El último disco solista de Luis Alberto Spinetta fue una obra a destiempo. Después de una década, Billboard reúne a su cuarteto, al equipo técnico y allegados para construir una nueva perspectiva de uno de los mejores discos del rock argentino del siglo XXI.

Durante el otoño de 2008, las acacias perdieron las espinas y sus hojas pulvinuladas volvieron a crecer. Esa sería la estación en la que Luis Alberto Spinetta editaría su último disco solista de estudio. Reuniendo unas cuantas vitalidades del arte, esas que un músico a veces no logra evocar, Spinetta llamó con su luz al riesgo, a la conclusión, a la vanguardia y al infinito. Cómo es que le puso Un mañana a lo que sería el cierre de su carrera solista, cómo es que –en su permanente búsqueda– logró condensar el sonido de toda su trayectoria en un solo disco.  

Quedó flotando en el aire una respuesta del maestro que dejó sin habla a Mario Pergolini mientras llevaban adelante una de las pocas entrevistas que dio sobre el disco: “El infinito es más práctico que un punto en el medio. ¿Cómo lo calculás? En cambio allá, en el infinito, sabemos que es bien allá, porque es el infinito. Entonces, si no confiamos en la infinitud de ese amor, ¿cómo podemos hablar?”. Esa respuesta, se insiste, sigue su vuelo al fin.

Un mañana fue concebido, compuesto y grabado en La Diosa Salvaje, el estudio personal de Spinetta. Los ensayos –dos veces por semana– nucleaban entre la lista de su antecesor, Pan (2005), y algunas canciones del repertorio del músico que incorporaban a los vivos. Durante esa época, la actividad de shows fue una de las más fructíferas del cuarteto. Son 12 canciones que tomarían relevancia con el tiempo, un LP fundamental para el rock argentino del siglo XXI –post-Cromañón– que no tuvo lugar en la contemporaneidad. No estábamos a la altura de la obra.  

Un mañana, en especial, es la obra con la que siento una muy estrecha relación”, explica a Billboard Valentino Spinetta. Su hijo menor tuvo una especial participación en este trabajo, como músico, como inspiración y hasta como productor. “En la canción ‘Hombre de luz’, por ejemplo, mi padre conectó muy profundo con la poesía de mi abuelo, transformándola, como cada nueva generación lo hace, para comunicar su lumínico viaje astral hacia otro plano. Me conmueve mucho. Como gran parte de todas sus obras, es una fuente muy fuerte de inspiración en mi arte, en mi vida”, explica Leeva, seudónimo artístico de Valentino.

Este año, apenas comenzado el verano, Leeva lanzó un simple dedicado a su abuelo y a Luis Alberto llamado “Hacia el sol”. Una familia dedicada a la palabra musical. Compartiendo músicos de Un mañana como Sergio Verdinelli y Baltasar Comotto, la canción tiene un verso en el estribillo que dice: “El cielo iluminó la ruta hacia el sol”. Sin embargo, habría que remarcar con flúo la métrica que desliza sobre el final de la canción. “Casi que no puedo hablar de Valentino y su cabeza musical. Como cualquier padre, antes debería ponerme un babero atómico”, diría Spinetta en aquella entrevista radial de 2008.  

Un mañana cuenta con un gesto técnico que pasó desapercibido para el periodismo y su público en general. Luego de varios discos y de hacer base en la grabación analógica, el músico volvió al proceso de masterización. En tanto calidad sonora, Un mañana se desprende como modelo en la era digital.

“En un momento él dejó de creer en el mastering, le parecía que después de terminar la mezcla no hacía falta ningún paso adicional”, explica Andrés Mayo, quien finalmente fue el encargado de realizar ese proceso en la obra. “A partir de un trabajo que yo había hecho con Valentino, la masterización del disco Cuando se abra cada palabra, él se dio cuenta del potencial del mastering y, a pesar de que ya habíamos trabajado juntos en 1993 [Fuego gris], después de muchos años me volvió a llamar y me dijo que quería masterizar el disco. Aunque insistía en que le encantaban las mezclas”, explica Mayo.

