Las malas campañas de marketing o los caprichos de la industria hicieron que estos diez discos de colección fueran subestimados por la historia de la música moderna.

El debut de la psicodelia

13th Floor Elevators – The psychedelic sounds of the 13th floor elevators (1966)

Hasta 1966, la palabra psicodelia todavía no había sido aplicada a la música. Roky Erickson la introdujo por primera vez en The psychedelic sounds of the 13th floor elevators, el primer bocado de un picnic de álbumes psicodélicos que coparon las disquerías en la segunda mitad de la década. Un título largo, muchos colores y la notoria influencia del ácido lisérgico. ¿Te suena? Sí, A Paul McCartney lo inspiraría luego para Sgt. Pepper’s. Pero todos estos condimentos estaban sustentados por la música, una acertada composición de garaje y folk, lo que daría forma a un nuevo subgénero: el acid-rock

 

Miguel Ángel es rock

The David – Another day, another lifetime (1968)
Podría aplicar perfectamente para un concurso sobre las peores tapas de la historia del rock, pero más vale recordar a Another day, another lifetime por sus cualidades innovadoras desde lo musical. Desde Los Ángeles, un grupo de ignotos músicos homenajeaban a Miguel Ángel haciéndose llamar The David y grabaron este único disco para luego ser invitados al ostracismo. La notoria influencia de la música clásica en su líder, Warren Hansen, combinada con los sonidos garajeros de los teclados y las guitarras fuzz, crearon una pieza de culto que bien podría ser catalogada como rock barroco.

Palabra de Noel Gallagher

The Left Banke – Walk away Renée / Pretty ballerina (1967)
Cuenta la leyenda que, en una de sus visitas a la Argentina, el exlíder de Oasis pasó por una disquería y se llevó un disco recopilatorio de esta banda gracias a la insistente recomendación del vendedor. Hoy en día, Gallagher cita a The Left Banke como una de las bandas que lo marcaron para siempre. Motivos no le faltan: Walk away Renée / Pretty ballerina exhibe las enormes virtudes de Michael Brown en la voz y en los teclados. Es un disco de melodías dulces, con arreglos vocales exquisitos y la inclusión de instrumentos de cuerda. Con sólo 18 años, el neoyorkino compuso su obra cumbre con esta banda que al año sacó su segundo disco y al poco tiempo se disolvió.

Rock sin marketing

Bubble Puppy – A gathering of promises (1969)

¿Alguien que busca rock compraría el disco de una banda que se llama Bubble Puppy? Si no fuese por esta desavenencia marketinera, quizás estos texanos hubiesen sido más reconocidos. Con solo dos temas como Hot smoke and Sasafrass (llegó al N° 14 del Billboard Hot 100) y I’ve got to reach you, el disco ya merece ser escuchado. Aun así, el resto de A gathering of promises acompaña sin pasar desapercibido, y navega entre condimentos progresivos, hard y hasta música árabe.

Garaje psicótico

Count Five – Psychotic reaction (1966)
Demasiado se habla del punk y muy poco de su figura paterna, el rock garaje, que supo convidarnos piezas inolvidables como este disco de “los cinco condes”. Comandado por el hit que le da nombre (N° 5 en el Hot 100, en 1965), el álbum es un ejemplo más de lo mucho que se puede hacer con pocos acordes. Dos impecables versiones de los Who (My generation y Out on the street), sensualidad rockera en She’s fine y en The morning after y canciones que fueron allanando el camino para que después el punk se llevara todos los créditos.

Oh, Margo…

Margo Guryan – Take a picture (1968)

Rockeros intransigentes, abstenerse. Almas sensibles dispuestas a endulzar sus oídos con melodías susurradas, tengan muy en cuenta el único disco pop que grabó esta compositora antes de abocarse de lleno al jazz y a sus clases de piano. Escuchar Take a picture equivale a rozar los dedos sobre una superficie aterciopelada. Una vez que lo hayan hecho, pueden buscar a Margo Guryan en Facebook, que ella es una señora mayor activa en esta red social.

Fapardokly – Fapardokly (1967)

Difícil clasificar en un género a esta rara excelencia que emergió desde la costa oeste de Estados Unidos gracias a Merrel Fankhauser, un cantante y compositor olvidado que hoy pasa su tiempo investigando ovnis. No es de extrañar que uno de sus temas –Music scene– apuntara contra la industria musical, porque Fapardofly fue un fracaso rotundo en ventas, si bien encontró su lugar en el culto gracias a su fina mezcla de psicodelia, folk y pop.

El Pet Sounds inglés 

Billy Nicholls – Would you believe (1968)
Después de su corto pero intenso trabajo como mánager de los Rolling Stones, Andrew Oldham emprendió en Londres una carrera como productor discográfico fundando el sello Immediate Records. Mal no le fue, porque grabó con bandas exitosas como Small Faces y Humble Pie. Después de escuchar Pet sounds, de los Beach Boys, Oldham intentó emularlo con un trabajo ambicioso para el cual eligió a un tal Billy Nicholls. A pesar de ser una delicia barroca, fue un fracaso comercial y hoy es prácticamente inconseguible. En el álbum colaboraron John Paul Jones en los arreglos y Steve Marriott componiendo dos temas.

El pop del amanecer 

Sagittarius – Present tense (1967)

Otro disco del que los rockeros acérrimos deberían mantener distancia. Otra demostración de que el pop fue originalmente un género que mantenía un cuidado especial por las armonías vocales y no era todavía una etiqueta para definir a los sonidos comerciales. Present tense es una de las grandes maravillas creadas por Curt Boettcher, el cantante, compositor, productor y referente del llamado sunshine pop. Este subgénero de melodías cuidadas e inocentes nació como contrapeso de la canción de protesta popularizada por Dylan. En el currículum de Boettcher también figura haber trabajado junto a Brian Wilson en Beach Boys.

La ópera prima 

The Pretty Things – S.F. Sorrow (1968)

Pete Townshend se inspiró en esta genialidad inglesa para hacer Tommy con los Who, porque aunque pocos lo citen, S.F. Sorrow es la primera ópera rock de la historia (si hablamos de pop, el título se lo lleva The story of Simon Simopath, de la banda Nirvana, en 1967 –nada que ver con la de Kurt Cobain–). The Pretty Things incursionó en el blues rock en sus inicios, pero hacia esta época fue seducido por las mieles del pop psicodélico, y así es como el álbum oscila entre los diferentes estilos. Una curiosidad: uno de los fundadores del grupo fue Dick Taylor, el primer bajista de The Rolling Stones.