Con 'Ser', su octavo álbum, se convirtió en el artista argentino más vendedor del país. Así, se consolida como productor y encuentra en el amor un aliado para su mensaje transversal.

Cuando a fines de los 90 Axel Patricio Fernando Witteveen entrevistó a Julio Iglesias para Canal 26, no buscaba ser periodista, sino estar más cerca de una oportunidad para colgarse una guitarra o tocar el piano en el escenario que fuera. “Antes era mucho más difícil. Yo era muy caradura y buscaba siempre dónde podía mostrarme”, cuenta. De familia trabajadora y origen inmigrante, forjó una relación rígida con su padre, mientras cantaba canciones de Fito Páez y Alejandro Lerner en cantobares de la costa, boliches y fiestas. Incluso llegó a tocar a la gorra en la calle y en el subte. “La confesión sobre cómo me trataba mi viejo surgió cuando Matías Martin me mostró una imagen de mi infancia –recuerda–. Como no miento ni siquiera piadosamente, cuando surgió esa situación, dije la verdad. A mi papá lo amo como es. Lo llevé a ver la Copa Davis que ganamos en Croacia y después fuimos a Bélgica, de donde es él, y compartimos diez días en los que me dio los abrazos que no me había dado en toda su vida. Fue hermoso e inolvidable. Tengo cero rencor”.

Axel se prepara para uno de los shows más importantes de su vida, el próximo 25 de noviembre en el Hipódromo de Palermo. “Yo soy acción, no reacción”, se define. Esa perseverancia la mantiene intacta a los 40 años. Entre giras, aviones, estudios de grabación y sets de televisión, logró trabajar en las grandes ligas con ingenieros como Michael Brauer (Adele, Coldplay). “Era la segunda vez que trabajaba con alguien de habla hispana. Fue un gran desafío, porque él estudia tu carrera y analiza cómo sos como artista. Estuve con él en los estudios Electric Lady de Nueva York y fue un momento épico. Agradezco lo que está sucediendo y esta oportunidad”.

Axel canaliza el éxito de manera tranquila. “Estoy en un momento muy especial de mi vida en todos los ámbitos. Me siento muy bien profesionalmente hablando y también en lo espiritual, emocional, familiar y con mis amistades. Es un momento pleno. Por eso el título del disco [Ser]. Es una palabra muy fuerte y contundente. Corta, pero que encierra mucho. Representa para mí esa alineación entre lo que siento, lo que digo, lo que hago y lo que pienso. Bajo el amor, bajo la verdad, de acuerdo a mi nivel de conciencia”.

Su búsqueda permanente de una mejor versión lo muestra impregnado de budismo, de coaching ontológico y de las virtudes de los boy scout mezcladas con los clichés del “pibe diez”. “Cada uno se hace una imagen de lo que ve con un acceso parcial. Yo soy un tipo común que deja todo por sus hijos. Hay que aceptar nuestras imperfecciones. El público percibe ʽuno de los buenosʼ. Yo encaro el escenario con mucha responsabilidad y compromiso social –asegura orgullosamente–. Me replanteo muchas cosas. Los ʽismosʼ han hecho mucho daño. Yo soy libre. No soy un iluminado. Si fuera un ser de luz, no estaría acá. Simplemente busco una vida sana”. Vegano, amigo del papa Francisco y defensor de múltiples causas, viene de reunirse con el ministro de Educación de Córdoba, con quien intercambia proyectos. Es la provincia donde vive y que eligió para presentar de manera federal –y simbólica– un nuevo material donde mantiene su perfil de cantautor de baladas melódicas con ritmos nuevos bailables, esta vez urbanos, de claro corte continental. “Los ritmos son más parecidos a los que usa Ed Sheeran que a los de artistas latinos. No creo que uno sea mejor que los otros, simplemente sentí esa vibra. Cuando me senté a jugar con las máquinas, me salió para ese lado y me gustaba más”.

¿Sentís que tenés más reconocimiento de parte de tus pares y del periodismo?

Nunca me pesó mucho la crítica. Hoy, todos, y me incluyo, criticamos a través de las redes. Estoy en un laburo interno de hacerlo lo menos posible. Pero bueno, los que nos exponemos convivimos con eso. Desde Amo, mi tercer disco, empecé a producirme a mí mismo. Aprendí mucho del Chino Ascencio. Hago arreglos con guitarras y pianos. En este disco hasta grabé trompetas. Con el tiempo, la gente te presta atención y ve que no sos un simple intérprete melódico. Encuentra un peso en las letras y en su contenido, que tiene que ver con la familia, lo social y esos mensajes que me gusta dar. El Gardel de Oro que ganamos te lo otorgan los colegas y los periodistas. Ahí me sorprendí, porque siempre los premios eran para el rock o el folklore. El pop estaba mirado con muchas lupas. Lo acepto y está todo bien. Ahora quiero demostrar que no se equivocaron. Innovando, arriesgando y profundizando con la lírica.

¿Qué fue lo que más cambió a tu alrededor en estos 20 años?

