Con su nuevo álbum ‘Avida Dollars’ bajo el brazo, el artista español de 27 años tira dólares en lugar de confeti en sus shows, y entiende que son los singles y el streaming lo que le dan valor en el mercado.

A los pocos días de editar su segundo álbum de estudio Avida Dollars, C. Tangana agotó dos noches seguidas La Riviera, un venue de Madrid para aproximadamente 2000 personas. Horas antes de salir a dar su segundo show, Billboard AR habló con el artista español de 27 años en su camerino.

“Estoy matando al ídolo”, dice al mismo tiempo que se sirve un whiskey de etiqueta negra. “No vas a ver el típico concierto de trap, trabajamos con un director de escena y habrá diferentes intervenciones. Está construído desde una narrativa”, aclara.

Y así fue, el show atraviesa diferentes climas. Pasa por el trap bailable cuando suenan “Guerrera” o “Llorando en la limo”, a la oscuridad de canciones como “Still Rapping” o “Pussy Call”, y por la irónica narrativa de “Baile de la lluvia”, donde dispara frases como: “El arte de los negocios es el paso que sigue al arte, durante los años hippies la gente despreció la idea de los negocios, decía ‘El dinero es malo, trabajar es malo”’. Pero hacer dinero es un arte, trabajar es un arte, los buenos negocios son lo mejor de las artes”.

En su nuevo material de estudio, el rapero cuenta con un featuring en cada canción y un productor distinto. “Hice exactamente lo contrario que en Ídolo. Trabaje con productores de diferentes lados como Barcelona, Galicia, Madrid y Medellín. Colombia tiene el rollo latino del momento. Sky, Rude Boys, Icon y Mosty son lo que alimentaron toda la historia de J Balvin o Maluma”.

C. Tangana no se esconde detrás de la comodidad esnob del artista, y se anima a hablar de arte, negocios e industria en la misma conversación. “Lo innegable es que es yo estoy haciendo esto para ganarme la vida, es evidente. Pero lo hago con sentimiento, inspiración y creación. Mi perfil artístico no se acaba en las canciones, también está en mi performance o mi forma de hacer negocios”.

¿Por eso dices “Hacer dinero es un arte”?

– Tu puedes hacer arte y no pensar en nada, entonces te morirás o tendrás que trabajar en otra cosa para pagar tu vida. O bien puedes dedicarte a tu arte de manera profesional y alimentarlo para no tener que trabajar fregando platos en un restaurante por la noche, qué es lo que hicimos la mayoría de los artistas. Hay una parte del arte que se trata de cómo desarrollas tu personaje artístico a lo largo de tu carrera, y allí, es fundamental ser artista en la forma que vendes tu producto. Hay mucha gente del arte en general, que a partir del siglo 20, lo han hecho con mucha creatividad, como puede ser Warhol o Dalí… el hombre te pagaba la cena con un dibujo. No soy el primero en decirlo y mucho menos en hacerlo. Hay mucho arte realizado en torno a la especulación.

¿Te sentís cómodo con ‘La era del single’?

– Si, no está mal. Como artista me gustaría desarrollarme más a través de proyectos largos que tengan ideas de fondo que luego se puedan llevar a directo. Construir una narrativa que te dure un año entero y que tenga un sentido, un concepto. No se si ahora está a la orden del día, te lo puedes permitir pocas veces. Pero no ha sido el trabajo del álbum lo que me ha sostenido comercialmente. Lo que define el conteo, el contrato y los shows son los singles.

¿Cómo te llevas con los números del streaming?

– Intento mirar cual es la parte de la que me puedo aprovechar. Pero yo se que ahora mismo en el mercado internacional estoy valorado por el número de oyentes mensuales que tengo Spotify. En eso se fija la gente que pondría pasta en mí. Por lo cual, yo qué sé tengo un valor que está directamente asociado en el número de entradas que vendo y el número de mis streamings. Hoy tienes un número que cambia cada dos o tres días y te dice dónde estás, cuánta gente escucha tu música en todo el mundo. Eso es trae más juicio y exposición pero para eso estamos los artistas, es nuestro camino. Yo intento aprovechar cuando viene una ola nueva y firmar los contratos cuando tengo los números arriba. Es la que me ha tocado vivir y no me voy a quejar, ¿sabes?