“Es un disco que desde el proceso técnico está muy bien logrado. El trabajo de Mariano López es impecable. Por eso se llegó a un resultado poco común. Mantiene todas las propiedades originales de la canción con un volumen y un tamaño general bastante considerables”, desarrolla Mayo, el ingeniero de audio y ganador de dos Grammy Latino más seis premios Gardel, para luego asegurar: “El concepto de audio de Un mañana es uno de los que yo uso más frecuentemente como referencia para conferencias y otros trabajos”.  

Elementos

“Yo quería homenajear mi tapa favorita: Artaud”, dice Alejandro Ros, responsable del arte de Un mañana. El principal guiño de esa idea quedó en la forma irregular del CD; una de las características del arte desarrollado por Juan O. Gatti, creador de muchas tapas de discos del rock argentino durante los 70 y luego colaborador clave en la gráfica y el arte de la carrera cinematográfica de Pedro Almodóvar. “Pero también quería que entrara dócil en la discoteca”, completa Ros.

El artista que también había desarrollado la estética y las tapas de Pan y Para los árboles (por esta se ganó un premio Gardel), entre otros trabajos junto a Spinetta, también aclara que una de sus ideas era poner al Flaco subiendo una escalera. De hecho, la imagen se llegó a realizar junto al fotógrafo Eduardo (Dylan) Martí, pero a Luis Alberto no le convenció. Era difícil, por otra parte, persuadirlo para que protagonizara con su imagen las nuevas creaciones de su obra. Descartada la idea principal, surgió un segundo plan. Un dibujo de Spinetta que se estuviera elevando, o trepando, o yéndose al infinito. Así nació el estrellado, un pequeño icono negro que expresa un gesto atlético, o al menos en movimiento, y que se está yendo de ahí, de la tapa, del disco. Está rajando, hacia un mañana.

El cuarteto que conformó el proyecto del disco ya tenía un rodaje y cierta experiencia en la vida del compositor fundamental del rock argentino. Integrado por Claudio Cardone, Nerina Nicotra, Sergio Verdinelli y el mismo Spinetta, arborecía una síntesis compleja de un sonido trabajado por el artista durante 40 años. No fue, sin embargo, su debut discográfico. Esta era la segunda vuelta, ya que para la grabación de Pan la formación había sido la misma.

“El material de Un mañana, igual que el de Pan, fue ensayado con mucha anterioridad a la grabación, y todas las bases de sus canciones (teclado base, guitarra base, batería, bajo) fueron grabadas en vivo”, explica Claudio Cardone, nexo musical fundamental de la ingeniería de Spinetta durante más de 20 años. “Así que en los ensayos íbamos todos craneando arreglos siempre sobre la base de lo que nos pedía Luis, o bien lo que proponíamos y a él le gustaba”, sigue Cardone, mientras explica algunos de los arreglos más complejos de esas 12 canciones.

“Fui orquestando básicamente con mi computadora esas canciones y algunas otras cosas más como la coda de ‘Para soñar’, donde hice un collage de sonidos superpuestos. En general, todos los arreglos que le mostré a Luis le gustaron, y así quedaron plasmados en el CD”, explica el tecladista y productor.

Sergio Verdinelli es uno de los mejores bateristas del rock argentino. Tocó con Fito Páez, Andrés Calamaro, Illya Kuryaki y Guillermo Klein, entre otros. “Luis tenía muy claro lo que quería hacer, su música llegaba muy clara desde su interior. Había canciones en las que me pedía cuestiones específicas y en otras no tanto”, explica el baterista. “A Pan y Un mañana los entiendo emparentados. Quizás sea porque siento esa comunión que teníamos como grupo. Por otro lado, Luis siempre quería que los discos fueran bien diferentes entre sí. Eso era una búsqueda, y en nuestras charlas así lo manifestaba. Los dos se hicieron de manera diferente, si uno los escucha con atención, va a encontrar sus diferencias”, dice Verdinelli.

