Después de arrancar su carrera solista, las compañeras de Camila Cabello en Fifth Harmony la repudiaron inesperadamente. Con un single en el top 5 y un álbum muy anticipado en camino, no tiene ninguna duda: “Tenés que honrar esa voz interior”.

Camila Cabello llegó tarde al brunch. Pero no tarde al estilo de la estrella de rock taciturna que se esconde detrás de unos anteojos de sol. Más vale como una persona de 19 años que se confundió de dirección. Corre a través del comedor de Versailles, un restaurante cubano en el Valle de San Fernando, en Los Ángeles. Su pelo negro fluye como las disculpas que pide, mientras menciona que se confundió con el otro local de Versailles, en el centro. Se sienta, sonriente en esta mañana de domingo de mediados de enero. La cantante, que nació en Cuba, vive en Miami y está quedándose en la ciudad por Airbnb. “Yo sé lo que hay que comer acá”, dice, y se lanza a pedir, en un español veloz, una tonelada de comida: limonadas, bifes, arroz, garbanzos, plátanos, croquetas y flan.

Confusión, estrés y la promesa de una fiesta espléndida. Esa es, un poco, la historia reciente de Cabello. Un mes atrás de nuestro encuentro, todavía era miembro de Fifth Harmony, el grupo de pop femenino más exitoso desde Destiny’s Child, con más de siete millones de canciones digitales vendidas, según Nielsen Music. Antes de que terminara el año, ya era una artista solista que lidiaba con acusaciones por parte de sus compañeras de banda: principalmente, que renunció a través de sus representantes después de esquivar intervenciones del sello y sesiones de terapia. Al mismo tiempo, tuvo que aguantar tuits furiosos de fans recelosos.

Pero eso es la confusión y el estrés. Durante esos días, Cabello también tuvo bastante para celebrar. La cantante, que colaboró en bastantes ocasiones fuera de 5H, en octubre lanzó Bad Things, un single oscuro y sexy de rap con Machine Gun Kelly. Trepó por los charts; de hecho, estuvo en el Nº 1 del Mainstream Top 40. Y ese no es siquiera su primer hit: I Know What You Did Last Summer, su dueto de 2015 con Shawn Mendes, alcanzó el Nº 20 en el Billboard Hot 100. Posee los suficientes números en redes sociales para competir con los de la banda (3,56 millones en contraste a los 3,91 de 5H en Twitter y 9,9 millones contra 8,8 millones en Instagram). Al mismo tiempo, tiene lista una participación como invitada en una canción de Major Lazer, y tiempo suficiente agendado en el estudio como para capitalizar exitosamente lo que parece ser una transición inevitable al estrellato solista. “Va a requerir algo muy fuerte para frenarla en su plan de conquistar el mundo –dice Mendes–. Es una compañera increíble para componer. Casi que no tenía que hablar y ella entendía a lo que me refería”.

Pero Cabello, cuyo álbum sale este otoño, ya tuvo fama, fortuna y fans obsesivos. Su verdadera alegría, después de cinco años de giras imparables, grabaciones y meet-and-greets con 5H, es la libertad. “¿Conocés esa cita que dice ‘En el silencio hallarás a Dios’?”, pregunta. Con su gargantilla de encaje, su camiseta blanca agujereada y su saco de banda musical negro, parece la pequeña (mide 1,57 m) comandante de un ejército divertido y fashion. “Sentí que podía escuchar todo lo que me decía mi corazón”, agrega.

El corazón puede ser, por supuesto, un guía poco fiable. Al hacerse solista, Cabello arriesgó mucho más que las críticas de las Harmonizers disconformes (se llama “Harmonizers” a las fans de 5H, y no hay que subestimarlas. Suelen colmar las encuestas de fans, por ejemplo la de “Canción del Verano” de los MTV Video Music Awards de 2016, en la que vencieron a canciones brillantes de Calvin Harris y Drake). Solo una mujer pudo dejar atrás su grupo para lanzarse a una carrera solista colosal, y no es una humana normal: es Beyoncé. En todo caso, un modelo más cercano para Cabello puede ser el de One Direction. Pero tampoco le va a servir, siendo que ninguno de ellos tiene que pasar por el rol de honesta y sexy, como sí les pasa a las artistas pop femeninas. Zayn Malik renunció a su pasado, llenó su casa de grafitis, se encerró en una nube de marihuana y se tomó su tiempo en sacar un álbum. Y todo eso lo hizo parecer más cool. Niall Horan se fue de mochilero, redescubrió el folk rock de los 70 de su juventud y lanzó su carrera como trovador, lo cual lo hizo más atractivo. Harry Styles ya es considerado una estrella de rock sin siquiera haber cantado nada como solista -aunque su primer single saldrá este abril. 

