Un tema suyo sonó en "Breaking Bad" y las puertas del mundo se le abrieron a Pedro Canale, recientemente nombrado como uno de los diez artistas emergentes de Latinoamérica.

A los 11, Pedro Canale ya tocaba en una banda que armó junto a sus compañeritos de escuela en Adrogué con instrumentos “robados” a sus hermanos mayores. “Carma” se llamaba, por “Carlos y Manuel”, en honor a dos de ellos que eran los que les enseñaron los primeros acordes. “Cuando pude armonizar con la guitarra, me voló la cabeza, y ahí me di cuenta de que definitivamente me quería dedicar a esto –confiesa–. Con eso convencí a mi vieja para que me comprara un bajo, y me regaló uno usado”. Más de 20 años transcurrieron desde ese momento hasta hoy, que lo encuentra convertido en Chancha Vía Circuito, un tren musical humilde pero ultrapoderoso que aspira a no detenerse jamás.

Con su propuesta caleidoscópica en la que se entremezclan cumbias, folklores, cantos y ritmos electrónicos, conquistó al público local en poco tiempo. Cuando en 2010 los productores de Breaking Bad usaron un tema para musicalizar uno de los últimos capítulos, traspasó las fronteras y convenció a miles de que la música latinoamericana es mucho más que solo salsa. Así, Chancha Vía Circuito plantó bandera en países de todo el mundo, como Polonia, Francia, Alemania y Rusia, siendo un referente vanguardista de la escena indie argentina. Por eso despertó la fascinación de varios medios anglosajones e iberoamericanos. De ahí que Gilles Peterson (BBC) nominó su último disco como uno de los mejores de 2014 y Billboard Magazine lo incluyó como uno de los diez mejores artistas emergentes que están haciendo de las suyas desde Sudamérica hasta España. Recientemente salió un álbum con remixes de sus canciones realizados por otros artistas como Frikstylers, Tremor, King Coya y El Remolón, y, a fines de junio, se fue otra vez a Europa.

Tu primer trabajo, Rodante (2008), tiene una potencia vivaz que invita al baile, mientras que Río arriba (2010) y Amansará (2014) son más para contemplarlos, ¿qué es lo que más te interesa producir?

– Me encanta cuando la gente llega con ganas de mover el cuerpo y esa energía se traslada a la pista. Si puedo generar ese espacio, estoy feliz. Disfruto más ese tipo de público que el pasivo. Igualmente no dejo de experimentar. En febrero, cuando tocamos en el auditorio del Malba, también me gustó porque no tenía la presión de hacer a la gente bailar. Me relajó, pude fluir con otra naturalidad.

¿Cómo es la respuesta del público en otros países donde no están acostumbrados a la música latinoamericana?

– La reciben muy bien. Entienden que se baila y están predispuestos a eso. Trascendió los límites como género y está instalada. Ese fue el gran logro del colectivo con el que trabajaba, ZZK. Sembró la semilla de la curiosidad en ámbitos diferentes y así fue posible construir el piso en el cual nos movemos. Se abrió el panorama, pudimos entrar y mostrar algo distinto.

El que tu música combine varios estilos te diferencia de otros artistas a los que sí se los puede catalogar fácilmente en un solo género. ¿Esas influencias vienen desde chico?

– Un poco sí. A mi vieja le gusta mucho The Police, Pink Floyd, los Beatles. En casa, había un popurrí muy interesante, y eso hizo que despertara mi curiosidad musical. Me pasaba horas encerrado en la camioneta de mi viejo escuchando la radio: era mi momento de paz.

¿Cuándo te enamoraste de los sonidos latinoamericanos?

– Me llegó con la materia “Tradición” que teníamos en la escuela, donde aprendíamos sobre danzas y músicas folklóricas. Quería que me compraran una batería, pero no hubo caso. Así que primero tocaba con muchas cacerolas. Cuando a mi hermano le regalaron un tecladito, se lo robaba siempre. Y ahí realmente empecé a flashearla con eso.

Estuviste en lugares muy diversos tocando, ¿hay alguno al que te sorprendió haber llegado?

– Nunca hubiese imaginado tocar en Rusia. Estuve en clubes en Moscú y en San Petersburgo, y ahí fue muy loco. Era como un extraterrestre trayendo música de otro mundo. Cuando se relajaban, bailaban como desquiciados y revoleaban las cabezas como si fuese un show de Metallica.

Cuando usaron tu remix de Quimey Neuquén, de José Larralde, en Breaking Bad, ¿cuál fue tu primera reacción?

– Estaba contento, claro, pero como no seguí la serie, al principio me lo tomé con tranquilidad. Tengo amigos muy cercanos que son fanáticos y ellos estaban tan emocionados que me llegó la exaltación de su lado. Y me contagié de su felicidad.

A partir de ese momento, tu fama se acrecentó muy rápido…

– Sí, a una velocidad increíble. Me gusta no haber quedado como algo pasajero, como lo desechable. Eso me dio libertad. No me pasó como a la banda que pega un hit y la presionan para que genere más como ese, eso en la música comercial pasa mucho. Y por suerte, no me llevó a trabajar de esa manera.

Extracto del artículo publicado en la edición de junio de Billboard Argentina.