A diez años de su último tour y seis de su último álbum –ya completamente alejada de The Voice (“No es un programa sobre música”)– trabaja con Kanye, Demi y otros para un regreso que ella define como el Stripped de esta era feminista.

Minutos antes de que Christina Aguilera descienda la escalera de la mansión estilo mediterráneo que la dejará en el estudio de grabación de planta baja donde espero, su asistenta viene en puntas de pie a arreglar la habitación. Cuidadosamente, deja una taza de té helado sobre la mesa, junto a pastillas para la tos y una pequeña colección de cristales. Después, atenúa las luces. Afuera es una tarde brillante en Beverly Hills, pero acá está oscuro como una tumba. Gracias a la luz de una vela observo una copia encuadrada de la tapa que hizo desnuda para Maxim, en 2003, junto a la sala de grabación.

“Me gusta crear una buena atmósfera”, dice Aguilera cuando se materializa. Viste unas calzas Adidas negras, un suéter negro Balenciaga y unas sandalias Balenciaga pequeñitas. Se recuesta en un amplio sillón y explica: “No soy una chica amante del sol”.

Afortunadamente para Aguilera, ha estado trabajando aquí por las noches. Ya alejada de The Voice, una “agotadora rueda de hámster” donde pasó buena parte de su vida entre 2011 y 2016 como entrenadora, la joven de 37 años se prepara para lanzar su primer disco en seis años. Es un set de 11 canciones titulado Liberation, y se orienta más hacia el R&B y el hip hop que sus previos trabajos. Ty Dolla $ign y 2 Chainz aparecen en el disco, Anderson.Paak trabajó en dos tracks y Kanye West produjo otros dos, incluyendo “Maria”, una pieza intrincadamente orquestada que incluye un sampler de Michael Jackson y una prolongada introducción en la que Aguilera canta The Sound of Music.

“Para mí, no hay nada como un sorprendente beat de hip hop”, dice Aguilera tomando un sorbo de té. Aunque acusaciones de apropiación cultural malograron a más de una estrella pop en años recientes, Aguilera –cuyo nuevo álbum incluye un dúo con Demi Lovato y una canción escrita con Julia Michaels– tiene confianza en su material, mucho del cual coescribió. “Al final del día soy una cantante soul –dice–. Cuando quitás las palabras ‘estrella pop’ y las cosas que hice, mi corazón y mis raíces se perciben en el canto conmovedor. Es lo que me inspira”.

Se ríe y hace gestos alrededor del estudio, señalando con unas uñas perfectamente arregladas fotos enmarcadas de Etta James, Nina Simone y Sarah Vaughan. Colgado en el lavatorio cercano, hay un retrato de 2Pac sin camisa. Aguilera ríe un montón. Dado su indisputable estatus de diva y su aversión a la luz solar, esperaba que ella fuera más reservada o distante, pero es una mujer cálida –toquetona, incluso–. Más de una vez me tomó del brazo mientras hablaba.

Los éxitos más recientes de Aguilera fueron colaboraciones, y decididamente pop. Se unió a A Great Big World en “Say Something”, una superbalada de piano que alcanzó el cuarto puesto del Billboard Hot 100 en 2013, y a Maroon 5 para el masivo “Moves Like Jagger”, que alcanzó el N° 1 en 2011. Y sus últimos dos álbumes, el experimento electro Bionic, de 2010, y el baladístico Lotus, de 2012, no fueron exactamente provocadores.

Pero el regreso de este año –que incluirá su primer tour en una década, una eternidad para una estrella de su calibre– clama por la clase de aspereza y crudeza que según Aguilera solo el R&B y el hip hop pueden dar. Y no solo porque en su ausencia esos géneros dominaron los charts. Tras cinco años dedicados a la “chupadora de energía” que fue The Voice, dice ella, “estaba anhelando la libertad”. Al llegar a su casa de regreso del set, recuerda que se “sacaba todo el maquillaje y ponía a todo volumen hip hop, Nirvana, ‘Creep’, Slayer”. “Cualquier cosa que me sacara de esa zona, de ese modo televisión”, cuenta.