Cabello, para no ser juzgada, debe ser seductora, pero pura de corazón. Fuerte, pero vulnerable; dueña de sí misma, pero no egoísta. De cierta manera, las reglas de los girl groups todavía se aplican. Pero eso no la detuvo a la hora de construir su momentum. Además de pasar por el estudio y tocar Bad Things en enero en el show de Ellen DeGeneres con Machine Gun Kelly (su primera aparición post 5H en televisión, un mes después de la última presentación de su exgrupo), Cabello se ocupó de cuidar su opinión pública al decirle a Lena Dunham en una entrevista antes de la asunción de Trump: “Voy a plantarme por los inmigrantes, por los hispánicos y sus derechos”. Después de que Trump sacara su orden migratoria, tuiteó: “La #ProhibiciónMusulmana es absolutamente deshumanizante… estoy en shock. ESTO NO ES LO QUE SOMOS”.

“El camino más fácil sería callarme, cantar, usar la ropa y seguir –dice Cabello con una risa nerviosa al comparar la vida en 5H con su vida actual–. Estábamos en la cumbre de nuestra carrera. Claramente, no era la opción segura”. Pero confiesa: “Lo tengo en mi ADN. Es la manera en que mi mamá me crió. Siempre fue ʽNo te conformes, saltá y rogá porque te crezcan alas en el camino hacia abajoʼ”. Aleteá como si estuviera en una montaña rusa. “¡Me siento viva!”.

El sitio de letras Genius determinó recientemente que Cabello cantó en casi un 45 por ciento de todas las líneas de las canciones de Fifth Harmony. Incluso mientras era la que más hacía en el grupo, también hacía mucho fuera de él. Empezó a componer sola a principios de su carrera con 5H, a pesar de su complicada agenda. Red, de su amiga Taylor Swift, la inspiró a sacar “fotografías sónicas” de su vida. Cuando no se encontraba grabando partes del EP de 5H Better Together (2013) en el Record Plant de Hollywood, estaba en el gimnasio del estudio escribiendo letras de “mi primer beso y mi primer novio” sobre las melodías de otros artistas. Después se consiguió el GarageBand y un teclado MIDI, así que empezó a sacar “demos berreta” mientras estaba de gira por centros de compra y, con el tiempo, arenas.

“Me despertaba supertemprano –cuenta Cabello–, me subía al colectivo, me iba al hotel y ponía la tele superalto. No quería que la gente me escuchara gritando. Después me iba al baño y me sentaba en el piso a escribir, con la laptop apoyada sobre el inodoro”. Básicamente, le cantaba al inodoro”.

“Ella ya hizo sus diez mil horas –afirma Roger Gold, su mánager y cofundador de 300 Entertainment–. Fifth Harmony trabajó muy duramente durante once meses y medio cada año. Fue una escuela fenomenal”. Pero cuando finalmente llegó el momento para que Cabello se hiciera solista, hubo una erupción pública de sentimientos amargos completamente inesperados. Cuando le pregunto del drama de fines de diciembre, ella no se achica, si bien pretende encararlo sin rencores.

¿Cuándo notaste que cambió tu relación con el grupo?

No sé. Yo siempre fui superabierta respecto de que no podía cantar las letras de otras personas y estar contenta. Tenés que seguir y honrar esa voz interna. Siempre alenté a las chicas a hacer lo mismo.

¿Sentís que fue eso lo que cambió la relación?

Creo que en los grupos siempre va a haber tensión, ya sea por una cosa o la otra. Por supuesto, considero que yo alteré un poco las cosas.

