Los pioneros del math rock en la Argentina pavimentaron el camino para que el género se afianzara en el despliegue de una escena local que funciona como pequeño colectivo.

Cuando Archipiélagos comenzó a esbozar ideas hace unos cinco años, el math rock en la Argentina era un género prácticamente desconocido, lo más próximo había sucedido hacía más de una década con la breve movida emo articulada desde el sello Sniffing. Archipiélagos fue la punta del iceberg para que el math rock se desarrollara en Buenos Aires como una pequeña escena cada vez más fortalecida por agrupaciones como Dislexia Free y Hungría (con quienes comparten un split), Malviaje o Diente de Oro (con quienes editaron un vinilo), entre otras. Ciertas simetrías estéticas y la amistad llevaron a que orquestaran entre todos el festival Anomalía, donde se celebran el género y sus variaciones, con una convocatoria cada vez mayor, que también devino pequeña discográfica.

Archipiélagos consigue resaltar los elementos clave del math rock, el emo de Chicago y el skramz: años de escucha hicieron que todos los integrantes que pasaron por el grupo tuvieran un dominio absoluto sobre sus instrumentos y sobre cómo interpretar un estilo que exige una gran precisión, ya sea por las rítmicas, los arpegios anudados o el tapping a dos manos en el caso de las guitarras. Actualmente, Archipiélagos es Brian Duffau en bajo, Diego Fraga y Facundo Fritzler en guitarra y voz, y Sebastián Ayala en batería. Con esta formación grabaron su nuevo EP, titulado Guermantes, donde una vez más rinden homenaje a su nombre: cada instrumento se aprecia como una isla que parece funcionar según su propia lógica individual, pero todos responden a un núcleo en común, como encastres que edifican una idea. El EP de dos canciones y un interludio cuenta con intromisiones de trompeta de Santiago Nerone, un guiño a bandas como American Football.

Archipiélagos se rige desde una idea fija, la de componer canciones inteligentes bajo las reglas rígidas de un estilo. Se trata de una banda de género puro, con la suficiente sabiduría como para no moverse un solo milímetro de su propuesta, lo cual para los amantes del estilo es un acierto.