En la única entrevista que dieron previa a su presentación al Lollapalooza Argentina, hablamos con su bajista Nick O'Malley. El cuarteto regresa a nuestro país para presentar ‘Tranquility Base Hotel & Casino’, un arriesgado –y exitoso– giro con respecto a su predecesor, ‘A.M.’.

Equipo que gana no se toca, es una máxima futbolera que refiere a la estrategia de no realizar cambios cuando las cosas salen bien. Nada podría ser más opuesto para los Arctic Monkeys. Su álbum anterior A.M. (2013), que fue un éxito comercial en ventas y con el cual giraron alrededor del mundo con más de 150 recitales colmados, poco tiene que ver con su nuevo álbum Tranquility Base Hotel & Casino.

El triunfo no fue sólo económico: los críticos celebraron este álbum como un fresco resurgir del rock.  Sin embargo, puertas adentro todo se vivía de manera diferente, según Turner: “Sentía que, aunque los números dijeran lo contrario, al final teníamos menos que al principio”. El agotamiento de la gira y los compromisos familiares fueron algunos de los factores que llevaron a la banda a frenar y tomarse las cosas con calma. Demasiada calma, cinco años de pausa.

El regreso tuvo un punto de partida muy diferente a todos los discos anteriores: lejos de las guitarras, todo comenzó con un piano (regalo de un amigo por sus 30 años) en la casa de Turner. “Trabajar con el piano inmediatamente me trasladó a un lugar diferente. Surgieron acordes y mis dedos empezaron a caer sobre diferentes lugares. Los sonidos me dieron todo tipo de ideas nuevas”. El resultado fue Tranquility Base Hotel & Casino, el álbum más ambicioso de Arctic Monkeys hasta la fecha.

En conversación telefónica con el bajista Nick O’Malley, hablamos del presente de los oriundos de Sheffield a nueve días de presentarse en el dia dos del Lollapalooza Argentina. La campera de cuero quedó en el placard y sacaron a relucir sacos beige, pantalones de vestir y zapatos. La gomina rockabilly se acabó y la reemplazaron por la elegancia del crooner.

Hasta hace un par de semanas estuvieron girando alrededor del mundo con Tranquility Base Hotel & Casino, un disco muy diferente a los anteriores. ¿Cómo fue la experiencia en el escenario?

− Hasta ahora es genial, a nuestros fans parecen gustarles las nuevas canciones. Al principio tuvimos que pensar cómo íbamos a hacer para que los nuevos temas encajen con los viejos en un mismo recital, con la puesta en escena, las luces, pero finalmente todo encajó sin problemas.

¿Tuvieron que hacer ajustes a las versiones de las viejas canciones?

− Un poco si, las canciones viejas son más como un ‘darle para adelante fuerte’. Cuando tocamos una vieja en el recital es más o menos como tomarse un break, porque no lo tenemos que pensar mucho, nos sale fácil: las nuevas tienen muchas capas, partes extras. Hacerlas en vivo es un poco más desafiante, termina siendo una buena mezcla.

El piano fue el principal instrumento de Alex para componer este álbum. ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones cuando escuchaste las grabaciones hechas con piano?

− La primera vez que lo escuché estaba muy entusiasmado, yo soy de los que disfrutan y creen que cuando empezamos a trabajar en un nuevo álbum, tiene que ser diferente a lo que hicimos en el pasado. Es importante que cada disco tenga su personalidad; es mucho mejor que tratar de repetirlo y hacer la misma cosa una y otra vez.  También hubo gente alrededor nuestro que lo escuchó y decía: “¿Qué es esto? Eso no suena a los Arctic Monkeys. ¿Cómo va a funcionar?”. Pero para mí fue motivante y me gustó desde el comienzo, creo que algunas canciones son de lo mejor que Alex haya escrito.

Además fue arriesgado el viraje, porque ustedes venían de un sonido que tuvo un gran éxito comercial con A.M.

− Lo sé, pero si siguiéramos haciendo lo mismo sería aburrido para nosotros, eventualmente le iba a parecer aburrido a nuestros fans. Así que preferimos este cambio de dirección. Siempre nos gustó la exploración y pensar en cuál puede ser el siguiente paso.  

Recientemente Alex dijo que se sentía incómodo con algunas letras del pasado. ¿Es algo que hablaron como banda, sobre esa perspectiva?  

− Totalmente, estamos de acuerdo en eso. Son canciones que escribimos hace 15 años, éramos personas totalmente diferentes. A los 18 tenés una mirada diferente del mundo y de la vida. Es extraño estar cantando en este momento de nuestras vidas sobre pubs, chicas o boliches. Eso no tiene más sentido para nosotros.

Este álbum abre con la frase “I just wanted to be one of The Strokes, now look at the mess you made me make // (Yo solo quería ser uno de los Strokes, mirá el desastre que me hiciste hacer)”. Es un gran resumen de su pasado y su presente.

− Así nos sentíamos cuando empezamos, The Strokes era una banda que nos gustaba mucho, y éramos parte de ese sentimiento. “Sería genial tener una banda y ser como los Strokes, grandes y exitosos” era algo que deseábamos mucho y finalmente lo conseguimos.

¿Si pudieras viajar en el tiempo, qué consejo le darías al pequeño Nick O’Malley de 16 años?

− Probablemente le diría que no se preocupe mucho por lo que piensan los demás. Que solo disfrute la vida y no se fije en lo que los demás dicen o piensan.

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