El último álbum de Aguilera fue el menos vendido, pero ella no está preocupada por dominar los charts. En el pasado, dice, fue muy infeliz incluso en los momentos de mayor éxito en su carrera. Y en cuanto a medirse respecto a sus cumbres comerciales, “Bueno, no puedo hacerme eso a mí misma”, agrega.

Especialmente ahora, con “tantas marchas y gente que dice sus opiniones por primera vez”, Aguilera cree que el público podrá simpatizar con una mujer que se encuentra “sofocada y restringida”, y que de golpe se pregunta “¿Qué pasó aquí? Necesito estar despierta por un minuto”. Christina compara este momento de su carrera con 2002, cuando estaba a punto de lanzar Stripped y cuando cambiaba su imagen edulcorada por beats, pantalones de cowboy y tops. Por entonces, recuerda, “Me sentía superligada al sello y confinada a ser comercialmente exitosa. Y aunque por fuera me veía muy bien, soy tan honesta que si no estoy feliz con algo, no puedo seguir haciéndolo”.

Famosa por sus elaborados peinados y maquillajes (por ejemplo, sus mechones rubios y negros al inicio de su carrera), hoy lleva su pelo rubio platinado arreglado atrás en un rodete, con un leve toque de maquillaje en los labios. La referencia es una sagaz movida de la cantante: la era Stripped parece aquella por la cual la generación Instagram es más nostálgica. En el Halloween de 2016, Kylie Jenner compartió fotos y videos vestida como Aguilera en el video de “Dirrty”, con pantalones de cowboy y un arito en los labios. Uno de esos videos resultó el más visto ese año en Instagram (Jenner tenía cinco años en 2002).

Aguilera quedó tan conmovida por el gesto que invitó a Jenner a su fiesta de cumpleaños aquel diciembre. “Le dije ‘Tenés que venir vestida como en los videos’”, recuerda la cantante. El concepto de la fiesta era “vestirse como tu chico interior”, agrega. “Así que deduje que la chica interior de Kylie era bastante provocadora. ¡Pero me encanta! Porque ella habla mi lenguaje”.

Aguilera es expresiva y relajada, me incluye en la conversación y se refiere a ella misma como “chica”. Además de definirse como una “chica honesta”, también se cataloga como “una chica de remera con mensaje”, una “chica amigable” y, por supuesto, una “chica de chicas”. Después de charlar un rato en su estudio –perdón, su “cueva de chica”–, decide que es el momento de hacer un viaje.

La mejor manera de evaluar su nuevo álbum, dice, es escucharlo en el auto. Así que llamamos a su asistente, quien llama al chofer, quien nos traslada rápidamente a un enorme y negro Escalade, con los vidrios polarizados. Adentro hay un balde de hielo que contiene vodka Tito y vino blanco, si bien Christina se abstiene de beber porque, aunque adentro está oscuro, afuera son recién las tres de la tarde.

Mientras buscamos la autopista y pasamos mansiones, apenas puedo ver lo que hay tras las ventanillas. Le pregunto a Aguilera si tiene amigos entre sus vecinos. Ella agarra mi mano y cierra los ojos. “Algunos”, dice, pero otros le recuerdan a la señora Kravitz de Hechizada, mirando bajo las cortinas y preguntando –baja su voz a un suspiro de bruja– “¿Qué está haciendo ahora?”. A la cantante le cae bien DJ Khaled, que vive una calle arriba. “Suele andar por el barrio con su carrito de golf”, dice.

También está Kendall Jenner, que pronto se mudará al barrio. “Fui a la fiesta de Navidad de los Kardashian y cuando la madre nos presentó pensé ‘¡Somos vecinos!’ –dice mientras juguetea con el sistema de sonido–. Y también pensé ‘Sí, tengo aliados’”. Quizás, a los curiosos vecinos de Aguilera les molesta la música fuerte. Cuando el chofer saca el Escalade del barrio cerrado, ella introduce el CD (no confía en otros formatos de audio) y pone “Accelerate”. Es una ruidosa canción de club, con participaciones de Ty Dolla $ign y 2 Chainz. Por un momento, a Aguilera le preocupa que puedan reventar los parlantes, pero después sube el volumen aún más alto.

