Está orgulloso por las ocho nominaciones a los Premios Gardel 2020 y no puede disimular sus ganas de ganar “al menos una” estatuilla. Está feliz con el reconocimiento de una nueva generación de fans y tiene ganas de iniciar la grabación de un segundo volumen de “Lebón & Co.” lo antes posible.

Por Santi Torres y Marcelo Fernández Bitar

David Lebón pertenece a ese puñado de pioneros del rock argentino que siguen vigentes y no viven solo de un glorioso pasado. Su presente es tan poderoso que hace pocas semanas encabezó junto a Wos la lista de nominaciones a los Premios Gardel: Álbum del Año (Lebón & Co.), Canción del Año (por “Mundo agradable”), Grabación del Año, Mejor Ingeniería de Grabación, Mejor Album Artista de Rock, Mejor Diseño de Portada, Mejor Canción de Dueto/Colaboración y Productor del Año.

Sobre el final de la fase más estricta de la cuarentena, David charló por Zoom sobre este merecido reconocimiento, recordó la época en que a Serú Girán le decían “Los Beatles argentinos” y contó su relación con Dios. Habló con humildad y modestia, pero sin desconocer el lugar ganado en el panorama local tras cinco décadas de carrera que incluyen discos como solista y con La Pesada, Pappo’s Blues, Color Humano, Pescado Rabioso, Polifemo y Serú Girán.

“¡Creo que si tengo ocho nominaciones tengo que ganar al menos uno!”, comentó entre risas sobre el inicio del reportaje. “Ya estoy contento y feliz por la fiesta y lo que significa, más allá de quién gane o quién no gane. Yo me gané algo que no existe y que muy pocos pueden ganar, que es el amor de la gente. Tengo un público maravilloso que entiende todo y somos como un espejo. Con ellos siempre hay un trato muy amigable y nunca tuve ninguna discusión ni me gritaron nada. Hay mucho respeto y eso me encanta, porque en octubre cumplo 68 años y a veces soy un señor medio cascarrabias, algo que nunca fui antes, pero tal vez llegó el momento de defenderme de algunas cosas, porque tengo muchos recuerdos y vengo de los años ’60”.

¿Estás disfrutando de este reconocimiento?

¡Absolutamente! ¿Sabés lo que me gusta de esto? Que una de las cosas que me están pasando es que mi ego está como saliendo. Es como que yo mismo, David, se cansó del humilde. Me parece que la experiencia que tuve en Argentina fue maravillosa. ¡Qué suerte que me quedé! Por eso creo mucho en el destino y no en nuestros planes. Podemos hacer un plan después que el destino nos hizo sentir que vamos a hacer algo, pero es muy difícil de la otra manera. Y jamás imaginé que me postularan así. ¡Ojalá estuviera mi vieja acá! Ni siquiera fui abanderado en la escuela, entonces siempre quiero ganar algún premio. En Los Ángeles con los Grammy me sentí un poco triste porque no entiendo lo de los premios. Quizás ya esté acostumbrado a las dos cosas: a fracasar y a ganar. Y fracasar no significa que es para siempre, porque si perdemos un partido ganaremos el próximo. Estoy muy feliz y muy agradecido con Sony; tengo un amor muy grande con toda la gente que trabaja ahí, con Damián, Sergio, Nacho y un montón de gente. Y tengo una banda y equipo hermoso que tiene mi camiseta puesta y me cuida y respeta.

¿Te volviste a juntar con la banda cuando se abrieron los protocolos y las salas de ensayos?

