTube y modela al grupo como una versión latina de One Direction, ya está testeando esa fórmula con un remix de la estrella brasileña Luan Santana, y una canción remodelada para la cantante sueca Zara Larsson está en camino. Alex Gallardo, vicepresidente de Sony Music para Latin/Iberia, dice: “Cuando sugerimos que esta fuera una banda de reggaetón, tuvimos nuestros detractores. Es un género callejero, y una banda de muchachos es algo ajena a ese fenómeno. Hemos sido muy cuidadosos con las letras, con el mensaje. Se ha conectado muy bien con los más jóvenes”.

Lo que ahora funciona es el pop urbano –afirma Vélez–. Nos guía lo que está de moda, pero nos gustan las baladas, el pop rock, el merengue. No queremos que se nos encasille en un género, sino ser versátiles”. Camacho se mete en la conversación: “Tenemos nuestro voto en las conversaciones [con el sello]. En los viejos tiempos, las bandas de muchachos estaban muy estructuradas”.

Esta maleabilidad explica por qué el grupo atrajo a tantas audiencias. El hecho de que cada miembro tenga diferentes raíces (dominicanas, cubanas, boricuas, mexicanas, ecuatorianas) y variados estilos, incluso acentos, expandió su atractivo más allá de Latinoamérica. Cada uno cuenta con millones de seguidores en Instagram y su propia estética, desde la vibra reposada de Vélez hasta el afable De Jesús y el look más hípster de Pimentel y Colón.

A pesar de que llevan ya tres años disfrutando del éxito de CNCO, todavía los sorprende la reacción al grupo. “Nunca imaginé que iba a estar en una boy band –admite Camacho–. Mi hermano era seguidor de One Direction, mientras que a mí me gustaba más la onda de Chris Brown, Usher, ese estilo. No pensé que esto iba a funcionar, así que estuve todo el tiempo confundido, hasta que entendí que hay un montón de trabajo tras esto, un montón de dedicación y horas sin dormir”. “Me gusta –dice Colón mirando a sus compañeros–. Está bueno compartir este sueño con cuatro hermanos”.