Con su nuevo álbum, "Wilder Mind", Mumford & Sons abandona los instrumentos folk por un sonido para grandes estadios tipo U2.

Los Ángeles, con su bullicio y descontrol, ofrece una serie de bares muy distintos a los tranquilos y amigables pubs que la banda inglesa Mumford & Sons frecuentaba en su tierra natal. El único refugio que encuentran un martes a la tarde, entonces, es un bar privado al que se ingresa con membresía. “Cuando te dedicás a beber en una ciudad, después se convierte en un hábito beber allí –dice el frontman, Marcus Mumford (28), con risa traviesa–. Es por eso que no me gusta tomar en L.A. por mucho tiempo”.

En un lugar del angosto espacio, el equipo de managers de Mumford se acomoda alrededor de una larga mesa, planeando la puesta en marcha del tercer álbum de la banda, Wilder Mind, que fue lanzado el 4 de mayo.

Mumford se acurruca bajo los rayos de sol, con la pierna izquierda estirada, ya que se la lastimó durante un partido de fútbol reciente. El guitarrista Winston Marshall (26) está sentado en un sofá dándole la espalda a la vista panorámica de la ciudad. Están vestidos casi idénticos, con sacos sport hechos a medida, camisas azul Oxford con el cuello abierto y jeans negros ajustados. Marshall, con sus rulos largos hasta los hombros y su físico delgado con look de rockstar, parece haber salido del concierto de El último vals, la despedida de The Band que filmó Martin Scorsese en 1976; Mumford, con su cabello cortado en los costados, zapatos náuticos, sin medias y su físico robusto, parece haber salido del film De mendigo a millonario.

Al momento de este reportaje la banda está por brindar dos recitales secretos que sirvieron de ensayo en el cercano The Roxy, una locación pequeña según los estándares de Mumford, pero que fue hogar de los shows históricos de algunos de sus héroes, como Bruce Springsteen. Están perfeccionando una lista de canciones nuevas de tonadas groovy, como The Wolf, segundo corte del álbum. (El single líder, Believe, ha acumulado más de 5 millones de visitas en YouTube). Luego de dos años de trabajar en Wilder Mind, estos shows son el primer adelanto del nuevo sonido del grupo. 

Nuevo sonido

Es difícil pensar en otra banda moderna que haya cambiado tan radicalmente su estilo como lo ha hecho Mumford & Sons. En cada una de las nuevas pistas, la batería es tocada por Mumford, quien empezó como percusionista cuando era adolescente, o por el productor de Wilder Mind, James Ford, más conocido por su trabajo con los Arctic Monkeys. Marshall ejecuta un repiqueteo épico de su guitarra eléctrica mientras que el tecladista Ben Lovett (28) explora texturas profundas y el bajista, Ted Dwane (30), es parte de una sección rítmica real. No es ni folk ni folk-rock: es puro y ambicioso rock a la escala de U2. “Estábamos con ganas de hacer algo diferente desde hace tiempo, y encontramos el momento justo –comenta Mumford–. Bueno, quizá sea un poco tarde. Porque somos una banda con una carrera similar a la de los Beatles en términos de años, y este es recién nuestro tercer álbum”.

Con Wilder Mind, el grupo finalmente llegó a un lugar completamente nuevo. “Nunca hubo una discusión manifiesta sobre los sonidos, la dirección o la inspiración”, dice Dwane. Cuando el grupo comenzó a hacer el disco, lo que los miembros trajeron de forma individual ya parecía estar en el nuevo modo. “Estábamos todos en el mismo juego –dice Lovett–. La percusión vino inmediatamente”.

Escrito durante los viajes entre Nueva York y Londres, Wilder Mind trae el espíritu de las dos ciudades. Es también el primer álbum donde los cuatro miembros contribuyeron con canciones de su propiedad, y además todos colaboraron en las letras de alguna canción. La música proviene de variados lugares emocionales y geográficos. “Las historias son crudas y activas –dice Lovett– más que nostálgicas o retrospectivas”.

Esa noche, Mumford & Sons sube al escenario para tocar 11 de las 12 pistas de Wilder Mind por segunda vez en L.A. Según se dijo, la primera noche no estuvo tan buena, había una multitud muy bulliciosa durante los momentos más tranquilos. Pero esta noche, todo irá bien. Para el momento en el que las luces se expandan con The Wolf el lugar vibrará en una frecuencia especial que solo ocurre cuando las grandes bandas tocan en lugares pequeños. Se siente como un regreso a casa. O como dijo Mumford más temprano ese día: “Adoptamos los instrumentos acústicos. Con los instrumentos eléctricos crecimos”.

Extracto de la nota publicada en la edición de junio de Billboard Argentina. Para suscribirse: suscripciones@billboard.com.ar

Fotos: AUSTIN HARGRAVE