Ganó 3 Grammy Latinos, fue nominada dos veces a los Grammy Awards y pasará por La Trastienda el 30 de septiembre. 'Amor supremo', su último disco, transita los parajes agridulces de las relaciones que anhelan superar tempestades y la posiciona no solo en la escena emergente de su México natal, sino en los oídos del mundo.

Carla Morrison pide amablemente un break. Desde la mañana está de acá para allá con entrevistas y ya pasaron las cinco de la tarde. Sube a su habitación del hotel en San Telmo por unos minutos y vuelve. Durante los próximos dos meses, la cantautora pop independiente, recorrerá Estados Unidos y Europa antes de tomarse un descanso prolongado y crear nuevas canciones. Está cansada, pero sonríe todo el tiempo y charla con Billboard sin apuro.  

Hace un par de días tocaste en Ciudad Emergente. ¿Cómo estuvo?

– Muy bien. La verdad es que no esperaba que fuera gente [risas]. Yo sé que aquí conocen mi proyecto pero no sé, pues estoy tan lejos que no lo dimensiono. Empezamos a tocar y todos estaban muy serios, pensamos que se iban a ir pero no, se llenó. Fue una experiencia muy bonita. No toco ska, así que la gente no se va a volver loca ni nada.

¿Qué te atrae de la independencia en la música?

– La libertad es mejor que ser millonario, siempre pienso eso. Puedo decidir si quiero grabar un disco, de qué manera, qué quiero decir, si quiero descansar o trabajar muchísimo, ir a mi paso. No soy una máquina, soy una persona. Es muy pesado pero yo creo que vale completamente la pena. Me emocionó mucho cuando estábamos en los Grammys y salió una nominación de mi canción. Muchas tenían como cinco compositores, estábamos Kevin Johansen y éramos los únicos autores de las canciones.

The New Yorker dijo que tu voz tiene una desesperada grandeza como la de Robert Smith y Björk. ¿Cómo lo ves?

– Son muy generosos en decir eso. Soy muy fan de los dos. No ha sido intencional, pero se refleja en una parte de mí que me inspira mucho de ellos. De hecho, vi a Björk hace unos meses, lloré como loca y mi novio se reía de mí [risas].

¿Cómo nacen tus canciones?

– Por lo general, son poemas. Me he dado cuenta de que cuando es una buena canción, a mi criterio, sale todo al mismo tiempo. De repente agarro la guitarra y sale. Casi siempre sucede una vez al mes, o dos meses. No digo: “Voy a escribir”, sino que espero.

¿Qué te pasa cuando las cantás en vivo?

– A veces las vuelvo a vivir. Otras digo: “Wow, estaba muy jodida ¿Cómo escribí esto?”. Me gusta cuando estoy distanciada, pero trato de interpretarlas de una manera que el oyente se pueda llevar la impresión de la canción y la pueda vivir conmigo, para eso vienen a verme.

¿Cuál es el hilo conductor de Amor supremo? ¿Qué necesitabas decir?

– Al principio no lo tenía claro. En mis discos siempre hablaba del comienzo y el final de una relación. En este quería hablar de la negociación que existe entre dos personas que están juntas hace mucho tiempo, de “Ok, voy a tolerar esto porque te quiero”, pero hay cosas que no te gustan o que dices: “Verga, no mames”, pero te quedas. Siento que lo dices porque hay una conexión tan profunda con la otra persona que no la puedes explicar y es un amor supremo. Siento que mucha gente está con esa constante idealización de que el amor es perfecto. El amor es supercomplejo y no tenemos que tener ningún patrón de cómo debe ser una relación. Todos tenemos relaciones distintas y todos decidimos cómo nutrirlas y cómo construirlas. Quería hablar de una manera más abierta y universal.

¿Existe belleza en el dolor?

– En el dolor está el sentirse vivo y sentirse vivo es muy bello. El sentimiento más bonito que hay. Constantemente vivimos en el futuro o en el pasado, el dolor te trae al presente. La belleza es eso, saber que estás vivo, que tienes que salir adelante y que eres capaz por ti, no por alguien más.

En Campaña contra el VIH, en colaboración con las víctimas del terremoto en México, firme en la desnaturalización de la violencia de género, dura con Donald Trump, militante de figuras y cuerpos reales ¿El arte es político y social?

– Yo creo que sí, pero indirectamente. Yo trato de que mi música, mi proyecto, tenga que ver con mis ideales y con el mensaje que quiero enviar. Si estoy hablando de las mujeres con curvas es porque soy una chica con curvas. He intentado toda mi vida bajar de peso y ha sido una lucha, en un punto fue por vanidad pero ahora solo quiero sentirme saludable. El estar en contra de Trump es porque me parece inhumano lo que hace. ¿En la cabeza de quién cabe este idiota? Alguien tiene que decir algo. En cuanto al VIH, a donar para reconstruir mi país, es algo muy humano y que no se cuestiona. Yo sé que hay muchas chicas y chicos que siguen mi música y que como yo crecí admirando a [Gustavo] Cerati o a Los Pericos o a Björk, sé qué hacen ellos y también quiero ser así. Yo quiero crecer y ser una buena persona. Muchos artistas dicen: “Yo no soy un ejemplo, yo no tengo por qué ser perfecto”, y no es ser perfecto, es ser humano y darte cuenta de que tienes un escenario y un micrófono que está para ti cuando quieras, que lo puedes utilizar o pasárselo a alguien. Es ser más consciente que político.

Colaboraste con Enrique Bunbury, Julieta Venegas, Juan Gabriel, Natalia Lafourcade, Kinky, Macklemore & Ryan Lewis. Artistas diversos con estilos muy marcados. ¿Qué aprendiste de ellos?

– He aprendido de todos ellos que definitivamente no estoy sola en mi lucha diaria, que es una chinga [risas]. Aprendes de cómo todos estamos en búsqueda de una identidad, no solamente musical sino propia. Cómo compone cada quien, lo que los años te dan de sabiduría. Lamentablemente, mucha gente tiene idealizados a los artistas, pero tenemos nuestros propios problemas. Y todos. Yo veo a Enrique y él está todo bien y de repente le decía: “Está increíble tu unplugged”, y él: “¿Tú crees? Gracias”. ¡No mames! Así soy yo. ¡Y sos Enrique Bunbury! Es que todos somos niños chiquitos, tenemos miedo. Y aunque él es supersabio y tiene todo muy claro, tiene sus sentimientos. Las redes sociales no han ayudado a humanizar a la gente. Quizás sepas qué come y ves todo, pero sigues pensando que es perfecto. Es bonito aprender de ellos, crecí escuchándolos.  

¿Cómo sigue la gira?

– Después de Argentina, regresamos a México, vamos a Estados Unidos, a Europa y luego ya se acaba. Después, lo primero es dormir [risas]. Hay una cosa muy tonta, pero me emociona mucho poder inscribirme a un gimnasio e ir. Poder hacer rutina ¡Wow! Tomar clases, regresar a la escuela a lo mejor, me gustaría volver a hornear. Tengo ganas de tomar un descanso amplio y a partir de ahí, el silencio y la calma hacen que tenga mucha creatividad, pero si no me detengo, no pasa nada.

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