A Britney Spears, que finalmente sentó cabeza, presentarse en la ciudad del pecado le brinda paz interior, además de USD 15 millones de ganancia.

Britney Spears tenía apenas once años cuando por primera vez comenzó a pensar en la idea de instalarse en Las Vegas. Era 2003, poco después de haber finalizado Dream Within a Dream, su primer tour por arenas de los Estados Unidos, cuando ella y sus amigas presenciaron una actuación en vivo de Celine Dion, la estrella canadiense que vivía lejos del circuito de las giras. “Me acuerdo de lo lindo que fue, realmente genial, su vestido de gala era grandioso”, recuerda Spears, ahora con 33 años y madre de dos niños, desde su suite familiar en Las Vegas, no lejos de su camarín en Planet Hollywood. “Yo estaba realmente celosa, porque ella podía estar siempre en el mismo lugar, sin tener que viajar. Cobra sentido el darles a tu familia y a tus hijos ese estilo de vida, el tener todo en un mismo lugar”, afirma.

Dion fue una de las pioneras en obtener una residencia en el Caesars Palace. Había sido la primera vez que una superestrella (la cantante, como Spears ahora, tenía 33 años) se instalaba en el desierto en el pico máximo del éxito, desacreditando la idea de que Vegas era un lugar para que las estrellas pop se retiraran. Sus shows en The Colosseum, con capacidad para 4100 personas, movieron un total de USD 493,7 millones según Billboard Boxcore en los primeros diez años, y ayudaron a atraer a figuras como Elton John, Cher, Bette Midler y Shania Twain a la misma locación para una rotación de residentes que en total lograron un ingreso de USD 100.000 millones, según AEG Live.

Las Vegas había cambiado su perfil al momento en que Spears lanzó el show Piece of Me en el Año Nuevo de 2013. En 2003, la ciudad había comenzado a depender menos de los ingresos por el juego y a generar más dinero por parte de la industria del entretenimiento, que ha alcanzado su pico más alto en 2014, generando USD 2,3 mil millones. El boom electrónico-dance de fines de 2000 precipitó el cambio. Una lista de DJ atrajo a un público más joven comparado con las parejas de mediana edad que querían ver los shows de Dion o Cher. 

Spears, que logró 17 éxitos top 20 en el Billboard Hot 100 (incluyendo cuatro Nº 1), ya tenía su cuarto álbum cuando muchos de los que buscan ahora diversión en Las Vegas estaban todavía en la escuela secundaria. “Yo pensé: ‛Si traemos a Britney Spears a esta ciudad, crearemos el típico show previo al juego de apuestas para una determinada audiencia’”, dice Larry Rudolph, el legendario manager de Spears, quien se relocalizó en Las Vegas para trabajar como productor en Piece of Me. El target de ese público incluiría a una Miley Cyrus de 22 años, quien asistió a la noche de estreno con Rudolph y regresó a fines de 2014. “Luego del show, me dijo: ‘No está todo terminado, ¿no? Disfruté cada minuto. Sabía cada palabra de todas las canciones’”, recuerda Rudolph.

Las ganancias reportadas de Spears son de USD 15 millones por año (un promedio de USD 310.000 por show), como parte del acuerdo inicial de dos años, cifra que ni Caesars Entertainment Corp., dueña de Planet Hollywood, ni Rudolph confirmaron. 

Hasta el 21 de febrero, la totalidad de los shows de Britney generaron más de USD 42 millones en ventas de entradas, según Caesars Entertainment. El negocio es sumamente atractivo: un show casi con localidades agotadas en Las Vegas para Año Nuevo por poco duplica la recaudación de uno totalmente vendido de la gira Femme Fatale de 2011 (USD 2,8 millones vs. USD 1,5 millones en el Staples Center en Los Ángeles). Cabe destacar que ya se está discutiendo la renovación del contrato de la exestrella teen hasta 2017

La movida de Britney allanó el camino para que otras divas de la música se animaran a emprender el mismo camino de Spears en Las Vegas. “Todos estuvieron entusiasmados con el show y lo consideraron uno de los grandes hitos de esta ciudad –comenta Jason Gastwirth, VP senior de Marketing y Entretenimientos del Caesars–. Las nuevas generaciones van a asociar a Britney con la creación de este tipo de espectáculos”.

Y así es que Mariah Carey ha anunciado sus planes para su propia serie de shows, Mariah Carey #1, que comenzará el 6 de mayo en The Colosseum, y se rumorea que Jennifer Lopez será la próxima. “Es probable que haya tenido llamados de diez de los managers más importantes pidiéndome consejos para sus artistas –dice Rudolph–. La gente no lo puede creer, los que se encuentran ahora en la cima de los rankings están interesados en Las Vegas. Pero es un formato que no se aplica a cualquier artista. Se necesita un catálogo profundo y amplio, que lo puedan disfrutar tanto parejas de 65 años como asiduos habitué de nightclubs del nuevo milenio. El artista está realizando su show para esa gente y para los superfans al mismo tiempo. Hay muy pocos músicos que tienen la habilidad de agradar a ambos públicos”.

Mientras tanto, Las Vegas le permite a Spears reorganizar su vida personal. Han pasado 16 años desde que … Baby One More Time alcanzara el Nº 1 del Billboard Hot 100. Y desde su escandaloso divorcio con el bailarín Kevin Federline en 2006, Britney ha protagonizado una larga y dolorosa cadena de noviazgos y separaciones. Pero en la actualidad volvió a tener la custodia primaria de sus hijos, Jayden James (8) y Sean Preston (9), y recientemente inició un romance con Charlie Ebersol (32), un productor de cine y televisión. “Nuestra pasión por la vida es similar”, dice Spears sobre su novio.

La rutina de Las Vegas parece sentarle muy bien. Antes de sus shows, se toma una hora para peinarse y maquillarse mientras escucha 1989, de Taylor Swift (“Me divierte mucho ese álbum, la canción Out of the Woods es muy buena”). Luego, se reúne con su equipo y reza. Después, ofrece un meet and greet para 30 o 40 fans, y para todas las celebridades que haya en la ciudad; Lady Gaga pasó en marzo pasado, y Arnold Schwarzenegger la visitó en Año Nuevo. “Eso fue algo raro”, cuenta Spears con una sonrisa.

Durante las semanas en que Britney tiene función, divide su tiempo entre Los Ángeles y Las Vegas. Jayden y Sean van fin de semana de por medio, y Ebersol vuela cada tanto. Más allá de su show, Spears está trabajando en una línea de lencería y, “lento, pero seguro”, está grabando su noveno álbum. “Hay también un montón de cosas ocurriendo con mis hijos, entre la escuela y el agregado de nuevos deportes –dice–. Voy a tratar de hacer lo mejor para tener un álbum asombroso. Pero no es mi prioridad ahora”.