A tres décadas de su lanzamiento, el álbum debut de Guns N’ Roses sigue vigente como el último gran disco de hard rock. Su sonido agresivo y sus vidas caóticas les otorgaron el título de “la banda más peligrosa del mundo”.

Guns N’ Roses es un grupo mucho más complejo de lo parece. Fueron vanagloriados como la última banda de verdadero rock pesado y a la vez, ninguneados por sus poses de rock de estadio que a fines de los ochenta e inicios de los noventa estaba demodé. Su carrera fue vertiginosa y breve, pero su éxito se mantiene hasta la actualidad, sin perder vigencia en las casi dos décadas que separan los últimos dos lanzamientos de material original −desde Use Your Illusion (1991) a Chinese Democracy (2008)−. Appetite for Destruction fue responsable de ese éxito desmedido que los catapultó a la cima, quizás demasiado pronto si se contempla cuánto podían aguantar sus egos y personalidades; pero hatsa llegar a ese punto de victoria prematura, hay que repasar sus primeros pasos.

El conjunto liderado por Axl Rose estaba ubicado en el medio de dos mundos: por un lado, Los Ángeles desbordaba de grupos de glam metal, una relectura tardía de un género británico que apenas se había desarrollado en Estados Unidos, pero que había tenido algunos pocos actos populares como Kiss. Este nuevo resurgimiento había permitido que otras agrupaciones como Twisted Sister, oriundos de Nueva Jersey, tuviesen su merecida revancha, mientras que Mötley Crüe, Warrant, Ratt, Poison y otros llenaban anfiteatros con shows en donde la música, en algunos casos, era eclipsada por la parafernalia de fuegos artificiales, luces y otras distracciones visuales. Sin embargo, los antros del Sunset Strip donde aquellos grupos se habían formado seguían vigentes a mediados de los ochenta, y nombres como The Trobadour, The Roxy, The Marquee, Whisky A Go Go y Rainbow pasaron a la historia del underground del hair rock.

La contraparte de esta escena plástica, desde el punto de vista comercial, fue el hardcore, con Black Flag como representantes esquivos del género o bandas como Minutemen, que se veían atraídas por un sonido más funk. A mediados de los ochenta, estas bandas angelinas se dieron cuenta que no estaban solas: su intención y estética se encontraban diseminadas por todo el país, ya fuesen los Hüsker Dü desde Minnesota o Buttholes Surfers desde Texas; pero era en Seattle, Washington, era donde la escena estaba realmente consolidada y donde el metal y el punk convergían de una manera particular que terminó definiéndose como grunge.

De todas maneras, los inicios estaban algo hermanados: en 1981, Black Flag publicó su primer LP, el inolvidable Damaged, mientras que Mötley Crüe lanzó de manera independiente Too Fast For Love −al año siguiente fueron fichados por Elektra y remezclaron y regrabaron algunas partes para darle un carácter más comercial−. El glam metal y el hardcore siguieron su camino, convocando cada vez más seguidores y expandiéndose en sus diversas ramificaciones estilísticas −el grunge fusionaba el punk con ciertos elementos del metal y hard rock en grupos como Soundgarden−. Guns N’ Roses, por su parte, se articulaba entre medio de ambos mundos para configurarse como el último eslabón del hard rock de los setenta. Su sonido era agresivo y respondía a los riffs bluseros del género, pero con una impronta más salvaje heredada del punk. Inlcuso, hacia el final de su carrera, grabaron The Spaghetti Incident?, un álbum donde evidenciaban su background punk rocker con covers que iban de New York Dolls, Misfits, Fear, Uk Subs y Stooges, entre otros).

El surgimiento de Guns N’ Roses se dio mediante la combinación de L.A. Guns, que lideraba el guitarrista Tracii Guns, y Hollywood Rose, conformada por Axl Rose y el guitarrista Izzy Stradlin −ambos provenientes de Lafayette, Indiana−. No obstante, en 1985, la formación clásica del grupo se organizó con la inclusión del guitarrista líder británico Slash, del baterista Steven Adler y del bajista Duff McKagan, oriundo de Seattle, en donde había pavimentado el camino como integrante de los nombres punks más importantes de la ciudad: The Fartz, Ten Minutes Warning y The Fastbacks.

Hacia 1985, previo al lanzamiento de Theatre of Pain, el cantante de Mötley Crüe, Vince Neil, se paseó ebrio en su Jaguar junto a Razzle, baterista de Hanoi Rocks, un acto que desencadenó un accidente que tuvo como consecuencia el fallecimiento del finés y la disolución del grupo que había funcionado como inspiración del hair metal. En esa situación de inestabilidad es que apareció Guns N’ Roses en el mapa.

