Acostumbrado a los grandes desafíos, y mientras prepara un nuevo álbum de estudio, el creador de “Cien años” encara el proyecto más ambicioso, quizás, de toda su carrera. Se trata de ‘Universo Paralelo’, un espectáculo con sus mejores canciones, acompañado por una orquesta sinfónica de cincuenta músicos, y que tendrá lugar los próximos 21, 22 y 23 de noviembre en el Movistar Arena.

“Es la primera vez que encaro un concierto en Buenos Aires sin estar ligado a la presentación de algún álbum o a la celebración del cierre de una gira. Y también es la primera vez que hago un show totalmente conceptual, al punto tal que comenzó siendo un sueño con el objetivo de cambiar el paisaje musical de lo que hago siempre: cantar mis canciones pero, en lugar del acompañamiento de una banda pop rock, hacerlo con una orquesta sinfónica. Esto implicó no sólo arreglar los temas para la ocasión sino sincronizarlos con la puesta en escena para dar como resultado un espectáculo integral y mucho más grande de lo que imaginé en un principio. Estoy muy contento porque el público respondió muy bien y muy rápido a esta propuesta que es totalmente distinta a todo lo que hice. Sin dudas, es una experiencia maravillosa, de mucho trabajo pero sobre todo de mucho aprendizaje”.

Con estas palabras, Abel Pintos expresa sus emociones ante este nuevo desafío que le depara su ya consagrada trayectoria. Después de colmar espacios como el Teatro Opera, el Luna Park, el estadio Obras, el Único de La Plata y River, el artista oriundo de Bahía Blanca se prepara para presentarse los próximos 21, 22 y 23 de noviembre en el flamante Movistar Arena con Universo Paralelo, un espectáculo que recorrerá lo mejor de su repertorio (más algunas sorpresas) en formato sinfónico y en compañía de un total de cincuenta músicos. Esta serie de conciertos tan especiales y ambiciosos le permite al creador de “Cien años” separar etapas y comenzar una nueva, que tendrá su puntapié inicial durante el año próximo con la edición de su esperado nuevo álbum de estudio que ya se encuentra en plena elaboración. Todo este período lejos de los escenarios fue aprovechado además para componer y empezar a pensar en la idea de publicar un libro. Aunque confiesa que esto último es algo a largo plazo. Ahora su cabeza está ciento por ciento enfocada en los conciertos sinfónicos.       

– ¿Sos consciente de tu expansión por fuera de la Argentina en medio de un contexto tan favorable para la música en español y con tantas colaboraciones dando vueltas?

– Sí. Ese es un trabajo muy consciente que hemos venido haciendo desde el principio. Durante varios años el circuito de festivales me brindó muchas oportunidades de generar una fuente de trabajo muy grande desde la que yo después pude producir mis primeros shows propios. Yo siempre les dije a mis productores y a la compañía discográfica que necesitaba hacerme fuerte en ese recorrido y respetarlo mucho a través del tiempo antes de salir a darme a conocer en otros países. Eso nos obligó a crear una estrategia de buscar espacios durante el año para cumplir con los compromisos locales y también ir a otros lugares. Eso siempre lo tengo presente. Pero siento que todo se ha vuelto más global con los cambios que la música ha experimentado, en particular con los modos de consumirla, producirla y editarla. Todo esto acercó a artistas de distintas partes del mundo y, más allá de su género musical y de sus pocos o muchos años de trayectoria, los colocó a todos en un mismo nivel de audiencia y protagonismo. Y eso me parece buenísimo.

– En ese sentido, ¿sos de enviarle un mensaje a algún artista consagrado y que no conocés personalmente para trabajar juntos?

– Sí, de hecho en la elaboración de mi próximo álbum de estudio hice un poco eso. Yo había escrito unas veinte canciones y pensaba que ya estaba todo listo para encarar el nuevo disco. Sin embargo, confeccioné una lista de autores y compositores, muchos de ellos también cantantes, con los cuales desde hace muchos años soñaba con componer en conjunto. Esa lista se la entregué a mi compañía discográfica y a la productora con la que suelo trabajar y ambos me ayudaron a contactarme con esos artistas. Me parece una forma más seria y profesional de establecer esas relaciones. A mí me gusta hacer colaboraciones cuando siento una conexión real con el otro artista. Y eso es lo que ocurrió, por ejemplo, con Tommy Torres.

– Generaste un gran ida y vuelta con España. ¿Lo ves así?

– Eso lo atribuyo a que fueron muchos los músicos españoles que dieron cuenta de mí a la hora de llegar allí. Me sorprendió mucho que artistas locales que yo no conocía hablaban de mí en las entrevistas y eso, sin dudas, ayudó. De todos modos, esa generosidad y buena onda creo que existió siempre entre los dos países, más allá de mi caso particular. Una de las cosas que descubrí estando en España es que el rock argentino influyó mucho más de lo que pensaba en el rock español. Generaciones y generaciones empezaron a componer o a lookearse de determinada manera porque sabían de Andrés Calamaro, Fito Páez, Charly García o Gustavo Cerati.

– ¿Te interesa la vorágine actual de edición de singles considerando que a nivel digital tus fans suelen consumir tus álbumes completas en lugar de temas sueltos?

– Lo pienso pero no lo analizo mucho. Creo que el público, en mi caso, elige escuchar un disco completo porque yo soy un músico que se hizo en el vivo. Mucho antes de la era digital y de que mis álbumes comenzaran a vender muy bien, yo ya venía haciendo muchísimos shows con una cantidad importante de público. Entonces, esa gente se acostumbró a escuchar veinte temas míos de un tirón porque así lo vivían en los shows. Por eso creo que se manejan de esa forma con las plataformas digitales. De todas maneras, yo siempre encaro mi trabajo de un modo conceptual. El tema de la edición de singles o de un álbum completo se lo dejo a la discográfica. 

– ¿Es una presión saber que llegaste muy alto como artista?

– No. La presión tiene que ver habitualmente con la mirada del otro o con lo que uno supone de esa mirada del afuera. Es un mecanismo extraño de la mente que suele jugarnos muy malas pasadas. Entonces, cuando advertí que podría tratarse de eso, empecé a hacerme fuerte en desarrollar las cosas porque lo deseo y no porque sé lo que el otro espera de mí.

– ¿Dónde quedó el folklorista teniendo en cuenta que, de un tiempo a esta parte, en tus shows pasás por diferentes climas y estilos musicales?

– En la raíz de todo eso. La mayoría de las canciones que compongo tienen una estructura folklórica porque es el primer pulso que tengo. Después viene la etapa de producir que, para mí, es como un laboratorio muy divertido. Ahí es donde me doy cuenta si determinado groove tiene que ver o no con el pop o si queda mejor con otra textura. Y así van quedando. Aunque después sé que, con el paso del tiempo, las voy a reversionar, como en este espectáculo (se ríe).