¿Mantuviste el contacto con alguna de las chicas desde que pasó todo esto?

No.

¿Te acercaste directamente?

Sí, lo hice. No quiero entrar en detalles, porque es muy intenso y es muy difícil hablarlo. Me pone mal.

Cuando escuché por primera vez que te lanzabas como solista, pensé: “Seguramente no haya problemas, no es una sorpresa”. Y después fue como “¿Qué está pasando?”.

Reaccioné igual. Tuve la esperanza de una transición pacífica y de que nos ayudaríamos mutuamente. Pero solo siento amor para ellas.

Cabello se tomó sus primeras vacaciones en cinco años en Navidad, después de que su madre, Sinuhe, insistiera en que se desenchufara con su familia (incluyendo a su padre, Alejandro, y a Sofía, su hermana de nueve años) por tres semanas en Cancún. “Los primeros cuatro días fueron un viaje –dice Cabello–. Me estresé por no estar estresada por algo. A veces estás preocupada por la quietud. Es como ʽ¡Dale!ʼ”.

Cabello fue criada en La Habana y después en Ciudad de México. A los seis, sus padres le dijeron que se iban a ir a Disney. No obstante, Camila y Sinu (como le dicen a la madre), emigraron legalmente desde México, estuvieron un día en espera y se tomaron un colectivo de 36 horas a Miami, donde se mudaron con un amigo. Alejandro tuvo que quedarse. Después de un año y medio de dolor, se cansó y tomó el riesgo de cruzarse. Sinu era una arquitecta en Cuba, pero en los Estados Unidos consiguió trabajo en Marshalls, manejando el stock de zapatos. Alejandro, cuando llegó, limpió autos en el centro comercial. Hoy tienen una exitosa empresa contratista.

“Mis padres trabajaron mucho –cuenta Cabello–. Siempre tuvimos períodos en los que mi papá estaba sin trabajo. Era un flujo constante de tener plata, de perder todo y de repente encontrar una manera de conseguirla de vuelta. Si teníamos comida, un techo y yo estaba yendo al colegio, entonces era suficiente”. (Alejandro finalmente consiguió su visa en 2016, con lo que Cabello los envió a Jamaica en la luna de miel que nunca tuvieron).

Los amigos de Cabello en Florida, todos previos a su aparición en The X Factor, se conectaron con ella para un “Friendsgiving” en 2016 e hicieron un poco de FaceTime con una profesora de octavo grado que fomentó el interés de Cabello en el canto y la actuación. No es de salir mucho. “Tuve una fase en Miami en la que hacía todas las cosas que hacían los de 19 años. Fui a los boliches y fue como ‘No me copa esto’”. Después de nuestro brunch en Los Ángeles, planea encontrarse a tomar un café con Troye Sivan y después ir con él y Taylor Swift a su Airbnb para “relajarse”.

Por lo pronto, Cabello está enfocada en hacer música. Incluso sus hobbies son para eso. Para buscar ideas para canciones lee poesía (el libro Milk and Honey, de la joven feminista Rupi Kaur, la hizo llorar), novelas (actualmente El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez), películas (sus favoritas son Diario de una pasión, Titanic, Romeo + Julieta y, por sobre todas las cosas, Señales de amor, la comedia romántica de 2011) y citas inspiradoras que encuentra en Tumblr. Disfruta de tocar la guitarra.

Románticamente hablando, según Cabello “no hay nada dando vueltas por ahora”, si bien deja notar: “Literalmente, cada chico que me gustó era de Escorpio” (a los chismosos: Mendes es de Leo). Y cuando empezamos a hablar de La La Land, terminó contando una historia increíble: “Me encanta la película porque soy una romántica empedernida. Me hizo sentir que podría conocer a alguien en cualquier lugar. Ayer le pedí el número a mi conductor de Uber. Solo porque estábamos hablando de la película y me dijo ‘Acabo de salir de una relación’. Sonaba como otro romántico empedernido. Y me dije ‘¿Sabés qué? Le voy a pedir el número’. Nunca me contestó. No sé, por ahí no le llegó”.