¡No, todavía no! ¡Me quiero matar! Hablamos por teléfono, pero a mí el teléfono me hincha un poco las bolas porque no te ves. El otro día hablé con el Negro Colombres y le pregunté si ya estaba blanco (risas). Los extraño mucho. Los extraño porque nos conocemos y sabemos jugar el juego. Si fuéramos futbolistas ganaríamos los partidos porque sabemos lo que tenemos que hacer. Y lo mejor que pudimos hacer fue poner un productor para hacer Lebón & Co., así nosotros hacíamos lo que sí sabemos hacer, que es tocar y dejarse de joder con esa mano de pedir que la viola suene en el medio de los auriculares. ¡Eso no se escucha y el técnico se vuelve loco! Grabá una buena canción y te va a ir bien. Me acuerdo que cuando tocábamos con Pappo hacíamos lo que queríamos, tocábamos y no nos importaba el sonido. ¡Lo que nosotros queríamos era tocar! No nos importaba si nos estaban grabando y si después eso iba a salir o íbamos a ganar plata. En cambio en esta era es casi todo por plata, y a veces la plata tapa al sentimiento y te pone contento creer que esos billetes te van a llevar a algún lugar. Pero se terminan.

Uno creería que el volumen dos podría tener a Eric Clapton o gente así, ¿no?

Nosotros pensamos en algo así, pero lo estábamos produciendo nosotros y traer a alguien era complicado y no teníamos bien aceitado grabar por máquinas. Ahora me animaría a que Patricia le escriba una carta a Keb Mo, que es uno de los que me encantaría que venga. O que grabe en su casa y mande la pista. ¡Clapton me encantaría, me volvería loco! Como Hendrix no está, el segundo en la lista es Clapton. Hendrix era el primero para mí cuando era más chiquito. Ahora que lo estoy escuchando a Clapton me doy cuenta que es Dios, como le dicen. Es un inglés que es un blusero de Memphis, una cosa rarísima. 

Clapton tiene vínculo con Santaolalla ¿Cuál es tu vínculo con Santaolalla?

Somos amigos de épocas pasadas, de Arco Iris, y somos amigos ahora. Nunca hablamos de música. Me encanta que estas preguntas tocan temas que nosotros pensamos, como pedirle a Gustavo hacer algún proyecto juntos. Pero estoy muy feliz con Gabriel Pedernera como productor. Es como invisible, porque no te dice nada y de pronto volvés al control después de tocar la viola y escuchás y te das cuenta que el tipo sabe. No hace falta pedirle nada ni hacer lo que yo hacía antes cuando grababa, que decía “Poneme el sonido acá” y el tipo te miraba y no entendía nada. Ahora todas esas cosas han cambiado y Gaby además como baterista es un Bonham. ¡Y las chicas ni hablar! Estoy loco con ellas. Les digo “Seruca” porque siempre estamos juntos y nos queremos mucho. 

Siempre me sorprendió que se dijera que Serú Girán eran “los Beatles argentinos”, porque tal vez se le ven otras influencias musicales, como King Crimson o Supertramp o Steely Dan. ¿Qué recordás de la primera vez que escuchaste esa frase y qué significa para vos hoy?

Cuando lo escuché por primera vez, y esto tómenlo con pinzas, me pareció una tontería. Creerse eso me pareció una tontería total. Pero la comparación de Serú con los Beatles fue linda para la gente y fue algo súper-respetuosa y súper-hermosa porque el pueblo elije, no hay vueltas que darle, y esta vez eligió bien. Estoy muy orgulloso de nuestro público argentino, todo, el de la cumbia, la bachata, el trap… todo. Todos estamos probando, y eso significa que estamos vivos y le estamos dando para adelante. Igual cuidémonos, porque necesitamos que mucha gente no se vaya, ¡por Dios! Ya se fueron muchos de mis amigos, y los extraño y a veces me siento solo.

De todas formas haberlos comparado con los Beatles es el máximo elogio.

