Semanas después de lanzar su álbum "You Want it Darker", el legendario poeta, compositor y cantante se fue para dejar un legado invaluable de libros y canciones.

“Me etiquetaron como un intelectual de la canción”, observaba Leonard Cohen durante los tempranos ochenta. “Pero siempre traté de tener hits.” Cohen, que murió ayer a los 82 años, nunca tuvo uno de esos. Pero el poeta, compositor y cantante generó una enorme influencia como una especie de laureado de la música pop.

La muerte de Cohen fue anunciada con un mensaje en su cuenta oficial de Facebook el jueves: “Hemos perdido a uno de los músicos más reverenciados y a un visionario prolífico”.

Durante su inducción al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2008, Lou Reed dijo que Cohen está entre los “más altos y más influyentes escalones de compositores.”

Nacido en Quebec, Canadá, Cohen creció en una familia de clase media con fuertes raíces judaicas. Su abuelo matero era un erudito talmúdico, mientras su abuelo paterno fue el fundador del Consejo Judío de Canadá. Su padre, Nathan Cohen, un comerciante de telas, murió cuando Leonard tenía nueve años. Cohen empezó a estudiar la poesía de la música de muy joven, practicando el clarinete. Pero al crecer empezó a enfocarse en la escritura, y cursó en la Universidad McGill. Publicó su primer libro de poemas, Let Us Compare Mythologies, y su primera novela, Beautiful Losers, en 1966.

El cover que Judy Collins hizo de su tema Suzanne fue un éxito, lo que motivó a Cohen a empezar su carrera discográfica a los 33 años. El sello Columbia lo contrató y lanzó en 1967 Songs of Leonard Cohen, el primero de sus 13 álbumes de estudio. Sus singles no alcanzaron el chart de Billboard –su estilo no encajaba con los gustos del mainstream pop- pero las masas empezaron a prestarle atención en 2012 con Old Ideas, que alcanzó el N° 3 del Billboard 200, y con Popular Problems (2014), que debutó en el N° 15.

Fue el autor de canciones como Chelsea Hotel –el recuerdo agudo de un breve pero intenso encuentro sexual con Janis Joplin- de So Long, Marianne y de Dance Me to the End of Love; o de composiciones netamente políticas como First We Take Manhattan y Democracy.

“Nunca elegí un estilo que fuera deliberadamente oscuro”, le dijo Cohen una vez al Entertainment Weekly. Pero incurrir al costado más complejo de la psiquis fue un recurso al que llegó naturalmente. “Siempre me veo como cayendo a pedazos”, le dijo a Rolling Stone. “El lugar donde sucede la evaluación es donde escribo las canciones, donde llego a ese lugar en el que no puedo ser deshonesto con lo que estuve haciendo.”

Empezó a practicar budismo a mediados de los 70 y pasó un tiempo entre 1994 y 1999 recluido en un monasterio de California, como asistente personal de su maestro, Kyozan Joshu Sasaki –una experiencia que derivó en una colección de poemas de 2006, Book of Longing.

Sus relaciones románticas incluyeron a Marianne C. Stange (la musa de So Long, Marianne), la artista Suzanne Elrod –con quien tuvo a su hijo Adam y asu hija Lorca-, la fotógrafa Dominique Issermann y la actriz Rebecca De Mornay.

Después de sus años en el monasterio, Cohen retomó su carrera musical con Ten New Songs. En esos años, descubrió que su amigo cercano y manager de muchos años, Kelley Lynch, le había robado todos los ahorros y los derechos de sus canciones en una de las estafas más grandes de la historia de la música. En 2008, Cohen volvió a salir de gira, dando shows aclamados y registrados en numerosos discos.

“Quizás volvió al ruedo por razones financieras, pero él empezó a amar eso realmente”, dijo Roscoe Beck, su bajista durante décadas. “Él sabe que hay una audiencia que quiere verlo, y él disfruta del estilo de vida. Ama los cuartos de hotel. Ama la camaraderie de una banda. Se siente cómodo estando en el escenario, y lo podés ver en sus performances. Fue increíble haber sido parte y testigo de eso.”

Durante su carrera, Cohen ganó cuatro premios Juno y un Grammy, e incluso recibió un reconocimiento por su trayectoria de vida en 2010. Además de entrar al Salón de la Fama del Rock, también lo hizo en el de los Compositores, tanto de Canadá como de Estados Unidos; recibió el Premio Príncipe de Asturias junto a otros premios literarios y honorarios de universidades. Fue nombrado Caballero de la Orden de Canadá en 2011, el reconocimiento más alto que puede recibir un ciudadano en aquel país.