Rock tirante que pisa el punk y exhala el perfume británico de los 90. La banda porteña llegará el 5 de noviembre a Niceto, donde va a adelantar material de su nuevo disco.

Como quien se impone márgenes para explorar la riqueza de un territorio, Autocine visita la fuente inagotable del cuarteto a dos guitarras, el riff cautivante y, claro, la melodía. Editaron su primer LP, Autocine, en 2014, y por estos días están terminando de grabar el segundo en Romaphonic. El single No soy yo fue el primer adelanto y mostró cómo corren las nuevas aguas: revueltas y brillantes, hacia un estilo acabado que resulta de la mezcla justa entre la elegancia y la insolencia; las válvulas en rojo y la invitación al quilombo, pero también la canción por sobre todas las cosas, y el humo confesional.

Las letras de Autocine (Matías Campos en voz, guitarra y teclado, Joshua Oglio en guitarra, Germán Ruiz Díaz en bajo y Martín Blázquez en batería) son crónicas urbanas del hartazgo, la fiebre y la melancolía de vivir en este mundo. Nuevas visiones del amor y la vida en la Buenos Aires misteriosa e inconclusa, la de Signos, Superficies de placer, Piano Bar y Los chicos quieren rock. Los años en el under los vieron pasar por decenas de bares, antros y boliches de Capital Federal, Córdoba, Rosario, Mar del Plata, hasta llegar a los escenarios de Niceto, The Roxy y Groove, entre otros.

Cuando el rock ya no es el fenómeno masivo por exclusividad, quedan, como bien entrada la noche en una fiesta, los que se obstinan en él casi como una necesidad de quemarse con ese fuego definitivo que parece no extinguirse jamás. Que nunca nos falten esos amanecidos.

Si las bandas de rock transitan el pasado hasta llegar a destino, Autocine, en la estación noventas, paró en Pulp y Blur más que en todo el indie estadounidense. Y su primo de los 2000 es el Pete Doherty de fibra Morrissey o Ian Brown. Esa es la estela. Escucharlos en vivo es una buena oportunidad para agitar, oír y conjurar la vida con música.