Sí. El amor que hay por los Beatles en todo el mundo es insuperable aún al día de hoy. El otro día vi a Ringo en su cumpleaños y realmente me morí de la emoción, aunque no abra la boca y se quede parado y te mire, porque significa mi crianza. ¡Cualquiera de los Beatles me significa muchísimo! Lo rico para mí siguen siendo todos. ¡Yo escucho a los Beatles ahora y todavía no hay ningún grupo que les rompa el culo! ¡¡Ninguno!! Vos escuchás “Martha my dear”, el tema que le hizo Paul al perro, y escuchás lo que es la producción de George Martin, el tema en sí y las melodías. En cambio escucho a Red Hot Chili Peppers y me encantan, pero cada tema se parece al primero que hicieron. ¡Las melodías que tienen son muy parecidas! Eso es algo que los Beatles nunca tuvieron. Y una cosa que fue muy grande de los Beatles es que me enseñaron a hacer temas de todo tipo, desde “Michelle” hasta “La felicidad es un revolver caliente”, desde “Ob-la-di ob-la-da” hasta “Helter skelter”. ¡Hay para todo! Yo aprendí eso: hago canciones que son baladas que a la gente le encantan, y después están “Suéltate rock’n’roll” y un montón de rocks. Incluso le digo “rock” a “Noche de perros”, porque hay temas que son pesados y tienen una carga de amor o de tristeza de amor, pero siempre de amor. 

Tu temática es el amor…

Sí. El amor, la felicidad y que la gente esté bien. Porque nosotros nacimos con nuestra mente vacía y todo lo que aprendimos lo aprendimos en este planeta. Y cuando empecé a acordarme en este tiempo que el diablo es más sabio por viejo que por diablo, me pareció que es verdad. Yo estoy muy bien y voy a insistir. Estoy muy feliz con lo que me va a pasar, en un momento muy difícil en que mucha gente no se da cuenta y sigue boludeando. No estoy enojado con ellos y los entiendo porque soy claustrofóbico y hace dos meses que estoy acá encerrado. Entiendo que quieren salir a jugar, pero apareció esta pelotita con orejitas y tenemos que acostumbrarnos a que estas cosas puedan pasar. Están en las escrituras y el que cree en las escrituras debe estar cagado hasta las patas, porque es como el Apocalipsis. La gente se asusta porque la mente no sabe del futuro y ni sabe lo que es el mañana. 

Si no hubiera aparecido esta “pelotita con orejitas”, ¿qué estarías haciendo, un nuevo disco?

Sí, seguramente estaríamos grabando el segundo disco. Íbamos a arrancar en mayo, no sabíamos muy bien con qué idea, pero ahora ya nos decidimos, aunque no se los voy a decir. Va a ser una cosa divina y creo que va a ser un seguimiento de lo que está pasando conmigo y confío en el que sabe más, que está dentro mío, que soy yo mismo pero una parte mía a la que no le doy bola, que es la inspiración. Hoy en día está bastante complicado para inspirarse, pero tengo eso muy fuerte dentro mío. Como al flaco Charly, me vienen melodías. No las grabo, sin embargo me quedan en la cabeza. Lamentablemente no estudié música así que no puedo escribir en un bar la melodía que se me ocurrió, pero no importa. Creo que tengo melodías y más temas que vienen de la época que estaba en Miami, la época de Mendoza y acá.

En los últimos años cada tanto aparece Serú Girán, como si fuera la nave de “Encuentros cercanos…”, ya sea tocando en el Colón o presentando la reedición de “La grasa de las capitales”. ¿Hay algún plan charlado o se juntan simplemente cuando pintan las ganas?

No hay nada charlado. O sea, hubo charlas pero no hace falta charlar para tener los ojos abiertos. Si tenés los ojos y el corazón abierto te vas a dar cuenta que Charly todavía está preparándose para el momento de grabar. Todavía le falta hacer algunas cosas del hospital, por la cadera, la pierna y el tema motriz. Todo eso ya se fue y él está cada vez mejor. No le gusta mucho hablar por celular porque le tiene miedo, pero el otro día hablamos. Le pasó lo mismo con la tablet, el iPad, que tenía en el hospital y la rompió, pero después le cazó la onda, se compró once y ahí hizo el disco Random, que está bien cantado, afinó muy bien. Yo sé el esfuerzo que él hace, porque anduve por ahí y es muy difícil vivir así y trabajar así. Quizás es divertido por momentos, pero la vida normal es mucho más hermosa. La vida con abrazos, charlas, asados y recitales es hermosa, y olvidarse de las penas de una vez por todas. Ya vendrá alguien que arreglará todos estos problemas, aunque yo tal vez no lo viviré. Siempre dije que este mundo no fue creado para problemas y por eso no hay soluciones. ¡Este mundo fue creado para amar! Hay comida para todos y sin embargo en todo el mundo estamos rompiendo supermercados para sacar comida de adentro. Estamos todos un poco cucú.

