El trinomio acaba de lanzar "Hoy como ayer", un CD y DVD que incluye material grabado en el Luna Park y un repaso por sus 15 años de historia. “Hay algo espiritual en nuestro sonido”.

En Inmundo (2007), el cuarto disco de Carajo, un track propuso desacelerar el ritmo y enfriar el metal. El que ama lo que hace es una oda a las pasiones, un himno romántico que grita “no se trata de ganar, se trata de saber jugar y de aprender el juego”. Eso, que en aquel momento sugería pintar un pequeño paisaje de la banda, terminó siendo, casi sin querer, una definición perfecta.

“Teníamos una fuerza de creer en el proyecto, medio sin saber bien qué era”, cuenta Andy Vilanova mientras lucha con un envoltorio de golosinas que no quiere ceder. Allí, junto a sus dos compañeros, el baterista está hablando de Hoy como ayer, el reciente trabajo de la banda, un registro audiovisual del Luna Park de marzo de 2014 que se mecha con pasajes documentales de los comienzos del proyecto. Después de ganar la batalla por el dulce, continúa: “El trabajo de preparar el documental me recordó un espíritu de búsqueda en el que no importaba nada y a la vez estaba todo jugado ahí”.

Pausa. Rewind. Quince años atrás, Marcelo “Corvata” Corvalán y Vilanova habían quedado fuera de A.N.I.M.A.L., pero la cosa no se iba a detener. Con el mercado de pases abierto, sumaron a un pibe apodado “Tery” y, ahí nomás, se despacharon con un disco que funcionó como daguerrotipo de una época. “Sin anestesia, la rebelión despierta”, gritaba el comienzo de Sacate la mierda, y, a partir de allí, una serie de versos en punto de ebullición dibujaban una pintura perfecta de la realidad. El ADN del grupo se estaba formando, mimetizándose con su entorno: “Esas cosas definen a las personas y al arte”, explica Tery.

Con ese álbum homónimo en la calle, las canciones, contra todo pronóstico, empezaron a conversar con el público. Es que los ingredientes, a priori, no prometían un sabor amable y digerible: gritos desgarradores, la distorsión como brújula y la necesidad de elevar las RPM al máximo. “Los temas tenían algo para decir”, explica Tery, y deja la mesa servida para que Corvata cierre la idea: “Aun haciendo música pesada, siempre hay detrás una canción, una búsqueda, una melodía, una estructura que equilibra todo”. Y ahí, en esa palabra está la clave, porque detrás del caos sucio y pensado de su nü metal, siempre está la canción. “Eso fue siempre lo que nos movilizó”, remata el cantante.

Desde aquel disco debut hasta Frente a frente (2013) hay una constante encriptada, pero presente: Carajo no le tiene miedo a desdibujar las fronteras de los géneros. “Al principio era algo difícil, porque en Argentina estaban las tribus muy marcadas. Nosotros propusimos mezclar eso, desarmarlo”, comenta Corvalán. La paleta de colores es amplia: en un mismo trabajo hay metal, obvio, pero también punk, algo del pop más melódico, alguna que otra balada y la necesidad de deconstruir el género. Para ejemplos, existe el “remerómetro”: “Hoy en día es más normal, pero nos sigue sorprendiendo la variedad de remeras que hay en nuestro público, desde Cerati hasta Pantera”, dice Corvata.

Para explicar esa mixtura de estilos, pero sobre todo la capacidad del power trío de poder abandonar el power por un ratito, hay un ejemplo esclarecedor. El nuevo trabajo, de yapa, regala cuatro temas inéditos, compuestos a la carta para cuatro cantantes especialmente convocados. Walas de Massacre, Ciro Pertusi, Fernando Ruiz Díaz y el Knario Compiano recibieron un demo con música, pero sin letra ni melodía. El resultado es una especie de EP divergente que propone un Carajo paralelo, más amable pero igual de espeso. Constrictor, en compañía de Pertusi, es una balada emocional, en contraposición al poder hardrocker que propuso Knario. El halo de mística que acompaña a Ruiz Díaz se hizo canción una vez más, e Invisible, interpretada por Walas, perfectamente podría formar parte de un nuevo trabajo de Massacre. De nuevo, las líneas que dividen los géneros fueron borradas: “Llamamos a gente que fue influencia para nosotros o que respetamos mucho, queríamos que de dos cosas surja una tercera”, comenta Tery, y se alegra: “Crecimos mucho con este trabajo”.

La apuesta no prometía una ganancia segura. Se ha dicho: las letras no solo son pilar fundamental de la identidad carajera, sino también el imán que atrae a gran parte de su público. Pero en 15 años, necesariamente las cosas tienen que ir cambiando. “Yo empecé con 30 años con Carajo y ahora estoy cumpliendo 45, y la verdad que no soy el mismo”, reflexiona Corvata. “Uno va afilando el lápiz, hay cosas que no hace falta volver a escribir. Ya no escribo más sobre la esquina y el barrio, porque ya no estoy en ese momento de mi vida”, explica, mientras piensa en las cosas que lo movilizan ahora: “La familia es importante. Pensar qué mundo les dejamos a nuestros hijos y para qué los estamos preparando a ellos”.

A través de los discos, varios de los temas de Carajo proponen desde sus letras una mirada trascendente de la vida, ¿reconocés eso en tus composiciones?

– Hay algo espiritual en el sonido de Carajo. Es una parte del ser humano que en algún momento aflora. Tarde o temprano uno se plantea cosas, tiene interrogantes.

¿Qué te preguntás?

– Lo mismo que todos. Quién es Dios, si existe, si no existe. No me desespera tener todas las respuestas ahora, pero creo que es un buen ejercicio. A todos nos ayuda salirse un poco de uno y entender un poco más la vida. Ni siquiera es religión, estaría más cerca del existencialismo. Allí, en ese concepto, parece estar la clave del sonido, la identidad y el éxito de la banda. Lo mencionado en El que ama lo que hace: no se trata de llegar al final del camino ni de encontrar las respuestas, sino de disfrutar del recorrido. Porque la historia es la misma de siempre, pero no por eso es menos cierta: “El día que nos aburramos de hacer esto no seremos más músicos”, sentencia Corvata.

De vez en cuando, claro, vale la pena mirar para atrás. Por eso, el nuevo trabajo funciona como espejo retrovisor, y así lo confirma Tery: “Cuando lo ves a la distancia te das cuenta de que hicimos de todo, pero para nosotros pasó volando”. De acá en más, el objetivo será seguir recorriendo el camino, pensando en el presente y apuntando al futuro. Y de eso, Carajo sabe y mucho.