Con una propuesta que paseaba entre varios géneros musicales (pop, funk, rock, trap, entre otros), el festival logró llenar su salón a pesar de las malas condiciones climáticas y del superclásico.

A pesar de la lluvia y la final de La Copa Libertadores, Konex se llenó de gente para disfrutar del festival Buena Vibra. Esta vez, todos los shows tuvieron que organizarse bajo techo debido al clima, pero pronto la noche se despejó y la gente pudo disfrutar del patio, en donde había stands con fanzines, dibujos para colorear e incluso una peluquería para los que se animaran a cambiarse el look.

La tarde comenzó con el pop pincelado de R&B de Guli y de Crewrod. Después, el dúo de hermanos Valdés trajo desde Córdoba su pop ochentoso, con melodías pulidas, letras románticas y un ritmo contagioso propio del synthpop. El set tuvo también un momento nostálgico con “Callar”, un lento con la sensibilidad cálida de la voz de Pancho Valdés, cuyo fuerte son los agudos. Finalmente, terminaron al ritmo del house en “Bailar sola”.

Ca7riel fue el acto trap de la noche. Con beats minimalistas y mucho autotune, se presentó con Paco Amoroso y juntos fueron un estallido de energía y descontrol que recordaba a los Beastie Boys por el rapeo veloz mezclado con gritos al estilo hardcore.

El show más imponente de la noche fue el de Marilina Bertoldi. La artista presentó su nuevo álbum Prender un fuego, uno de los discos nacionales más influyentes del año. A pesar de encontrarse con dificultades técnicas, el salón de Konex se mantuvo lleno desde que empezó a tocar; la cantante, compositora y productora demostró ser uno de los actos más fuertes del festival: capaz de transmitir enojo, ironía y tristeza, se movía con confianza y masticaba canchera un chicle. Su presencia conquistó el escenario con melodías rockeras y una voz limpia que se lució en canciones como la explosiva “O no?” o la más psicodélica “Rastro”.

Luego siguió el quinteto Jugo que, con un saxo y un par de congas, hicieron un rock con notas de funk que preparó a la gente para el acto principal del festival. Mustafunk estuvo a cargo de cerrar la noche con canciones rápidas y cortas. La banda de Paso del Rey fue apoyada por una base de fans fiel que coreaba sus temas y que también armó pogos mientras la voz ronca y versátil de Martin Pederner lideraba con carisma y energía. Los acompañaba un trío de vientos que, junto a la percusión a cargo de Camila Marinelli, le dieron el toque funk que le deben al nombre de la banda. El setlist incluyó sólo dos temas de su nuevo disco, Culo: “Wampablo II” y “Corpiños para hombres”, con un sonido más crudo que sus álbumes anteriores. Decidieron abrir y cerrar el show con dos de su LP debut, Salpica: “Sincero” y “No me mires”, que se transformó en un final divertido cuando se fusionó con “Mueve tu cucú” para que el público termine bailando al ritmo de la cumbia.