El vocalista presentó como solista su EP, Barilari X3. Volumen 1, que contiene la reversión del clásico de U2, “Todavía no encontré lo que estoy buscando”; “Sur”, de Aníbal Troilo y Homero Manzi, y su canción “Egoman”.

El cantante de Rata Blanca, banda con la cual grabó un total de ocho álbumes, lanzó su nuevo trabajo: “Un pack de canciones que ahora hay que seguir por las plataformas. Es lindo sacar algo para la gente en estos tiempos de pandemia loca, con todos asustados en nuestras casas”.

¿Es conocido que cantás tango desde chico?

Sí, lo primero que empecé a cantar fue tango. En la vida fui aprendiendo de rubros y aristas musicales, pero de chico cantaba tango porque en casa se consumía mucho tango y para mí era un juego. Mi tío, que tocaba el bandoneón, me fue guiando y enseñando y con el tiempo fui aprendiendo de qué se trataba y que realmente es algo que nos identificó a los argentinos y a los porteños toda la vida. Hoy está devaluado, desvalorizado, y de alguna manera, con el tiempo quiero darme el lujo de cumplir lo que le prometí a él cuando era pibe: grabar un disco de tangos. Se dio la oportunidad, no la quería dejar pasar, me siento con autoridad para hacerlo – no sé si bien o mal, el público dirá – pero hicimos un trabajo digno. Canto tangos clásicos, de aquella época: Gardel, Julio Sosa, Cobián, Cadícamo. Me di el gusto, uno de ellos va a salir en este pack junto a una canción dorada de las que hice en 2007 y junto a uno de mis temas de los cuatro discos solistas de hard rock. Feliz porque están hechos en vivo, los grabamos así. Se ensayó, se enchufó, 24 canales y salimos. Es en vivo. Se mezcló en el momento y todas las fallas son para darle a la gente una calidad de audio de esa época. Y también se filmó. Está bueno porque son distintas bandas: una de rock, una de rock/pop y una de tango. Hubo que ensayar y laburar bastante para hacerlo, pero sabíamos que íbamos a darle ese uso y la gente de Pelomusic dio la oportunidad de presentarlo así.

¿Sos un laburante de la música?

Vengo de un rubro difícil. El metal nacional siempre fue complicado, más en los 80s. Para abrir el paso había que remar, invertir, trabajar. Se trabajó mucho para eso y yo fui parte de eso: invertir, dormir poco, ensayar mucho, viajar, no ganar y perder, ganar poco. Es un trabajo, una inversión lo que se hace. Con los años te das cuenta que es la única forma, al menos en Argentina. Ir para adelante, lograr el sueño, ponerle pasión, hacer buena música, buenas canciones, respetar al público, mostrarse como uno es. Es un aprendizaje de muchos años: todos los días tenés que hacer un poco y cada vez mejor.

Heavy metal, hard rock, punk… son géneros que siempre la tuvieron difícil, ¿pero una vez que llegan se ganan el corazón de la gente?

Eso es real, porque uno va cosechando lo que siembra. Todo lo que hicimos hasta hoy es para ganar más público, Empezamos por Argentina, seguimos por Latinoamérica, después nos fuimos para Europa, más allá, Estados Unidos, se fueron abriendo puertas. Pero eso es el trabajo, si uno no pone el lomo y el tiempo, morís en el intento.

¿En qué momento te diste cuenta de tu talento en la voz?

Mi mamá es la fan número uno. Ella incentivó mi carrera desde muy chico, me llevó a la televisión, insistía. Mi hermano, mi viejo, mi familia: si estoy acá es por ellos. Es muy importante que la familia apoye un sueño. Al principio era un juego, no un sueño. Después sí se convirtió en algo que quería hacer: grabar discos, tener bandas. SI no era por ellos, no me daba cuenta, quizá abandonaba. De adolescente me di cuenta que quería cantar un poco más, hice de todo, canté folklore, canté melódico, todo lo que se me puso adelante que yo me animaba a cantar, yo lo hacía: era un aprendizaje. Fue un aprendizaje de 30 años de tocar, rodar, meterse en bares, pegar afiches para que vayan 20 personas como mucho. Es un laburo, ahí me di cuenta que era lo que me gustaba.

Qué importante el apoyo de la familia…

Fui un privilegiado. En esa época, los padres que veían a sus hijos con una banda no les gustaba, decían que vayan a estudiar. Había que invertir plata y tiempo. Mis viejos me apoyaron, yo nunca dejé de estudiar, pero en los tiempos libres invertía tiempo en la música. El fruto lo fui viendo de a poco.

¿Cuánto laburo hay en la voz?

Lo mío es un don. Creo que tuve la suerte de nacer con el oído afinado y una voz privilegiada. Esto vino puesto y agradezco que haya sucedido. Hay gente con buena voz y sin oído y gente con oído y sin buena voz. Yo vine con el combo y esa fue la posibilidad que me dio de hacer esto. Es un don, por eso tuve la suerte. Podría haber sido cualquier otra cosa, pero tengo que reconocer que los que me rodearon vieron en mí la posibilidad y me apoyaron: familia, amigos. Todos me apoyaban. “Seguí, seguí, seguí”, quizá no pasó nada, pero seguí. Esa insistencia hizo que yo esté en el lugar indicado por el 89’ con Rata Blanca, donde me di cuenta que a los sueños hay que perseguirlos.