Casi de inmediato a constituirse, iniciaron una fallida gira por la Costa Oeste, pero su insistencia en el circuito del Sunset Strip les hizo su merecido renombre inicial. El reconocimiento prematuro también se debió en parte a su mánager Vicky Hamilton, que no solo se encargaba de organizarles fechas, sino que cobijaba en su propio hogar a los cinco jóvenes desempleados.

La actitud belicosa del grupo, sumada a su sonido furioso y fresco en relación al glam, y comercialmente viable a diferencia del hardcore, llamaron rápidamente la atención de David Geffen. Hacia fines de 1986, publicaron su primer lanzamiento, el EP Live?!*@ Like a Suicide, desde su propia subsidiaria, Uzi Suicide. El título es capcioso: la obra fue registrada en un estudio con la superposición del ruido de una audiencia para que parezca una presentación en vivo. Estaba constituida por cuatro composiciones: dos covers −uno de Aerosmith y otro de Rose Tattoo, una banda similar a AC/DC, pero sin la misma popularidad− y dos propias −Reckless Life, un acelerado punk rock, y Move To The City, de carácter más blusero y con una sección de vientos−.

Tras este primer lanzamiento, Guns N’ Roses se volcó a grabar su álbum debut, Appetite For Destruction, publicado el 21 de julio de 1987. Las polémicas surgieron desde el primer instante: la portada original consistía en una ilustración del artista low brow Robert Williams, que mostraba a una vendedora siendo atacada sexualmente por un robot motivado por una especie de diablo. Las tiendas se negaron a comercializar el disco y una nueva portada surgió para las siguientes ediciones: la famosa cruz celta con las calaveras que representan a cada uno de los integrantes. La nueva imagen fue hecha por Billy White Jr., a partir de ideas que tenía Rose para un tatuaje que se haría en su brazo. La incorporación de elementos celtas fue idea del ilustrador, como homenaje a Johnny The Fox, álbum del grupo irlandés de hard rock Thin Lizzy.

Appetite For Destruction tuvo la paciencia de Mike Clink en la producción, que acompañaría al grupo en el resto de sus trabajos. Los matices vocales de Axl Rose podían hacer que las canciones tomaran diversas improntas, y fue un arduo trabajo de estudio encontrar las tomas perfectas con potencial para el hit. La apertura con Welcome To The Jungle los muestra aguerridos, pero en sintonía con el slaze rock que predominaba en aquel entonces, para dar lugar a It’s So Easy y su inolvidable inicio con el bajo (fue el primer single del álbum).  Las letras, en muchas oportunidades, retrataban su vida caótica en los peores antros de Los Ángeles: Nightrain era un homenaje al vino barato que tomaban, mientras que Mr. Brownstone es una referencia a la heroína; My Michelle y Think About You intentan ser de alguna manera canciones románticas, para luego arremeter con una fuerte dosis de machismo en You Are Crazy, un salvaje punk rock. Terminan con Rocket Queen, que contiene gemidos reales registrados en el estudio, frutos de la infidelidad de la novia del baterista Steven Adler con Axl Rose.

El video de Welcome tu the Jungle sirvió para que la banda ganara mayor atención, sumado a la extensa radiodifusión que comenzó a tener el single. En ese entonces, todavía se lo podía ver a Rose con un intento desesperado de imitar a su héroe Michael Monroe de Hanoi Rocks, con el pelo batido y varias capas de maquillaje.

Luego, Sweet Child O’ Mine los mostró como una banda que podía dar lugar a la balada sensible sin descuidar la intromisión de un solo desgarrador; Paradise City fue el tercer corte audiovisual, compuesto por imágenes de la banda en vivo. En esa trilogía, el grupo logró posicionarse como el nuevo gran fenómeno del rock ‘n’ roll.

Appetite for Destruction fue uno de los discos debut más vendidos de la historia: hasta la actualidad se suman mas de treinta millones de ejemplares. Pese a su descomunal éxito y su talento compositivo, resulta tristemente llamativo que Guns N’ Roses no haya desarrollado herederos musicales, mientras que agrupaciones como Nirvana, R.E.M., Pearl Jam e incluso U2, sí. De esta forma, se evidencia que su sonido fue el final de una era del rock ‘n’ roll que comenzó con Jimi Hendrix y agrupaciones como Blue Cheer, Grand Funk o AC/DC, y en la que el mundo buscaba algo más simple y menos extravagante. La masividad del grunge y de la idea del rock alternativo como escape fue lo que dilapidó este modelo de grupos, pese a que la movida de Seattle simplemente ocupó su lugar.