Luego de más de dos años sin presentaciones en la ciudad, la mítica banda dio un show en el recinto porteño con su nueva alineación, para repasar todas las etapas de su carrera y adelantar lo que se viene.

El cambio nunca fue algo de temer para los Fabulosos Cadillacs. Varias veces saborearon las mieles del éxito, y alguna que otra vez mordieron el polvo de la derrota, pero nunca dejaron de hacer lo que más les gusta: música.  El sábado 28 en el Luna Park adelantaron el primer acto de su nuevo disco, la ópera rock La Salvación de Solo y Juan y los hijos de Vicentico y Flavio Cianciarulo, Florian y Astor, respectivamente, hicieron su debut como miembros de la banda.

A las 21:15 comenzaron a proyectarse los cuatro clips que se vieron el lunes en la conferencia de prensa, una mini road movie minimalista documentada en las playas del Faro Querandí de Villa Gesell. Quince minutos después, la imagen se centró en el faro Artiglio y la banda apareció en escena con Averno el Fantasma, el primer estreno. En los primeros minutos, Florian Fernández Capello estuvo al frente con la guitarra y Astor Cianciarullo, en segunda batería, manejaba una perfecta coordinación con Fernando Ricciardi, otorgando una dosis de frescura y poder que empujaba a la banda hacia un nuevo nivel. Astor paseó por el escenario toda la noche como baterista o bajista, acompañando e incluso reemplazando a su padre (¿Acaso alguien más podría ocupar el lugar del Sr. Flavio?). Sangre joven, pero no cualquier sangre. Sangre Cadillac.

El show continuó con una súperfunky Genio del Dub / Radio Kriminal, y la fiesta se apoderó del luna con La luz del ritmo. Afuera, la lluvia otoñal es copiosa y molesta, pero adentro es una noche de calor en la ciudad, porque sonaba Demasiada presión y todos estaban saltando. El show alternó entre power y alegría con los dobletes de  V Centenario y Piazolla, seguidas de Estoy harto de verte con otros y El león Santillán.

Vicentico se sentó en teclados, bajaron las luces y llegó el segmento de los hermanos Clementi con Navidad, la deliciosa No era para vos y La tormenta. Al frente, dos padres y dos hijos nos adelantaron el primer acto de la obra.

La noche siguió con Destino de paria, Saco azul y Revolution Rock, el cover de The Clash que si bien venía sonando en las presentaciones en el exterior no fue interpretada en Buenos Aires desde hacía más de 20 años; Astor y Florian jugaban como si estuvieran en el patio de la casa, rockeando una canción que fue grabada por sus padres muchos años antes de que ellos nacieran. Siguiendo la luna, composición de Rotman con dedicación, dejó en claro lo que adelantaron el lunes: Sergio no está presente, pero está todo bien.

Sábato (al fin se amigaron con Fabulosos Calavera, obra cumbre de la banda) y la fiesta total con Carnaval toda la vida y Carmela: todas las plateas de pie bailando y cantando. “Me gusta lo que están haciendo, está muy bien lo que están haciendo”, dice Vicentico, quien en Mal bicho intentó infructuosamenteuna tarea imposible: pidió silencio total al público, luces y celulares apagados para crear un clima de calma previa a la explosión de la canción. Lamentablemente, una parte del público que no está lista para escuchar y disfrutar sin querer ser más protagonista que la banda, no entendió lo que se buscaba y no dejaron de hacer ruido o apuntar con el celular, arruinando el efecto.

El final fue una fiesta, interpretando Vos Sabés, canción que inspiraron los dos nuevos integrantes de la banda, y una descoordinada Vasos Vacíos, con Vicentico perdido en el disfrute de la noche y entrando a destiempo en la canción, generando un gran momento padre-hijo en el que Florian luego de reírse lo guió para volver a entrar. Luego de Matador, Flavio quedó solo en el escenario y con su bajo de cinco cuerdas tocó el himno nacional, la Intro de Post Crucifixion y acordes de Sucio y Desprolijo. El final es ley: ningún show de los Fabulosos Cadillacs puede cerrar con otra canción que no sea Yo No me Sentaría en Tu Mesa. Catarsis y alegría a la vez, el broche perfecto.