Nerina Nicotra fue la única mujer en integrar una banda de Luis Alberto Spinetta. “Cuando hay grupos mixtos, la energía es distinta. Por suerte, ahora hay más concientización. Está buenísimo que la mujer tenga un lugar más preponderante en la música”, reflexiona Verdinelli. Spinetta era claro a la hora de hablar de la bajista: “El hecho de que el bajo lo tocara una mujer (que la rompe) hace que sea terso. No está esa impronta de tano calentón como Javier [Malosetti], que es solista. Nerina le da una tersura especial al cuarteto”.  

“En el cuarteto cada uno tenía sus influencias y gustos musicales diferentes, si bien muchas cosas en común también. Pero al contar con esas influencias variadas, cada uno pudo aportar a esas canciones elementos diversos”, explica Cardone. “Teníamos un rango de audio bastante amplio, porque siempre tocábamos en lugares no tan grandes, teatros sobre todo. Había una dinámica muy sutil y otras cosas muy explosivas, estuvo bueno”, cierra Verdinelli.                       

Vuelves de hablar con el mar

Las canciones. Por tomar algún tipo de atajo, o contraseña, el recital de Las Bandas Eternas, ese al que todos habían ido para escuchar los clásicos del Flaco, comenzó con “Mi elemento” y “Tu vuelo al fin”, dos temas de Un mañana. Como si, más allá de que la lógica era ir de adelante hacia atrás en términos discográficos, el Flaco dijera, como siempre, van a escuchar primero el presente (o el futuro) y luego, solo por hoy, lo que vinieron a buscar. Algo así.

En la dulce “Mi elemento” participa uno de los tres guitarristas invitados del disco. Sartén Asaresi mandó su feat por correo desde Ginebra. Y en la potente “Tu vuelo al fin” aparece el uruguayo Nicolás Ibarburu; en la versión de Las Bandas Eternas uno de los soportes guitarrísticos los banca Guillermo Vadalá, otro de los músicos inevitables a la hora de pensar la carrera solista de Spinetta.

Para el cuelgue de la balada nocturna “Vacío sideral” y la hermosa “Despierta en la brisa” aparece el prácticamente quinto integrante de esa última época del Flaco, Baltasar Comotto. “Son intervenciones en las cuales Luis me iba guiando mientras tocaba esos temas, me sugería ideas que se le iban ocurriendo y yo trataba de interpretarlas de la mejor manera. Estaba Mariano López mezclando y grabando el disco que ya estaba casi terminado, faltaban esas dos canciones, si mal no recuerdo”, explica el también guitarrista de Indio Solari. “Tuve que adaptarme a los solos, recuerdo haber tocado en ‘Despierta en la brisa’ unas guitarras con slide, funcionaron muy bien. También hubo una gran edición de guitarras por parte de Luis y Mariano”, hace memoria Comotto y luego se emociona: “Fue un momento inolvidable y un regalo de Luis a este mundo”.

“Canción de amor para Olga” es una composición de tres partes con dos interludios. Es la primera y única vez que Claudio Cardone tuvo la chance de componer junto a Luis, además de producir y tocar. “Fue un honor y un privilegio”, dice Cardone respecto a esa colaboración, para luego meterse en la mecánica de aquella gran canción: “Luis compuso las dos primeras canciones de esa suite, y me pidió que le compusiera algo instrumental, que las uniera, y a su vez que le hiciera un arreglo orquestal a todo. Pero luego compuso una tercera canción dedicada a Olga, y me pidió que le hiciera otro fragmento instrumental para unir esa segunda canción con la tercera, más una introducción y la coda de la suite”.

