Con su decimoquinto álbum de estudio bajo el brazo, el costeño reafirma la música en español a nivel mundial. “Todavía la sociedad teme al que no habla tu lengua, y a mí la música me enseñó otra cosa”.

Colombia. Bogotá. Gaira Café. Estudio de grabación GML. En ese orden, como una mamushka, un espacio hospeda al siguiente. Sí, Carlos Vives tiene un estudio de grabación en su restaurante. Gaira abrió hace 20 años, cuando no tenía más que 200 metros cuadrados. Lo que antes era la casa residencial de los Vives hoy es conocido como “El café de los artistas”, una especie de Hard Rock Café latino donde –en tres pisos– se puede descubrir un vitral de Cerati, varios cuadros de Charly y un escenario para shows en vivo y teatro. Cuando andan por la zona, Andrés Cepeda, Fonseca y Juanes lo suelen frecuentar. Allí, sentado en un sillón en la sala de captación –ambientada para las entrevistas con guitarras y pósteres de su nuevo álbum, Vives–, el samario se ríe, simpático, de que los argentinos pronuncian la “sh” en “vallenato”, y no la “i”. Después, habla para sí mismo: “Soy un romántico, ¿qué hago?”.

La noche siguiente, Vives presenta su más reciente trabajo discográfico en el Chamorro City Hall, el mismo lugar donde se realizaron los Kids Choice Awards Colombia 2017. Después de un cóctel y catering que incluye caviar y cangrejo, las 800 personas que están invitadas al evento son dirigidas hacia otra cámara en la que la oscuridad es aplastante: seis pantallas verticales rodean a un público que las mira desconcertado cuando se prenden, de manera aleatoria. Cada una explica −con canciones del LP, la voz didáctica de Carlos y actores con disfraces magistrales que se mezclan entre la gente− un concepto del slogan de Vives: “Ríes, amas, cantas, lloras, creces, juegas”. Después del misterio –y de que una bicicleta volara por encima de las cabezas−, Carlos Vives aparece en el escenario y da un show de una hora y cuarto como acto inaugural de su decimoquinto álbum de estudio, que cuenta con las colaboraciones de Shakira, Sebastián Yatra, Thalía, Cynthia Montaño, Río Grande Music School Chorus y su hija Elena. “Después de tres años, Sony me animó a que volviera a grabar. Y aquí estoy −dice−. Son 18 canciones, con el espíritu del vallenato, mi escuela, pero con muchos ritmos distintos. Tiene mensajes que son urgentes [La mujer en la ventana habla sobre femicidios; y Los niños olvidados, sobre el hambre infantil], que nos hacen pensar; no son solo canciones que nos alegran y nos ponen a bailar”. Durante la ceremonia, Carlos recibe la noticia de que La bicicletaAl filo de tu amor y Robarte un beso son Quíntuple Sencillo de Platino. 

En una época donde todo es instantáneo y veloz, te amoldaste y sacaste cinco singles antes del lanzamiento del disco. Sin embargo, el álbum es largo. ¿Fue a propósito este balance?

– Yo soy de la vieja ola. Tengo muchos frentes que exponer, porque Colombia cuenta con diferentes patrones rítmicos, mucha diversidad. Hoy, la industria tiene muchos caminos y muchas formas de vender, y hay gente que con una canción se abre camino. Yo siento que hay muchas historias que contar y me gusta la idea del álbum. Cambia la industria, pero al mismo tiempo crecen las posibilidades.

Ahora, la mayoría de los discos no graban las baterías, están pregrabadas. Vos te volcaste para el lado más orgánico, en Vives se tocan los instrumentos.

– Nuestro trabajo dentro del vallenato es encontrar lo que yo llamo “el rock de mi pueblo”. Es decir, los patrones del vallenato, de las cumbias, de los porros, los aplico a los instrumentos del rock ‘n’ roll, de la industria: guitarras eléctricas, batería, teclados. El comienzo fue el bajo eléctrico, y cuando eso llegó al folklor, dejamos de ser específicamente folklor y nos convertimos en una proyección más industrial. Ese fue mi sonido siempre. Pero no pelea con los nuevos sonidos, con la parte más urbana ni con la electrónica. Yo tuve la suerte de hacer música de nuestra localidad, que fue la que me conectó hoy con artistas como Daddy Yankee, Wisin, Maluma o Sebastián Yatra.

Cuando la industria americana se percató de que lo latino estaba siendo tendencia en el mundo, empezó el crossover. Lo hizo Justin Bieber con Despacito, y Little Mix con Reggaetón lento, de CNCO. ¿Te podremos ver en esta situación?

– Nunca ha sido mi sueño. Yo he visto muchas veces que no le intereso a la industria anglo porque no canto en inglés. A veces me ofrecen entrevistas y yo les digo que no hablo su idioma, entonces me contestan: “Ah, bueno, entonces, no”. Entre mis aspiraciones nunca ha estado irme de este barrio, así que para mí ha sido todo ganancia. Nunca soñé con llenar un Luna Park, y ahí hemos estado; nunca soñé con llenar el Madison Square Garden, y ahí hemos estado. Nunca soñé con cantar en uno de los escenarios donde todo el mundo se muere por cantar, como el Hollywood Bowl, pero cuando el curador vio que mi país me quería, pensó que podía tocar allí. Nunca llegué a esos escenarios tratando de ver qué día iba a cantar en inglés o cuándo iba a llegar al mercado anglo. Todavía la sociedad teme al que no habla tu lengua, y a mí la música me enseñó otra cosa. Yo hago una música muy humilde que se llama vallenato, y ese vallenato chiquito es el que me ha enseñado el mundo.