Hay canciones de Serú que son súper progresivas y temas tuyos que son muy simples. ¿Cómo es para vos determinar cuán simple o compleja debe ser una canción? 

No te enojes conmigo, pero no lo sé. Viene de adentro, de un lugar que sé que es mío, que me lo prestaron hasta que me vaya de acá. Me prestaron este cuerpo, me prestaron esta vida y me prestaron lo que tengo adentro. Es mi idea y juego con el universo. Y nos espera un camino hermosísimo en el futuro, yéndonos de acá. Todo el mundo habla del infinito y por supuesto que existe, pero hay que tener paciencia. El otro día me di cuenta, patente, que el primer peldaño para subir a una casa es la paciencia. Y después la fe, por si no hay otro escalón más arriba y te vas a la mierda. (risas)

En tus shows tocás “Copado por el diablo” y en algunas respuestas hablás de Dios. ¿Cómo es tu relación con Dios? ¿Qué es para vos lo intangible, sos creyente? 

Para empezar, todas esas preguntas no me las hago porque sino me muero antes de contestarlas. Lo que sí te puedo decir es que yo y mi papá, Dios, nos llevamos muy bien. A veces me enojo con él y a veces se enoja conmigo y me hace sentir que no es para la derecha sino para la izquierda, o al revés. No te podría explicar cómo es, porque está dentro mío eso. Y aunque me corte el pecho con un cuchillo no vas a ver lo que me está enseñando y lo que me pasa adentro. Si no te veo hace mucho y te doy un abrazo, a mí se me hincha el pecho y te voy a mirar a los ojos y se me va a caer un lagrimón. Cuando vi a Rino y Juan después de 40 años y tocamos “Suéltate” sin ensayarlo, me morí. ¡Hacía años que no me reía tanto en el estudio! Yo antes estaba siempre duro en el estudio y con cara de orto por mis dramas personales o incluso musicales, porque las otras bandas que tuve no sonaban como ésta, salvo la que tuvimos con Héctor y Rapoport y Colombres hace mucho tiempo atrás. Ahora me gusta esto y me gusta todo lo que está pasando. 

¿Vos eras premi en los años ’70?

Yo sigo siendo premi. Te explico, porque cuando vinieron acá todos empezaron a usar palabras hindúes y se hacían los cancheros. “Premi” quiere decir “Amante de Dios”. Así que no es algo que fui y después dejé de ser. Sigo siendo amante de Dios hasta que me muera. ¡Y cada vez más! Cada vez tengo más contacto interior: cierro los ojos y siento que hay un mundo adentro mío que no he mirado mucho y es muy hermoso. Todos los días miro unos videos que manda Prem Rawat (antes conocido como el gurú MahaRaj Ji) durante este “lock-down”. Es él en la casa hablando con nosotros, así que sigo ahí al mango. 

¿Te sentís un canal, un mensajero de Dios y del amor?

Yo tengo un servicio que hacer. Tocar nunca fue un trabajo para mí. En La Pesada ni siquiera me importaba cobrar porque solo quería tocar y ser famoso. Estaba metido en otro mundo mientras estaban sucediendo otras cosas. Lo mismo cuando me secuestraron: yo venía de tocar en el Luna Park y de repente vinieron cuatro tipos de traje negro y me llevaron a un lugar donde me recagaron a trompadas, me picanearon y me hicieron de todo. Después de eso me temblaban las patas cada vez que veía un Falcon. La gente de mi edad hemos pasado de todo. Muchos se fueron a España y a otros lugares porque tenían miedo de que los maten, pero tuve suerte que no me mataron y estoy acá.