A un año de su debut, el proyecto alternativo del guitarrista de Nidos tiene tanta vigencia como proyección. Entre poesía melancólica y pequeñas grandes joyas del pop, este joven y multifacético artista confirma su versatilidad a la hora de pensar su rol con la música.

Alejandro Saporiti es un tipo inquieto, de esos que no paran de pensar en nuevas ideas, formas y experiencias. Como ejemplo concreto de la generación sub-25 que está cambiando el rock argentino desde sus bases, se lo puede ver en su rol de guitarrista de Nidos o como DJ en la fiesta Bresh, esa misma que construyó un por entonces ignoto Jaime James antes de convertirse en Louta. Sin embargo, ninguna de sus facetas tiene un costado tan íntimo e igualmente lúdico como Bröder, un proyecto unipersonal que, a mediados de 2017, publicó un primer disco de esos que se disfrutan más y más con el paso del tiempo, como aquellas bebidas que encuentran la máxima plenitud de su sabor con solo un poco de paciencia y el contexto apropiado.

En medio de la vorágine digital de música nueva todo-el-día-todos-los-días, el debut de Bröder parece haber pasado desapercibido dentro de una revolución cultural (y generacional) a la que honrosamente contribuye. De todos modos, en siete canciones y poco más de 20 minutos, Bröder propone un mundo tan particular como contagioso, capaz de resistir el paso del tiempo con la fuerza de aquellos trabajos que no dependen ni de una tendencia ni de un mecenas presente en el lugar y momento indicado. Escuchar Los túneles puede ser tan revelador como cualquiera de los discos de Babasónicos. Sos tan perfecta linkea directo con Depeche Mode, pero también con Mi Amigo Invencible y esa poesía profunda de las pequeñas situaciones cotidianas. Algo similar sucede con los otros cinco tracks, cada uno a su modo. En un momento en el que las fórmulas se repiten hasta el hartazgo, Bröder llega como una bocanada de aire fresco con una receta infalible: canciones de esas que no pasan desapercibidas.

El secreto parece estar en la simpleza. ¿Qué une a Placebo, Virus, Bloc Party y el Indio Solari? Probablemente, no mucho más que la certeza de que la magia de la música yace en ese todo superior a la suma de las partes. Bröder hace de ese mantra algo propio, y Saporiti experimenta con el formato canción de manera libre pero concienzuda. Invita a Louta porque necesita de su personalidad para decir algo diferente. Aunque también sabe que una guitarra bien puesta o un cambio preciso en la intención de un estribillo pueden quedar grabados en el corazón de cualquier oyente. Con todas las herramientas a disposición, Bröder elige hacerse fuerte desde esos pequeños detalles que conquistan a todo amante del buen pop. Este primer disco es un manifiesto creativo elocuente: nunca subestimar el poder de una música que tiene algo para decir.