Cinco amigos de Zona Norte encuentran la clave para hacer música progresiva y confortable sin resignar el beat.

Al hablar de Luis Alberto Spinetta, a menudo se deja en segundo plano la carga erótica de parte de su música. Aquellos discos de JadeSexo!) o canciones de Silver sorgo Pan trasladan la lírica spinetteana a un terreno casi libidinoso donde las atmósferas sintetizadas van extinguiendo la gravedad y elevando a un plano espacial las voces y los instrumentos de cuerda. Una emulación sonora de la pasión amorosa. 1915 podría ser una banda spinetteana en ese sentido; una revalidación del legado sensual del Flaco, prefigurado en un jazz rock que no desatiende el poder melódico de las canciones.  

Surgidos del embrión que Cruz Hunkeler (guitarra y voz líder) y Jeremías Alegre (batería) concibieron en el Colegio Nacional de San Isidro, el grupo fue trajinando la escena de la zona norte mientras curtía el sonido de HuevoBandalos ChinosRoman Thundercats al pie del escenario. A la inclusión de Federico Penzotti Norzi (teclados, sintetizadores y coros), Alejo Freixas (bajo y coros) y Gonzalo Casalinuovo (guitarra) le siguió la incorporación de Seba Morel como productor permanente, una figura a todas luces decisiva para delinear el sonido de 1915 y acercar algunas fuentes de inspiración, como el jazz avant-garde de Flying Lotus. De ese momento de mutación son dos EP caseros de mediados de 2014. 

La preproducción de Dual (2016), su primer álbum, también tiene un halo spinetteano: como aquellos primeros Invisible aislados en una quinta de General Rodríguez, el paraje de Santa Coloma, cerca de Baradero, fue el contexto geográfico que incubó la primera piel de 1915. “La casa del abuelo de Jeremías está en el medio de la nada, en el medio del campo y sin vecinos a su alrededor. Fue un viaje que nos marcó fuertemente, no solo en la música y el sonido, sino también en las historias y anécdotas que nos llenan de los mejores recuerdos”, dice Cruz Hunkeler.

Lo que surgió de allí fue un disco que se define en su eclecticismo, su variedad emotiva y su fina consistencia. El grupo sostiene la temperatura del groove, merodea el funk y se sumerge en el space-pop y en la ensoñación sintética del dream sin restricciones, con una voracidad estilística que recuerda a los pioneros del krautYa no sé qué hacer, el sencillo que lanzaron en junio, los muestra más pendientes del beat y predispuestos a atacar la pista de baile con guitarras rifferas y punzantes, como en una trasmutación de Prince & The Revolution.