Conduce un programa de radio en BitBox, es un instrumentista con potencial infinito y también es capaz de ir más allá de las tendencias sin perder una pizca de contundencia. Con POVRE, Ca7riel demuestra que está listo para romper esquemas con sus dos pasiones: la música y la palabra.

Catriel Guerreiro es un artista de esos que no distingue fronteras a la hora de incorporar información y transformarla en recursos. Capaz de definirse a sí mismo como “multiinstrumentista supermanija”, el músico de 25 años despliega virtuosismo en la guitarra o el bajo, y abraza el sonido podrido del trap sin ningún tipo de distinción. Su irreverencia y su desparpajo se cuelan en cada centímetro de su naciente obra, que en 2018 tiene un punto de inflexión definitivo. Siendo parte de los proyectos Astor (su EP Vacaciones todo el año, de 2017, es una maravilla) y Burócratas del Fogón, Guerreiro decidió ir más allá de su primer trabajo solista (CVE7E, 2015) y editó una nueva tanda de canciones. ¿La particularidad? Presentó solo una mitad, la segunda, que se completará en el transcurso del año.

En los cinco temas que integran la parte final de POVRE (en rigor, los tracks van del 7 al 11), el submundo oscuro del hip hop más descarnado se mezcla con el groove a la enésima potencia que promueven las expresiones más vanguardistas del neo-soul. Todo encaja en el universo multifacético de CA7RIEL, que es capaz de rapear con furia y filo (“Oh Shit”, “De güinter is comin”) o dejarse llevar con soltura por la tormenta trapera que gobierna la actualidad de la música urbana (“Vibra baja”, “Terrible Kiko”). En ese ida y vuelta permanente, Guerreiro encuentra en cada terreno una parcela donde echar sus propias raíces. Como si la diferencia de registro no fuera más que una máscara eventual para desplegar su personalidad rebosante de estímulos e información diversa.

Mezclado y masterizado por Agustín Bucich (mente maestra detrás de GULI), POVRE se destaca sobre la media de lanzamientos actuales en el espectro liderado por Duki o Paulo Londra. Con puntos de contacto con esos fenómenos de consumo digital masivo, CA7RIEL decide apostar también por su costado psicodélico y experimental, afianzando su carácter distintivo. “Lxs músicxs que usan pistas le dan un pedazo de su alma al capitalismo para ser convertido en sangre de robot. Y los robots están por dominar el mundo”, anuncia desde su parte de prensa. Y automáticamente pone el acento en otro aspecto fundamental de su estética: los shows en vivo. Luego de haber llegado a la grilla del último Lollapalooza Argentina, queda claro que el escenario no es un terreno de piloto automático para CA7RIEL. Allí es donde todo termina de cobrar sentido, cuando su música demuestra ser una extensión de su propia existencia.