Ahora hay una facilidad de hacer música donde sea y grabarla en buena calidad. Además, podés mostrarla a través de una red social rápidamente. Eso nos genera intriga en ver qué hizo el de al lado, retroalimentarnos y aprender. Cambió la forma de grabar. En Ser no hay ni una sola batería tocada. Está todo programado. En eso es moderno, pero por supuesto que le agregué mucha sensibilidad. Nunca dejaré de ser un cantautor. Me puedo sentar en el piano o con una guitarra y defender todo el disco. Con otros arreglos o con otro espíritu, pero puedo tocar el disco entero sin máquinas. Creo que no hay que perder nunca esa musicalidad. Por otra parte, noto algo muy interesante en las nuevas generaciones: son mucho menos de pisar al de al lado. Comparten sus cosas y se apoyan mutuamente. Eso está buenísimo.

¿Y los artistas?

Hoy hay muchos más artistas, por eso los que están más preparados son los que más se destacan. Por supuesto que hay una varita mágica que determina si te toca a vos o a otro. Mirá lo que le pasó a [Luis] Fonsi, con una explosión mundial que disfruto mucho porque tenemos muy buena relación. Lo celebro. Creo que hay que creer mucho en uno mismo, componer, escribir y profundizar. Hoy se pueden aprovechar las redes y capitalizarlas haciendo cosas de calidad.

En la era de las colaboraciones, tu álbum tiene tan solo una sola [Que nos animemos]. ¿Por qué?

Por ahora, porque actualmente uno puede reabrir los discos. No sé si será el último disco de mi carrera que saldrá en este formato. Ahora está la posibilidad de sacar un tema y dentro de tres o cuatro meses lanzar otro. Es verdad que la única colaboración es la de Becky G, que es una fenómena y me ha mostrado todo su talento y generosidad a la hora de laburar. Nunca había venido a la Argentina y vino solo por 24 horas desde Los Ángeles para grabar el video en pleno lanzamiento suyo. Ella es supersimpática y fresca. Igual, el disco va a tener más colaboraciones que irán apareciendo como sorpresas cuando se vayan lanzando los singles. La idea es desarrollar aún más estas canciones.

¿Cómo se construye un hit?

Si tuviera la respuesta, haría hits todo el tiempo [risas]. Igual, no me puedo quejar. Somos el yin y el yang. No hay una razón o una lógica analizable desde lo exacto. Creo que todo suma. El talento, el carisma, el olfato, la calidad y la creatividad. El overol también eh, el laburo. Pico y pala tienen mucho que ver. Pero ninguna de esas cosas te garantiza nada. Hay artistas que han llegado a tener un número uno en un país o en muchos y, sin juzgarlos, por ejemplo, El gato volador [se refiere a la “porquería de canción” pionera del reggaetón a cargo de El Chombo de 1999] estuvo número uno no sé cuánto tiempo y dura solo un minuto. Pero no lo juzgo. Le tocó, lo merece, lo celebro. No hay una fórmula. Es muy difícil. El hit lo termina eligiendo la gente. Yo puedo tener mucho olfato radial, pero no elijo un acorde para eso. Hago lo que siento. Si la gente conecta con tu canción, buenísimo, porque significa que vas a recorrer mucho. Cuando giro por Latinoamérica o España, escucho decir que los panameños son los creadores del reggaetón por El General [se pone a cantar el fragmento “una botella de Coca Cola” de Tú te ves bien buena (1998)]. Lo mismo pasa en Uruguay con el candombe que vino de África. Hay un crisol y un mix hermoso de razas en Latinoamérica que hace que la música sea tan rica. Hay un hilo conductor, una columna vertebral, un folklore desde México hasta Ushuaia.

CNCO con Little Mix, y J Balvin con Major Lazer. ¿Te ves en el mercado anglo representando a los latinos?

Desde Julio Iglesias para acá, gente como Ricky Martin o Daddy Yankee abrió y nos allanó el camino a todos. Me encanta expandir. En este disco hay una canción [Malgre Tout] que tiene el estribillo en francés. Quién te dice que la abramos y hagamos un featuring con un artista de allá o de Bélgica. Stromae me encanta. Es muy posible. Creo que la música de habla hispana tiene otra vez una oportunidad para expandirse, para bañar e inundar el mercado de talento, porque hay una apertura en el oído del mundo, una simpatía por el español. Hay que aprovecharla, sin dudas. Como dijiste, Buenos Aires es una de las capitales culturales del mundo hace muchos años. U2 o los Rolling Stones eligen grabar acá sus DVD. Tenemos un público muy demostrativo, muy arriba. Es un momento de explosión muy interesante para la música hispana.

¿En qué estado están tus proyectos que fomentan a otros artistas?

Estoy empezando a producir. Justo estoy buscando gente para armar dúos, tríos y cosas interesantes. Quiero componer con ellos y compartir mis conocimientos y herramientas. Tengo un estudio de grabación importante y los invito a que jueguen y graben. Si surge algo, tendrán todo mi apoyo para ir hacia adelante. Me encanta buscar nuevos talentos y apoyarlos. Me siento capacitado. Cuando hice La Voz y Elegidos, en Telefé me dijeron que dejara de hablar tanto con los participantes porque no hacía falta. Yo me comprometía mucho con ellos y buscaba que dieran lo mejor. Yo soy productor y por eso produzco mis discos. Dentro de un tiempito bajaré más a tierra lo que ya estamos trabajando con chicos a los cuales les comparto mi experiencia para darles forma a cosas nuevas.