Francisca Gil protagoniza uno de los proyectos más intrigantes del indie porteño. Con especial énfasis en su faceta como cantante, el EP debut de la artista condensa un universo musical que contagia e hipnotiza desde el ritmo.

La lista de canciones del primer lanzamiento de Chita es ilustrativa en términos de paridad lingüística. Dos tracks en inglés y otros dos en castellano ofician de estreno de su carrera y muestran una paleta estilística en la que lo global y lo local se dan la mano. En efecto, luego de una estadía londinense de casi dos años, la joven Francisca Gil volvió a Buenos Aires en noviembre de 2017 y se encontró con una escena musical renovada, que daba pie a pensar en un proyecto artístico como forma de vida. Así, en ese contexto, Chita empezó a ser una realidad en la que el bagaje jazzero de la artista se fundió con una mirada renovada de la música negra y una impronta pop incuestionable.

“Algo más” es la primera canción del EP homónimo de Chita, y desde su comienzo el plan queda más que claro. Un acorde sostenido de teclado inicia el recorrido cálido y pausado de una pieza autorreferencial que pone en primer plano a la voz de Gil. Siempre cuidando ese caudal tan sensible como intrigante, las guitarras y los teclados aportan color y armonía a un experimento neo-soul labrado con sintonía fina, capaz de vestir a esta chica de 21 años como si fuera una cantante con décadas de experiencia. Algo que se repite en “Bring Me Down”, donde Chita interpreta con espíritu negro y una impronta felina que confirman un seudónimo artístico bien elegido. Como una elegante pantera negra que se desplaza con sigilo entre la selva, la vocalista logra cantar y contar a partir de una impostación sedosa que se escurre sobre una base que mezcla reggae, dub y mucha sensualidad.

“Piel” y “Take It Slow” redondean un viaje musical de apenas 15 minutos, pero con la capacidad de calar hondo en quien escuche buscando una experiencia. Buena parte de esa sensación la generan los instrumentistas, todo un seleccionado de la escena emergente a nivel nacional: Guille Salort en batería, León Peirone en guitarra, Francisco Azorai en teclados y sintetizadores, y Laucha Gómez en bajo. Tocadas por ellos, las composiciones de Chita invitan a relajarse y disfrutar, a parar por un rato y dejar de lado la vorágine diaria. La mezcla a cargo de Nico Cotton no hace más que reforzar ese semblante. Todo contribuye a un mismo plan sensorial en el que la música es, ante todo, un lenguaje capaz de contar historias y generar sensaciones aun desde su abstracción. En apenas su primer lanzamiento, Chita parece haber entendido todo.