“Adoro la parte de 2 Chainz”, dice cerrando los ojos y sacudiendo un poco la cabeza al ritmo del beat. En el último estruendoso estribillo, la cantante agarra un bloc y hace una serie de anotaciones en letra cursiva. “Necesito reforzar algunos sonidos de sintetizador –explica–. Están un poco en retirada, muy débiles”.

Kanye West produjo el track. Los dos se reunieron en los estudios Shangri La de Rick Rubin en Malibú, California, unos meses antes de que West lanzara The Life of Pablo, en 2016. Kanye le hizo escuchar su álbum y hablaron “una eternidad”. También trabajaron en “Maria”, que para Aguilera es la mejor canción de Liberation. Después dejaron de verse cuando West salió de gira con Pablo. “Surgieron algunas cosas personales…”, dice Aguilera, aludiendo a la hospitalización de West por agotamiento, a fines de 2016.

Menos de dos semanas después de nuestra conversación, West sacaba de quicio a Internet al tuitear sobre, entre otras cosas, su “hermano” Donald Trump. Pero hoy Aguilera habla con reverencia sobre él. “Siempre fui una gran fan de Kanye –dice abriendo sus grandes ojos azules–. Sacando sus, ya sabés, aspectos controvertidos, pienso que es un gran artista, músico y creador de beats. Los artistas que eligen distintas facetas de la vida son siempre interesantes”.

El “sabor a R&B y hip hop” de Liberation refleja los “gustos personales” de Aguilera, confirma Keith Naftaly, jefe de la división artistas y repertorio de RCA, sello de la cantante. “Le encantan los beats duros, urgentes”, dice. Aun así, los fans pueden estar tranquilos de que Christina Aguilera incluirá también un poderoso himno: “Fall in Line”, su dúo con Lovato. Las dos se exigen al máximo (“Llevo fuego en las venas / y no fui hecha para obedecer las reglas), y en línea con la renovación de Aguilera, la introducción, “Dreamers”, presenta a un grupo de jóvenes cantantes que declaran sus metas, como “Quiero ser periodista”, “Quiero ser oída”, “Quiero ser presidenta”.

Lovato acredita a Aguilera como una gran influencia. “Siempre seguí a Christina –cuenta–. Recuerdo estar en sus conciertos y cantar mirando a la audiencia en lugar del escenario, sabiendo que eso era lo que quería hacer en mi vida”. Para Lovato, la herencia de Aguilera va más allá de los pantalones de cuero y su coaching de competidores en un reality show. “Christina habla sobre lo que cree y envía mensajes positivos –explica Lovato–. Son dos cosas que encuentro extremadamente importantes para hacer desde nuestra afortunada posición”.

Aguilera no había unido fuerzas con otra cantante femenina desde “Lady Marmalade”, de 2001, que tenía colaboraciones de Lil Kim, Mya y Pink. Después Pink dijo que un desacuerdo durante la grabación generó una disputa entre ella y Aguilera, pero en 2017 tuiteó que las dos habían hecho las paces. Aguilera, por su parte, dice: “Yo siempre aprecié a las mujeres y odié lo que hace este negocio para enfrentarnos mutuamente”. Y también explica que la alegró la aparición de Pink en The Voice, en 2016. “Estaba tan excitada; hasta ella pensaba ‘¿Por qué está tan excitada de verme?’ –recuerda Aguilera–. Yo decía ‘¡Otra mujer! ¡Hay otra vagina en el estudio!’”.

 

Cuando le pregunto a Aguilera si alguna vez regresaría a The Voice, ella hace una mueca con su cara de porcelana y dice que preferiría discutir “cosas positivas”. Aun así, no puede evitar escarbar en las cosas que no funcionaban en el show, que eran un montón. “Se convirtió en algo que no era lo que había convenido hacer en la primera temporada –dice–. Te dabas cuenta de que la música no tenía lugar. Era sobre hacer buenos momentos de TV y facturar una buena historia”.

