En su primera autobiografía, Bruce Springsteen analiza sus 67 años de vida al servicio del rock.

Las luces del Hammersmith Odeon de Londres se apagan 45 minutos después de la hora de entrada. Un piano solitario inicia una progresión fantasmal, dejando a un cantante casi desnudo al micrófono para susurrar esas famosas palabras que invitaban a su chica a escaparse juntos de la ciudad. Sobre el escenario hay un grupo de músicos americanos hambrientos de gloria. Se hacen llamar The E Street Band y los empuja un líder monolítico; un veinteañero de New Jersey al que los medios ubicaron a un costado de Elvis, Dylan y James Brown. Es 1975 y el futuro del rocanrol parece tener un solo nombre: Bruce Springsteen.

Pero “El Jefe” no está cómodo. Un litigio con su primer mánager le prohíbe tocar en los Estados Unidos, y se trata del primer show de la primera gira fuera de su país. Para peor, el sello CBS inició una campaña de publicidad masiva que agregó una presión que lo condujo a un mentado ataque de ira. Por eso y otros varios motivos, aquel show funciona como una radiografía: la de una banda en un pico creativo y también escénico, la obsesión y el detalle de Springsteen que olvidó esta grabación por 30 años y la forma en que le costaría domar sus emociones personales.

Ese histórico episodio aparece como una bisagra definitiva en Born to Run, su primera autobiografía editada a sus 67 años. A lo largo de casi 600 páginas, el autor navega su propia cronología a través de memorias increíblemente vívidas que trazan un camino que no deja espacio sin pisar. Desde su infancia como hijo de una familia obrera italoirlandesa a conquistar estadios a través de shows bombásticos con Born in the USA, pasando por los años formativos como un músico de oficio, todo está ahí, al servicio del lector. También están las mujeres, las guitarras, los amigos, los autos, la radio y los sueños de la clase de cuello azul; piezas que son la columna vertebral en la narrativa de sus canciones.

Aunque esta no es una autobiografía común. Sin ser un eximio novelista, Springsteen gana en el campo de la honestidad: sus palabras encuentran un balance justo de análisis de diván, crónica mordaz y celebración de vida. Algunas de ellas más fuertes que otras, como las viñetas que entran y salen sobre la tortuosa relación con su padre, una de las claves principales para entender varios de los combustibles que alimentan al hombre y al artista.

Si bien Born to Run funciona mejor para los fanáticos más acérrimos, en el final es también un testimonio histórico de relevancia; la bitácora de uno de los músicos americanos más celebrados de los últimos 50 años.