La cantautora española (exvocalista de La Oreja de Van Gogh) presenta su cuarto álbum como solista, Nacidos para creer: "Al final, en un disco, siempre te desnudas, pero esta vez lo hago con intención. Es un striptease".

Antes de subir al avión que la llevaría a México para continuar con la promoción de su nuevo álbum en Latinoamérica, Amaia Montero –cuya bienvenida a la industria mundial de la música fue como cantante de La Oreja de Van Gogh, grupo que abandonó en 2007– visita la redacción de Billboard. Trae bajo el brazo su cuarto LP como solista, Nacidos para creer, producido en gran parte por Martín Terefe (Jason Mraz, James Morrison y KT Tunstall) y con la ayuda de Benjamín Prado en la mayoría de las letras. Su hermana Idoia también participó en la escritura de algunos temas.

Montero se planta en el campo de batalla. Después de golpes bajos de la prensa amarillista, que anunció “la transformación de la cara de Amaia Montero” y la castigó por su actuación en un concierto de Cantabria –algunos medios, incluso, la acusaron de haber salido borracha al escenario–, la cantautora española está lista para el contrataque. ¿Su arma secreta? Las letras de sus canciones.

“Nacidos para creer” responde a las críticas del último tiempo. Más allá de que fue un momento duro [ella misma lo describió como “el peor de su carrera”], ¿funcionó como aprendizaje?

-De aprendizaje en el sentido de ver cómo es el mundo y en qué nos estamos convirtiendo. Las redes sociales, por ejemplo, son una herramienta muy valiosa, pero también crea un libertinaje, que no es libertad: es más peligroso que eso. Además, parte de la prensa se está dejando llevar por informaciones que no son ciertas. No pretendo gustarle a todo el mundo y nunca lo he pretendido, pero todos nos equivocamos alguna vez. Incluso Bob Dylan. Me han castigado mucho. Si van a decir algo así de grave al menos que chequeen que sea verdad.  Me han criticado muchas veces, sobre todo en mi país. Lo que ocurrió en Cantabria fue que se produjo una bola de sonido, yo no escuchaba la batería y no podía seguir el ritmo. Imaginate que me olvidé la letra de “La playa”, que la he cantado un millón de veces. Durante muchos años no he respondido nada porque siempre pensé que esa era la mejor opción. Pero ya no quiero callar, es una falta de respeto hacia mi trabajo: mi respuesta está en la canción, y creo que todos nos podemos sentir identificados con eso. ¿A quién no le pasó que hablen de uno sin saber? Al fin y al cabo, “Nacidos para creer” es un ajuste de cuentas.

¿Quiere decir que es una especie de venganza?

-Les cierra la boca a los que hablan a sus anchas. Pero también homenajea a las personas que me acompañaron en las buenas y en las malas: Manolo García, Vicente Amigo, Benjamín Prado, mi hermana Idoia. Estoy harta de los que se esconden detrás de un huevo duro, es mera cobardía.

¿A la mujer se le perdona menos?

-Claro. Si una llega soltera a los 40 es como que ha fracasado, pero un hombre en la misma situación es un campeón. Si una mujer engorda es realmente un problema, pero si le sucede al hombre no hay tal crisis. Los medios salieron a hablar en el 8M de que hay que respetar a la mujer, pero después me valoraron solo por mi físico. Yo soy música, soy cantante, soy compositora, pero que me reconozcan como tal es mil veces más difícil que si fuera hombre. De lo primero que hablan es de algo tan banal como mi cara o mi maquillaje.

La imagen de la torre Eiffel aparece mucho en el disco. ¿A qué remite?

-Hay una frase que dice “Morir de amor es vivir de pie”. París es mi ciudad preferida, es la ciudad del amor y su símbolo es la torre Eiffel. La idea de que sea el ícono del álbum la tuve en Londres, y allí decidí que la canción “Mi Buenos Aires” sea grabada en París. Era muy obvio grabarla en Buenos Aires. En su ciudad viví seis meses, por una gira, hace dos o tres años. Originalmente iban a ser tres meses, pero se extendió. Y la experiencia fue maravillosa. Es una especie de tributo.

La música en español está avanzando a pasos agigantados, gracias al impulso del trap, el reggaetón y el crossover de artistas de distintos géneros. ¿Te arriesgarías a hacer una colaboración de ese tipo?

-Creo que no. Las cosas se ponen de moda y es como que todo el mundo dice “Vamos a hacer esto”. Sí he hecho “La enredadera”, por ejemplo, que es medio flamenco. Incluso, colaboró  Vicente Amigo, el mejor guitarrista de flamenco. Ese género me parece un arte en sí mismo, tan puro, tan pasional. Lo reconocen más en Japón que en España. Pero por más que no sea mi onda, siento cierta familiaridad. Tienes que hacer las cosas que puedas defender. Pero nunca por moda. Además, a lo largo de mis 22 años de carrera, la industria ha cambiado mucho. Y yo no me adapto a ella. Cada vez que saco un disco todo es distinto, pero mis reglas son siempre las mismas.

¿Cómo fue la grabación en Londres?

-Increíble, y muy distinta a lo que conocía. Elegimos Kensaltown Recording Studios [allí grabaron Adele, Lana del Rey, Arcade Fire, The National, Coldplay, Beck, Backstreet Boys, Cat Stevens, Erykah Badu, entre muchos más]. Martín Terefe es un productor brillante. Grabamos en directo todos juntos, fue muy orgánico. Los discos por lo general se graban de a partes: primer la batería, luego bajo, pianos, guitarras. Esto fue como sesiones en vivo. One take. Lo hicimos en casi un mes, pero yo estuve componiendo como dos años y medio. Me lo tomo con tranquilidad. También grabamos un poco en Madrid, en los estudios Montepríncipe.

¿Te interesa tener un hit?

-¡El hit siempre sí! Sin embargo, hay épocas que estoy más metida en las cifras. Con este disco no, yo ya sentí que había ganado antes de que saliera. Estoy contenta con la evolución de mi trabajo. No me preocupa tanto tener un Nº1. Si estás pendiente de eso, no lo disfrutas.

¿Qué escuchabas mientras componías? ¿Quisiste inyectar algo de eso en el disco?

-Cuando compongo no escucho música, estoy creándola. Así que no tengo muchas influencias. Hay un poco de todo: “Mi Buenos Aires” es más electrónica, “Me equivoqué” tiene una intro punk, “La enredadera” es flamenco, “Nacidos para creer” es pop, “Ave Fénix” es rock… No creo que necesariamente tenga que haber un hilo conductor, pero todas coinciden en que es un álbum de mensajes fuertes.

Es una de tus obras más introspectivas.

-Muchos dijeron que es un desnudo emocional, pero yo creo que es un striptease.  Al final, en un disco, siempre te desnudas, pero esta vez lo hago con intención. Cuando ya llegas a una edad y dices ciertas cosas, es más desafiante, provocador.