“No entré a este negocio para ser anfitriona de un show de televisión y recibir todas esas reglas –continúa–. Especialmente como mujer: no podés vestir esto, no podés decir lo otro. Me encontré allí tratando desesperadamente de expresarme a través de mi ropa, mi pelo o mi maquillaje. Fue mi única salida”.

Hoy, Aguilera está más excitada respecto de su carrera de lo que ha estado en años. Planea un álbum latino, actuaciones en cine, “incluso, quizás, un show en Broadway”. Y hay algo que da vueltas en su cabeza: las giras. Este será el primer tour que hará como madre. La cantante tiene un hijo (Max, de diez años) con su exmarido, Jordan Bratman, y una hija (Summer Rain, de tres) con su novio, Matthew Rutler. “Las giras me preocupan porque ante todo soy una madre –admite–. Es una de las razones por las que acepté ese rol (en The Voice). Es fácil estar cómoda en un solo lugar y no tener que andar llevando a tus hijos por todos lados. Estuve poniéndome en segundo lugar. Tarde o temprano tenía que pasar. Estoy buscando alguna solución para así poder mostrarles a mis hijos lo que su madre hace”.

Aguilera conoció a Rutler, un ejecutivo de la plataforma de educación on-line MasterClass, durante su trabajo en el set del musical Burlesque, de 2010. Él era asistente de producción; y ella, estrella del show. Se comprometieron en 2014, pero aún no se casaron (Aguilera lleva una docena de anillos, incluido uno de plata que dice “Fuck”, pero sin diamante tradicional). Embarcarse en un segundo matrimonio, dice, no es por ahora una de sus prioridades. Pero disfruta de la vida familiar.

“No existe mayor excitación que cuando estoy en un escenario, en conexión con mi voz, mi corazón y mi alma –explica–. Pero al final [de la performance] solo quiero sacarme toda la ropa, ponerme unos joggings, jugar con mis chicos y tener alguien que me abrace”.

Últimamente, desde luego, esa vida doméstica incluyó varios viajes en la parte de atrás del Escalade, escuchando sus canciones nuevas una y otra vez. Le gustaría manejar, el problema es que no sabe cómo. “Ya sé”, se ríe por lo absurdo del tema. Cuando tuvo edad de obtener una licencia, se mudó a Los Ángeles para cerrar un contrato discográfico, y la idea de manejar allí, con tanta agresividad al volante, la asustó. Para cuando lanzó su disco debut, en 1999, contratar a un chofer no era un problema: el disco debutó en el N° 1 del Billboard 200, llegando a vender 8,3 millones de copias en los Estados Unidos, según Nielsen Music, aparte de arrojar cuatro singles top 5 en el Billboard Hot 100, tres de ellos en el N° 1.

En los 20 años que pasaron desde entonces, un montón de cosas cambiaron en la música. Aparte de las preferencias de Aguilera, el streaming reemplazó a los CD, y otras estrellas femeninas encontraron gran éxito, tuvieron que reinventarse o, bueno, pasaron por las pantallas de The Voice o American Idol. Otras cosas han mejorado. Es difícil imaginar ahora a Eminem siendo sobreseído por su ataque sexual a una mujer de 19 años, hecho que ocurrió en 2000, o apuntándole a Christina Aguilera en “The Real Slim Shady”. Cuando le digo que no puedo creer lo que ocurrió, ella dice “Sí, absolutamente. Las cosas cambiaron un montón. Lo bueno es qué atrevida fui entonces al escribir ‘Can’t Hold Us Down’”, afirma sobre su himno de empoderamiento femenino de Stripped. “Avanzamos a un paso lento, pero seguro”, agrega. De hecho, después de tantos años este parece ser su momento.

El chofer de Aguilera nos devuelve a la autopista y ella aprieta mi mano. “Escribí buenas cosas sobre mí”, me dice antes de salir del Escalade, dirigiéndose luego a su casa a esperar a que caiga el sol.