En aquella entrevista en Rock & Pop, durante el otoño de 2008, Spinetta explicó: “Olga es una señora que nos curó el empacho desde chiquitos y murió hace dos años. Hay algo del llamado de su alma. Esas almas que se van son poderosas”.   

“No quiere decir” tiene el tacto urbano de los hijos de Spinetta. Aunque no aparezca, Dante estuvo muy metido en la producción de este último disco. Sin embargo, uno de los arreglos de esta canción, la más texturada en tanto proyección sonora, quedó en manos de Valentino: “En ese entonces yo grababa mi álbum en su casa, y por ese tiempo creo que la cercanía con él lo llevó a considerar que podía volver a grabar teclados en otro álbum. Llevé muy entusiasmado una sesión a mi casa con la que comencé a grabar una tarde esos teclados de intro y break sobre la tremenda base del maestro Claudio Cardone”, explica el músico curtido en el hip hop y fugando hacia un pop futurista.

La sociedad del espectáculo

Nos habíamos acostumbrado a vivir con Luis Alberto Spinetta. Quizás sea una de las causas más absurdas del poco rebote mediático que tuvo el disco durante 2008. Apenas unas pocas reseñas y una entrevista larga que no hace foco en el disco. Ganó un Gardel en la terna Disco del Año, pero faltaron tapas especializadas, ensayos periodísticos de análisis y profundización de Un mañana.

El tiempo, también, otorga perspectiva para analizar obras musicales disruptivas. Las nuevas voces periodísticas, además, pueden llegar con ideas atravesadas por otras experiencias. Leer sobre Spinetta a los que nunca se leyeron. Dos casos revitalizantes son “Tu tiempo es hoy” (Eterna Cadencia), de Julián Delgado, y “Tigres en la noche” (Vademécum), de Martín E. Graziano. El primero hace foco en Almendra y el segundo en Invisible, sin dejar de lado, en ambos casos, el entendimiento general del papel de Luis Alberto en la música popular argentina.

Delgado enumera algunas causas por las cuales Un mañana haya pasado desapercibido para la prensa argentina. Además de una explicación, sistematiza: la irrupción del mundo en la música digital (más oferta musical, más dispersión del oyente), la idea de Spinetta como “músico de culto” a raíz del sonido más complejo de sus últimos discos, el post-Cromañón y la irrupción del indie en tanto nueva estética para el rock argentino. “Esta ausencia da cuenta de lo poco contada que todavía está la historia del rock argentino de los últimos 20 años: nos faltan datos y nos faltan interpretaciones”, asegura Delgado.

“Con el show de Las Bandas Eternas, el sponsor de la muerte y el diario del lunes, algunas generaciones que se fueron acercando a la obra de Spinetta pueden verlo como un artista masivo”, explica Graziano. Y asegura que, excepto rarísimas excepciones que tenían menos que ver con la música que con alguna coyuntura (el contrato con Sony de Los Socios del Desierto, por ejemplo), cada disco nuevo de Luis Alberto Spinetta era una moneda para iniciados. “No nos olvidemos de que presentó Pan con un par de conciertos en La Trastienda. No casualmente el propio Luis acuñó, en una canción de Jade, aquella frase con forma de reclamo: ʽNunca me oíste en tiempoʼ”, cierra el autor de uno de los libros más lúcidos que se hayan escrito sobre el músico.

Claudio Kleiman, el periodista que todo lo vio, decidía en 2008 cerrar su crítica con el siguiente verso de “Canción para Olga”: “Hay una esperanza de que cambie el viento, / el que fue ladeando todas las acacias aquí”. Las acacias, entonces, volvieron a crecer.

“Todo lo que compartí junto a mi padre es de un gran aprendizaje, su esencia está plasmada infinitamente en sus creaciones, y el álbum Un mañana compone una gran pieza de una maravillosa culminación”, dice Valentino y se queda en silencio. Acaba de pasar un ángel.