El 24K Magic Tour colmó el Estadio Único de La Plata con una batería imbatible de éxitos para bailar, saltar y llorar. Una noche dulce y caliente de un hombrecito peligroso con hits en los bolsillos.

Las coronas del 24K Magic Tour desaparecen de las pantallas para dar paso a una gigantesca fiesta con un protagonista estelar; el hombrecito de gorra de béisbol y jersey rojo, pantalones cortos y zapatillas azules aparece en el centro del escenario y saluda: “¡Argentina!”.

Antes, aunque Lo’ Pibitos y especialmente DNCE, el nuevo grupo de Joe Jonas, habían puesto al público en un estado cercano a la efervescencia, la contundencia emocional que estaban por desatar Bruno Mars y sus Hooligans se acercó por momentos a la histeria colectiva.

Tras la introducción, los golpes de batería de Eric Hernández ponen en alerta a Mars, que en un mismo movimiento danzarín y resuelto toma el pie del micrófono e inició Finesse bajo una cortina de aullidos y gritos desesperados. “¿No nos vemos bien juntos?”, pregunta Mars en las primeras líneas de este pop terso que recuerda a lo mejor de los Backstreet Boys; y enseguida se suman las voces de Philip Lawrence, su ladero principal, y la línea de vientos, coros y baile formada por Kameron Whalum, Dwayne Dugger y James King, que alcanzan la armonización exacta a pesar de que apenas hayan transcurrido segundos de concierto.

Sin pausa, el llamamiento en vocoder de 24K Magic trae al otro Mars. El personaje de aquella timidez escolar desaparece ante este altivo rey de la calle que canta sobre sus zapatos y anillos, y pregunta “¿Adivinen quién está de vuelta?”. Las teclas de John Fossit ponen a bailar en rombo al quinteto. Lo genial de la canción está en ese puente siniestro del sintetizador, que junto a la contorsión del cuerpo de Mars hacen que el mundo se suspenda por un instante, como en una escena de Matrix. “Oh, mierda, soy un hombre peligroso con algo de dinero en mis bolsillos/ Tantas chicas lindas alrededor mío me despiertan el cohete”, lanza Mars ante un público familiar.

“Hola, Argentina”, dice mientras suda profusamente y se toma unos segundos para alzar la vista y observar, como un rey, hasta dónde llegan sus extensiones: son miles y miles de fans que lo aman con devoción. Sigue Treasure, de Unorthodox Jukebox (2012), un funk con guiños disco que tal vez haya sido una de las primeras canciones de Mars en lograr notoriedad aquí. Perm es funk puro y un momento de ataque escénico de Mars, que deslumbra con sus piernas descubiertas y rinde tributo al todopoderoso James Brown. El pastiche de grandes maestros de la música negra sigue con el beat aterciopelado de Calling All My Lovelies, donde Mars toma la guitarra eléctrica y busca agudos imposibles como Prince. Luego le canta a un viejo teléfono portátil, suplicante, y en un buen castellano: “Te quiero mucho, mi chica, mi chica”, mientras busca una aprobación que llega enseguida, en forma de ovación.

Chunky y That’s What I Like forman un tándem notable por su up-beat como por las coreografías de los Hooligans. Versace On The Floor, la canción que Mars eligió para los Billboard Music Awards 2017, es otra cumbre de la noche. Aquí la referencia ineludible es Michael Jackson. En esta balada de alcoba, Mars disfraza una vez más sus bajos instintos (“Me encanta ese vestido, pero ya no lo vas a necesitar”) y se deshace en una interpretación vocal de avasallante técnica y poder emotivo. Eso, sin dejar de ejercitar unos movimientos serpentarios durante el solo de piano de John Fossit.

Después del binomio rocanrolero de Marry You (“Voy a casarme contigo, Buenos Aires”, dijo Mars) y Runaway (donde los Hooligans bajan el volumen hasta lo inaudible ¡para que Mars baile en silencio!), When I Was Your Man terminó por quebrar las represas emocionales del público. La canción, en la que el piano queda en manos del guitarrista Phredley Brown, es la versión tal vez más entrañable del showman hawaiano, la del hombre derrotado y nostálgico cuyo egoísmo hizo que su chica ahora baile con otro. Tal vez por eso el público llore sin explicación aparente.

Ahora que el show está cerca del fin −han pasado también la balada soul Talking To The Moon y la celebradísima aunque ya algo inocua Just The Way You Are−, Locked Out Of Heaven levanta por última vez los pies del suelo con su in crescendo que no lleva a ningún otro lado que el inicio, el pop minimalista de un hombre determinado a ser una estrella. Solo queda tiempo para una ración del mejor funk contemporáneo que se haya escuchado en el país. Uptown Funk es un hit tan perfecto que, aunque todos lo estén esperando, sorprende y encanta como si fuera la primera vez. Bruno Mars no parece estar en conflicto con él ni nada que se le parezca. Por el contrario, parece bailarlo con más energía que nunca, como si necesitara levantar un poco más a un estadio que está en éxtasis. Solo un par de bomberos con sus matafuegos, que entran desde cada punta del escenario, son capaces de detenerlo. Así, entre humo helado y saltos, acaba la noche del sábado dulce y caliente de Bruno Mars.