Con 'Their Satanic Majesties Request', The Rolling Stones se acopla de manera absoluta a la experimentación reinante en 1967, un camino que había iniciado a inicios de ese mismo año con 'Between the Buttons'.

Con The Rolling Stones es donde para muchos comienza la estética definitoria del rock and roll. La identidad de “chicos malos” fue planificada desde la astucia de su mánager, Andrew Loog Oldham. La estrategia fue algo similar a la que utilizó Peter Meaden con The Who al convertirlos en íconos de la subcultura mod. Ambos grupos eran demasiado inquietos como para quedarse estancados en un concepto que podría haber terminado con sus carreras. En el caso de The Rolling Stones, su corrimiento fue algo tardío: recién con Aftermath, de 1966, presentaron un repertorio íntegramente de su autoría.

Ese impulso pareció llevarlos a esquivar los caminos ya transitados por sus coetáneos y reinventarse lo más rápido posible: en enero de 1967 publicaron Between the Buttons, uno de los primeros esfuerzos de la temprana psicodelia y del pop barroco en el que Brian Jones muestra su capacidad innata frente a un arsenal infinito de instrumentos que incluye el xilofón, el banjo, diversos de viento y el piano, además de la guitarra eléctrica.

El álbum también puso punto final a su relación con Oldham, que había producido todos sus trabajos hasta ese entonces. Their Satanic Majesties Request, lanzado el ocho de diciembre de 1967, fue la primera obra producida por el grupo y es, sin lugar a dudas, uno de los discos más polémicos de los Stones. Tuvo opiniones lapidarias; por ejemplo, la de Jon Landau para Rolling Stone: “Fueron demasiado influenciados por bandas inferiores, y el resultado es un disco inseguro en el que se esfuerzan mucho en probar que ellos también son innovadores y que tienen algo nuevo para decir. El álbum es estropeado por la mala producción”.

Otro de los factores que hunden a Their Satanic es la eterna comparación a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, disco bisagra que moldeó el sonido del resto de aquel año. De todas formas, la obra de los Stones no viene a funcionar como antítesis del disco de los Beatles. Las comparaciones –que se mantienen hasta la actualidad– probablemente se deban a la similitud de las portadas: mientras The Beatles se presentaban como integrantes de una orquesta apócrifa, los Stones se muestran como extravagantes brujos. Lejos de una burla o de tratarse de “la versión Stone del Sgt. Pepper’s”, el juego de las tapas se reduce a un simple gesto de fraternidad y amistad. Es por eso que Their Satanic merece su justo revisionismo: ser reivindicado. Quizás no como una obra pilar de The Rolling Stones, pero sí como un ejercicio de época: Jones volvió a experimentar con instrumentos hasta entonces poco tradicionales para el rock, como el mellotrón, el saxo, el arpa y el dulcémele, entre otros, lo que daba unos timbres particulares que elevaban la obra, como dice Napier-Bell, “de mera música de guitarras”.